ALICANTE. El contrabando de hachís en las costas alicantinas se ha convertido, gracias a la vigilancia exhaustiva de la Agencia Tributaria y la Guardia Civil, en una odisea para las mafias de la droga. Quizá espoleados por la efectividad en la lucha contra el narcotráfico «al por mayor», el Instituto Armado ha puesto sus ojos en los pequeños cultivadores de cannabis, una planta que se puede consumir como tal o tras convertir su resina en el citado hachís.

 

Cada vez son más habituales los decomisos de plantas de marihuana en domicilios particulares de Alicante, incluso algunos que brillan por su escasa relevancia. Entre los más célebres, por absurdos, se cuentan el de una sola planta, que crecía en un balcón frente a la Comandancia de la Guardia Civil, o el de una pequeña plantación en San Vicente del Raspeig, descubierta tras extinguir un incendio en el domicilio donde se cultivaba. En otra ocasión, la Guardia Civil se vio obligada a cuidar y regar durante unos días las plantas, para usarlas como prueba.

Con todo, el autocultivo -es decir, mantener una pequeña plantación para el consumo propio- es una práctica habitual en la capital alicantina y en la Comunidad -donde nació el partido por la liberalización del Cannabis, sexta fuerza más votada en las últimas generales-. El uso personal del cáñamo, como se la conocía en España hasta no hace tanto, es defendido por varias asociaciones de activistas en toda la región. La plataforma alicantina, «Alacannabis» -federada en un movimiento de ámbito estatal- cuenta incluso con su propio programa de radio, «La hora verde».

Lúdica o terapéutica

Esta asociación, que dada su espinosa declaración de principios cuenta con asesoramiento legal para evitar sobresaltos, agrupa no obstante sólo a una pequeña parte de los cultivadores autodidactas, más numerosos de lo que trasciende. En este grupo se encuentra Alberto (nombre supuesto), quien reconoce que «he fumado desde los diecisiete años, y tengo casi sesenta». Dado que su jardín reunía las condiciones óptimas, decidió cultivar su propia plantación. «No he vuelto a comprar nada en la calle», dice. El principal argumento, «estar seguro de la calidad».

Nunca ha tenido problemas con la Guardia Civil, aunque sí con desconocidos que se introdujeron en su domicilio para llevarse las plantas. Sobre el celo de las Fuerzas de Seguridad afirma que «es ridículo, deberían dedicarse a cosas más serias».

En su caso, el prolongado consumo obedece a una razón «fundamentalmente lúdica». Asegura que «sólo fumaba por la noche, cuando no interfería en mi actividad laboral». Pero al margen del componente lúdico -como reconocen sin pudor los propios activistas-, el autocultivo ha encontrado un poderoso aliado en las supuestas propiedades terapéuticas que se atribuyen a la marihuana, que ganan terreno pese a la ausencia de estudios concluyentes que las avalen.

Cáncer, glaucoma, insomnio…

Otro productor a pequeña escala, Javier (también nombre supuesto), afirma que «la mitad de lo que cultivaba acababa en manos de conocidos con cáncer». Al respecto, asegura que «la marihuana alivia la sintomatología de la quimioterapia», muy agresiva. «Eso sí, no les vendí ni una hoja».

Otras propiedades atribuidas al cáñamo se refieren a la contención del glaucoma -pérdida del campo de visión por la presión intraocular- o como remedio al insomnio. Ése fue el motivo que llevó a Ricardo, portavoz de «Alacannabis», a iniciarse en el autocultivo, aunque reconoce que muchos de sus compañeros padecen afecciones más graves.

Si se enciende un «porro» -el consumo por aspiración dista mucho del prescrito por razones médicas- entran en acción los principios activos como el THC. Al efecto depresor del sistema nervioso -además de consumir el azúcar del organismo y originar sensación de hambre- se suman la euforia, la sociabilidad, la afección de los sentidos y la confusión. El alcance de las secuelas es también motivo de discusión.

Pero con tierra de calidad, fertilizantes naturales y un riego adecuado, «crecen solitas», dice Alberto. Pese a su sensibilidad a las oscilaciones de la temperatura, su cultivo está al alcance de cualquier pulmón.

(Fuente: David Martínez. www.abc.es)