Continuación del artículo sobre la variedad White Widow. Leer 1ª parte.


Cultivo exterior

Y cuando se trata de exterior, una vez más, esta variedad es de las mejores que se puede tener en un jardín. Si además, son pocas las plantas que puedes tener razón de más ya que es muy productiva sin llegar a niveles monstruosos. Es una planta que alcanza cerca de los dos metros y siempre con su característica forma de abeto de navidad. Al tener los entrenudos muy cortos pronto nos encontraremos con que toda la planta se transforma en un sinfín de cogollos prietos como piedras y de considerable tamaño. Ya he dicho que `personalmente me gusta más el cultivo de exterior que el de interior. Pues bien, jamás puede faltar una WW en un cultivo de exterior. Se cosecha hacia el día 10 de octubre (Comunidad de Madrid) aunque si la dejamos unos diez días más obtendremos un hachís de primera. Muy recomendable a tal efecto ya que nos da una resina de insuperable calidad.

Personalmente la he cultivado de la siguiente manera. Hago un agujero en la tierra como de unos 30 litros de tamaño (no muy grande) Eso sí, hay que rellenarlo después con una tierra de calidad. Personalmente lo he hecho con una buena tierra vegetal de vivero pero nunca la he probado con una tierra específica de cannabis. Pero insisto en que la tierra sea buena, como de unos 8-10 euros el saco de 50 litros. Hay algunas marcas que tienen tierras de gran calidad y que además son especiales para rosales y plantas de flor y frutos. Estas son las mejores. ¿Por qué? Pues sencillamente porque incorporan una cantidad extra de potasio y fósforo que le vendrá de perlas cuando se ponga a cogollar.

No obstante yo la he cosechado de dos maneras: abonando muy poco y abonando normalmente. Obviamente se consigue un mejor resultado en este segundo caso. Mi consejo es, además de usar buena tierra, poner siempre encima una buena capa de mantillo, lo que se conoce como «basura» en el argot de los jardineros. Si vigilamos este aspecto y procuramos que siempre tenga basura fresca encima incluso podríamos prescindir del abonado aunque siempre será mejor que abonemos algo y siempre con abonos biológicos al cien por cien.

Personalmente he plantado esta variedad bastante tarde. Incluso tan tarde como primeros de junio. Y la verdad es que aún plantando en estas fechas se pueden conseguir plantas de casi dos metros si se dan los requisitos de buena tierra y un abonado adecuado. Mi consejo en este caso depende de la situación personal de cada uno. Yo soy un verdadero obseso de la discreción. Cuesta mucho llegar a tener un lugar para plantar en exterior y lo malo es que cuando te han descubierto unas plantas y te las han robado ya nunca más puedes volver a usar este sitio ya que casi con toda seguridad los mismos ladrones volverán a por tus niñas todos los años. Por lo tanto soy de los que creo que cuanto menos tiempo tengamos una planta a la vista más posibilidades tenemos de que todo salga bien. Sin embargo, si tu situación es diferente y no existen posibilidades de robo aconsejaría plantar en abril, como a mediados, para así obtener una mayor productividad. No obstante, y como ya he dicho, se obtiene una planta de casi dos metros plantando a primeros de junio y abonando bien. Cuando digo bien no me refiero a mucho, si no a adecuadamente. Si nos hemos procurado una buena tierra y además hemos cubierto el alcorque con basura tan sólo deberíamos abonar de vez en cuando. Quizás unas tres veces en el periodo vegetativo y unas cinco veces durante el periodo de floración que en el caso de nuestra latitud norte va desde mediados de agosto hasta unas tres semanas antes de la cosecha, que es hacia el día 10 de octubre. También ya he dicho que si queremos la planta para posteriormente sacar la resina y hacer un buen hachís deberíamos dejarla unos diez días más: como hasta el 20 de octubre.

Llegados a este punto y como la temporada está ya comenzando vamos a explicar una vez más cuál es la forma «ideal» para saber cuando hay que cosechar. Existe una teoría bastante errónea que afirma que el momento perfecto es cuando los pelillos (pistilos) están ya marrones en un 75%. Esto es una tontería, al menos en exterior. ¿Por qué? Pues sencillamente porque cosechamos en otoño y en otoño es frecuente que llueva alguna vez. Cuando llueve y después sale el sol todos los pelillos se vuelven marrones ya que el agua hace efecto lupa y quema los pistilos. Esta técnica puede ser válida para interior pero nunca para exterior. La forma perfecta es ver los tricomas usando una lupa de 50 aumentos. Al principio los tricomas son de color transparente. Después se vuelven traslúcidos pero dejan de ser trasparentes. Posteriormente dejan este color blanco traslúcido y comienzan a tornarse de color ámbar. Pues bien, si queremos tan sólo la marihuana el momento «ad hoc» es cuando un diez por ciento de estos tricomas ha adoptado este color ámbar. Si lo que queremos es cosechar para después hacer hachís debemos esperar hasta que al menos un cincuenta por ciento de los tricomas se hayan puesto ámbar. Por lo tanto dejémonos de fijarnos en el color de los pelillos que no indican nada de nada en exterior.

Y nada más: a cosechar las WW. Veréis cómo nadie sale decepcionado.

