Un grupo de soldados compraban, repartían o consumían la droga en la base militar

“¡Me estoy muriendo! ¿Cuándo se acaba esto?”, es la frase que gritó en febrero de 2016 un soldado estadounidense bajo los efectos del LSD. Se escuchó el audio de la grabación en los tribunales como parte de una investigación de la Fuerza Aérea de EE UU a la que tuvo acceso Associated Press (AP). Los documentos desenmascaran a un grupo del escuadrón que custodia un tercio de los 400 misiles balísticos intercontinentales Minuteman 3 ubicados en la base F.E. Warren, Wyoming. La banda militar imputada operó durante meses comprando, vendiendo y consumiendo el alucinógeno, éxtasis, cocaína y otras drogas.

El caso, del que se han conocido los detalles por primera vez, acabó con seis condenados en tribunales marciales por consumo y/o distribución de LSD y otros 14 soldados sancionados. Ninguno fue acusado de consumir en la base, que se encuentra en estado de alerta las 24 horas del día, los siete días de la semana, en silos subterráneos. Desde la llegada de Donald Trump, estos militares han cobrado mayor protagonismo por la estrategia nuclear de la Administración y las amenazas con Corea del Norte, como la que ha hecho el republicano este jueves en la carta donde cancela su reunión con Kim Jong-un.

Nickolos A. Harris, identificado como el líder de la banda, había creado una serie de reglas para participar. La primera y principal ordenaba “nada de redes sociales”. Uno de los miembros se reveló y subió un vídeo a Snapchat fumando marihuana, lo que despertó el olfato de la Fuerza Aérea. Lo que parecía una investigación de un episodio de poca monta terminó con el desbaratamiento de una operación de drogas de más de una decena de implicados. Harris fue condenado a 12 meses de cárcel y otros castigos, pero no fue dado de baja por deshonra.

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Los documentos obtenidos por AP incluyen las transcripciones de siete tribunales. En ellos están “los viajes” de los soldados. “Los minutos parecían horas, los colores eran más vibrantes y nítidos”, dijo el soldado Kyle S. Morrison. “En general me sentí más vivo”. Cuando fue convocado para ser interrogado por la Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea, Morrison confesó haber distribuido LSD y reconoció que no podría haber respondido si hubiera tenido que volver a su deber ante una emergencia de seguridad nuclear. También confesó que había consumido LSD en la escuela, lo que podría haber sido motivo para que lo descalificaran del servicio de la Fuerza Aérea. Agregó que mentir sobre el uso previo de drogas era “normal” en las postulaciones.

El soldado llegó a un acuerdo con la agencia de investigación y se convirtió en informante, dando detalles de 10 miembros de la banda. Su sentencia fue de cinco meses de reclusión, 15 días de trabajos forzados y una multa de 5.200 dólares.

El piloto Tommy N. Ashworth dijo bajo juramento: “Sentí paranoia, pánico” durante horas después de recibir un golpe de ácido. Confesó haber consumido LSD tres veces estando de guardia. “No sabía si iba a morir esa noche o no”, sostuvo sobre la primera vez que ingirió la droga. Recordando otro episodio, dijo que sentía “casi como si tuviera un ataque al corazón o un golpe de calor”.

Cuando terminó la investigación, uno de los acusados, el soldado Devin R. Hagarty, tomó su mochila y dinero en efectivo, le envió un mensaje de texto a su madre diciendo que la quería, apagó el celular y escapó a México, según narra el portal de noticias. “Entré en pánico”, le dijo a un juez militar después de entregarse y ser acusado de desertor.

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En respuesta a las preguntas de AP, un portavoz de la Fuerza Aérea, el teniente coronel Uriah L. Orland, defendió que el consumo se llevó a cabo fuera de las horas de trabajo. “Existen múltiples controles para garantizar que los soldados que se presentan a trabajar no se encuentren bajo la influencia del alcohol o las drogas y puedan ejecutar la misión de forma segura y efectiva”, afirmó. El Pentágono eliminó en 2006 las pruebas de detección de LSD de los procedimientos estándar por casi nunca aparecer positivos. Pero no nunca.

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Muchos años luchando en la sombra para que el cannabis florezca al sol.