Casi con toda seguridad, nuestros primeros contactos con el cannabis fueron a partir del consumo de hachís. También con toda seguridad, aquel hachís con el que nos iniciamos en la senda de la ganja era de procedencia marroquí, como la gran parte del material que se encuentra hoy en día en las calles.

Antes de que el cultivo de cannabis narcótico estuviera extendido en nuestro país y su cultura histórica penetrara en muchos hogares, más de uno se preguntaba que era, de donde salía o como estaba hecho aquel «costo» que se hacía humo canuto tras canuto. Era el Kiffi marroquí.

Eran otros tiempos, pues aunque no han pasado muchos años, hoy todo corre muy rápido. Era el tiempo del costo culero, la «gena» y los cien duros. De juntarse entre los colegas para pillar doce gramos e irse de aventura a buscar al marroquí o al romaní de turno, intentando sacar siempre lo máximo al mejor precio. Desde entonces hasta hoy, Marruecos ha exportado a nuestro país y a toda Europa decenas de miles de toneladas de hachís de todas las calidades imaginables.

Pero hace, pongamos mil años, la planta del cannabis no existía en Marruecos como especie ni cultivada ni silvestre. Entonces ¿cómo es que en tan poco tiempo se convirtió en el mayor productor mundial de cannabis narcótico y derivados? ¿Qué «maravillosas» plantas deben tener para mantener un suministro no ya estable, sino creciente a lo largo del tiempo? Vamos a intentar hacer algo de luz sobre el asunto.


Un poco de historia

Para poder comprender la evolución y adaptación del cannabis en Marruecos se hace necesario retroceder en el tiempo. Según algunos autores, el cannabis fue introducido en el Norte de Africa por los cruzados que volvían de la «guerra santa» portando algunas semillas desde sus lugares de origen, principalmente de la India. Otros opinan que fueron los árabes los que lo repartieron por todo Africa durante las invasiones del siglo X penetrando en Marruecos a .través de los Bereberes y Jebalas, antepasados de los actuales habitantes de la región del Riff. En cualquier caso, parece que la línea original introducida debía provenir de Asia Central u Oriental, manteniendo las características sativas en origen pero hibridada de manera más o menos natural a lo largo de su trasiego hasta Africa con variedades indicas procedentes del norte de Asia.

Durante decenios, el cultivo de Kiff en Marruecos se podría considerar como ocasional, siendo consumido por los autóctonos en largas pipas denominadas «Sebsi». La planta era picada en su totalidad obteniendo una especie de polvo que a continuación se fumaba mezclado con «Taba», el tabaco cultivado de la zona. Sólo a partir de los conocimientos proporcionados por algunos europeos y americanos ya en el siglo XIX se comienza a manufacturar hachís mediante el método del cedazo.

Cuando España establece su protectorado en Marruecos, allá por 1917, las tropas de la Legión adoptan el Kiffi llamándolo «grifa» y posteriormente el hachís, introduciéndolo en sus viajes a la península desde tierras norteafricanas. También, debido a la guerra civil y sus consecuencias, se promueve y fomenta la plantación de tabaco y cáñamo con fines de abastecimiento.

Actualmente, las plantaciones se limitan a la región del Riff, en las montañas, a una altura entre los 1.000 y los 2.000 metros, aunque se han ido también desplazando a zonas más bajas, llegando casi a las orillas del mar mediterráneo.


Fenotipo y Cultivo

Debido al extremo secano al que son sometidas, así como la pobreza en nutrientes y aridez de los terrenos donde son cultivadas, el fenotipo ha ido variando a lo largo de los años hasta estabilizarse en una suerte de plantas bastante escuálidas, con una altura de entre 1 y 2 metros. La situación climatológica de la zona lleva siendo estable desde hace siglos, lo que ha contribuido dramáticamente en la adaptación de esta línea, que en su momento se pudo considerar pura.

Si tenemos en cuenta que los machos se mantienen sin separar en las plantaciones, es fácil darse cuenta de el porqué prácticamente toda la marihuana marroquí se encuentra preñada. Esta panmixia libre y generalizada con abundancia de ejemplares hermafroditas, unidas a las pobres condiciones de cultivo dio lugar a una línea relativamente cercana al cáñamo industrial, aunque con unos altísimos promedios de CBD con respecto al THC en la planta fresca. Ese nivel de CBD se incrementa aún más tras el secado tradicional, que se realiza simplemente dejando los hatillos de hierba al sol del verano, pues en origen la cosecha se realiza a mediados de Agosto.

Las plantas suelen acabar formando un fino cogollo principal en la punta que se hincha al final, produciendo, en caso de fecundación, unas semillas anchas y gruesas, de color pardo y casi sin dibujo. Hace años, aún se podían encontrar algunos escasos cultivos tradicionales a más altura, donde si se aplicaban algunas técnicas de cultivo más refinadas, como la eliminación de la mayoría de los machos (no todos) y un rudimentario proceso de selección en el intento de mejorar la planta para ser consumida como kiffi.

En los últimos tiempos se han ido introduciendo otras variedades de más alta productividad por parte de diferentes grupos de personas, unos con la intención de ayudar de alguna forma a la mejora genética en el país y otros por el simple interés comercial al objeto de incrementar la cada vez más escasa producción y calidad del producto final. De esta forma nos encontramos con que solamente se pueden considerar semillas de kiffi marroquí más o menos puro las recogidas entre 1920 y 1960. A partir de ahí podemos encontrar cualquier cosa.

Su cultivo en nuestro país es relativamente sencillo, aunque los resultados suelen ser pobres, proporcionando sólo alguna sorpresa en calidad siempre que sea cultivada respetando las austeras condiciones en las que fueron criados sus padres. Esto quiere decir que sólo aplicando secano estricto y restricción nutricional conseguiremos sacar algo de provecho de estas plantas, y por supuesto, nunca en producción.

En el momento en que empezamos a proporcionar una nutrición teóricamente normal para otras líneas, el kiffi se transforma en una impresionante lechuga que en vegetativo parece que nos proporcionará grandes momentos pero después en floración apenas produce flor, terminando con escasa psicoactividad y horrible sabor. Por lo tanto, han de ser cultivadas en carencia permanente para conseguir que produzcan algo de resina.

Pueden ser utilizadas en crianza por su marcada tendencia a la floración y maduración rápida, aunque deberían ser sometidas a una escrupulosa selección intentando evitar, sobre todo, el hermafroditismo.

En próximos números, veremos las líneas más exóticas, como las rudelaris, las chinas o la ABC australiana. Hasta entonces, un saludo.