Manipulado posterior

Y ahora quiero hablaros de una forma de manipulado un tanto particular que he visto hacer y que me llama mucho la atención. El hecho de hablar de ella no significa que esté de acuerdo en su eficacia pero como es algo que cada vez más gente realiza no puedo dejarla pasar por alto y os la cuento tal y como yo la he visto hacer; concretamente con una WW. Personalmente pienso que no es una buena idea pero… ¡allá cada uno! Lo que sí es cierto es que se usa principalmente como una mejor forma de transporte ya que la marihuana es demasiado cantosa dado que abulta mucho. También es necesario aclarar que se hace fundamentalmente con los cogollitos más «insignificantes» y pequeños que son los de la parte baja de la planta. ¡Sería un crimen hacerlo con los cogollos más grandes!

Necesitamos una criba de las que se usan en la construcción para dejar pasar tan sólo la gravilla más fina. En resumen, que la malla de la criba no debería tener más de unos 3 milímetros de diámetro. Cogemos los cogollitos y con mucha suavidad los pasamos frotándolos por la criba. Lo que intentamos hacer no es sacar hachís, como muchos estaréis pensando, sino ir desmenuzando la marihuana en trocitos mucho más pequeños y al mismo tiempo conseguir que todos los tallos, grandes y pequeños, se queden en la criba dejando pasar la marihuana a un plato o recipiente que tendremos colocado justo debajo de la criba.

En realidad deberíamos obtener casi un 80% del total de marihuana echada ya que como he dicho no se trata de sacar hachís sino de desmenuzar la marihuana. Por lo tanto si a estos cogollitos le quitamos las partes de tallo, o sea, de madera pura y dura, y dejamos la hierba deberíamos obtener alrededor de la cantidad mencionada. En cualquier caso nunca menos de un 75%. Pensad que lo que dejamos no es hachís sino hierba muy desmenuzada; tan desmenuzada como sea el tamaño de la trama de nuestra criba.

Una vez tenemos esta hierba extremadamente desmenuzada la metemos en un cartucho o cilindro metálico que variará su tamaño en función del tamaño final del producto que deseemos conseguir. En el caso que nos ocupa se ha usado un cartucho de cobre de unos diez centímetros de alto y de un centímetro y medio de ancho en su parte interior. En consecuencia obtendremos un huevo de marihuana prensada de este tamaño.

Introducimos la hierba cribada en este cartucho y nos servimos para ello de algún tipo de embudo. Nos vale el cuello de una botella o un verdadero embudo. En fin, cualquier artilugio que nos podamos imaginar y que sirva para algo tan simple como es introducir la marihuana en el cartucho elegido.

A continuación nos servimos de una prensa para «prensar», valga la redundancia, para comprimir la marihuana y de esta manera conseguir que una gran cantidad quepa en un recipiente pequeño. La prensa usada es una prensa normal y corriente. En el caso que nos ocupa la hemos tenido que adaptar a nuestro proyecto y hemos recurrido a introducir en el cartucho una barra de hierro que usamos precisamente para prensar la hierba. Esta barra de hierro la presionamos usando precisamente la prensa. No os podéis imaginar la enorme presión que hace sobre la hierba. De hecho estas son las prensas usadas en Ketama para prensar la resina-hachís y dejarla en las planchas que seguro que casi todos conocéis. En un «huevo» de las dimensiones que digo caben unos cinco o seis gramos de marihuana, quizás hasta diez si se prensa incluso más. ¿Os dais cuenta del ahorro de espacio? ¿Cuánto abultan diez gramos de maría en cogollos? ¡Un huevo! Como ya he dicho anteriormente se trata de una manera de transporte para aquellos que no quieran arriesgarse a transportar una bolsa repleta de diez gramos de maría que es un verdadero cante.

El producto final es como una famosa bellota. Ya sabéis: un huevo de marihuana. Aparentemente se parece mucho al hachís pero no lo es. Por lo tanto es diferente incluso la manera de ser usada. No tenemos que aplicar calor o fuego ya que esto sería destrozar el producto. Cada vez que queramos consumir un poco sencillamente cortamos la cantidad deseada con una navaja o cuchillo. Después desmenuzamos el trocito que hayamos cortado y lo mezclamos con el tabaco. Nos liamos un porro y… ¡lo demás ya lo sabéis!

Ya lo he dicho, pero quiero volver a insistir que, en mi opinión, esta técnica, cada vez más usada entre usuarios de marihuana, no es la ideal para consumir maría de gran calidad. Al desmenuzar los cogollitos son muchos los tricomas que se pierden en el proceso. Sin embargo, es una gran manera de hacer que el consumo de hierba no sea un gran cante durante su transporte. Personalmente la he fumado en varias ocasiones y os aseguro que el resultado está mejor de lo que pueda parecer. Con una navajita te cortas una pequeña lasca y a fumar. Algunos de los que practican esta forma de manipulado gustan de, una vez sacado el cartucho de hierba, darle un poco de calor para así «emulsionar» un poco el producto final. Hecho así la hierba suelta resina que impregna todo el producto obteniendo un aspecto mejor, más parecido al hachís. El producto es envuelto en una película de plástico y poco a poco va reabsorbiendo su propia fragancia, su buqué particular. La marihuana que os mostramos trabajada de esta manera es una WW y la parte usada a tal fin es la parte baja de la planta, los cogollitos más pequeños. Os puedo asegurar que coloca mucho y bien. Pero claro, ¡es una White Widow!