Ha llegado la hora de que las féminas tomen poder en la industria cannábica. Pensar en ello de manera distendida, compartir ideas y por supuesto hablar de todo tipo de productos basados en la marihuana es lo que está empezando a hacer un grupo de mujeres de San Francisco. Su objetivo no es otro que aumentar su presencia en este mercado y hacer que se las tenga en cuenta, primero como usuarias y luego como empresarias.

Un grupo de chicas jóvenes y no tan jóvenes se reúne en el piso de una de ellas. Expectantes, esperan la llegada de alguien que les asesorará y les descubrirá un mundo nuevo de placeres cannábicos. Se trata de descubrir novedades del mercado, de saber utilizarlas, compartirlas, de jugar, de reírse y de pasar un buen rato. Hay quien lo hace en despedidas de soltera, quien lo hace en cumpleaños o hasta en fin de año. Lo importante es dejarse llevar y disfrutar del momento.

Si hay mujeres que se reúnen para conocer de primera mano, y con la ayuda de una asesora personal, lo último de lo último a la venta en el universo del sexo, ¿por qué no compartir experiencias, esta vez cannábicas (pero también entre mujeres) al más puro estilo ‘tuppersex‘?

Eso es lo que debió pensar Amanda Conley, una mujer de negocios dentro de la industria cannábica, antes de empezar a impulsar fiestas dedicadas al cannabis y a las féminas. Encuentros que ha liderado, como anfitriona, desde un apartamento en Russian Hill, San Francisco, con la ayuda de Shabnamm Malek, Chelsey McKrill e Isamarie Pérez, todas interesadas en el mundo de la marihuana, que coincidieron durante una reunión de la red de mujeres del negocio del cannabis Women Grow.

Synchronicity Sisters’ marijuana collective from San Francisco Chronicle on Vimeo.

En ellos, una veintena de mujeres muestran sus propios productos, frotan sus manos concrema hecha a base de marihuana, discuten sobre las propiedades de una infusión cannábica (¡y sin gluten!), y todo ello mientras la madre de Conley habla con varias veinteañeras sobre una red social para conectar a usuarios de cannabis. Más allá de esto, bien podrían conversar sobre exquisitos guisos condimentados con semillas de cáñamo, o sobre los efectos que un lubricante cannábico (que comenzó a comercializarse hace unos meses en Colorado) puede tener sobre las relaciones sexuales de una mujer.

Son abogadas, chefs, enfermeras, empresarias y hasta ejecutivas de empresas tecnológicas amantes del mundillo cannábico que, mientras comparten la experiencia, inhalan las mejores variedades de marihuana con la ayuda de un vaporizador. Después, estallan en carcajadas cuando alguna de ellas habla con total convicción sobre las maravillosas y afrodisiacas propiedades de nuevas cepas que aconsejan fumar junto con su pareja.

Pero, más allá de productos y novedades del mercado, la conversación también se hace política. Y no es para menos: el próximo año, los californianos votarán sobre si quieren (o no) la legalización del cannabis, y ha llegado la hora de que las mujeres también puedan debatir, consensuar y opinar en este sector. Durante el encuentro de Conley expresan su descontento por tener que permanecer en silencio en este ámbito, por lo que ahora quieren ayudarse a sí mismas y a otras mujeres a empoderarse dentro de la industria cannábica.

Lo tienen claro: siempre han sido relegadas a un segundo plano en una industria dominada por hombres y es hora de poner fin a esa marginación. No piensan perderse nada de un mercado que generará en los próximos años más de 2,400 millones de euros.

Karyn Wagner forma parte del colectivo californiano que ha creado Sexxpot, una variante pensada para alimentar el apetito sexual de las mujeres. Durante uno de los encuentros femeninos narró cómo muchos hombres se rien de ella cuando les propone comprar estas semillas bajo el lema «esta es la hierba que ella realmente quiere». ¿Por qué no empezar a tener en cuenta lo que desean las mujeres?

«Lo que ocurre es que la mayor parte de quienes van a comprar a los dispensarios son hombres», decía Wagner, asegurando que está acostumbrada a escuchar que no hay mercado suficiente para ese producto. «¿Cómo lo saben ellos?», se pregunta. Prem Vasudev trabaja en la Universidad d Oaksterdam, un lugar donde se forman jóvenes en carreras relacionadas con el mundo del cannabis, y asegura que antes las clases estaban dominadas por hombres pero ahora los alumnos «son 50% y 50%».

Ella no es la única que ha escuchado este tipo de críticas en boca de algunos compradores hombres. Ramona Rubin, propietaria de Doc Green´s Healing Collective – que, desde Berkeley, comercializa productos (especialmente cremas) fabricadas a base de sustratos de cannabis – dice que son muchas las mujeres que contactan con ella porque necesitan algo que les ayude en sus exigencias y que realmente tenga efectos positivos, «pero esa necesidad pocas veces es escuchada por otros».

Malek asegura que, desde que tuvieron la idea de organizar este tipo de actividad, sabían que se enfrentaban a grandes desafíos: «Hay mucho que superar debido a los roles que jugamos tanto en la sociedad como en nuestra casa». Por ejemplo, una de estas mujeres visitó un dispensario para comprar una cepa específica que aliviara los síntomas de la menopausia. La cara del vendedor era un poema. Fue otra trabajadora de la tienda la que acabó atendiendo a la usuaria.

Fueron precisamente historias como estas las que inspiraron a Conley a la hora de crear un grupo para que las mujeres pudieran conectarse a nivel personal, pero también por cuestiones profesionales o de salud, siempre con el cannabis como eje central.

Troy Dayton, un importante hombre de negocios del sector del cannabis, ha escuchado su demanda. Durante un evento celebrado a principios de año (y al que asistieron inversores interesados en participar en este mercado), alentó a los presentes a construir un nuevo tipo de industria que comenzara con la garantía de que las mujeres se vieran implicadas al 100% en ella, «que se sientan bienvenidas y tratadas como cualquier otro empresario».

De momento las asistentes a estos encuentros han dado en autodenominarse ‘synchronicity sisters’ (algo así como hermanas conectadas), y sus exigencias parecen claras y deberán ser tenidas en cuenta de ahora en adelante: el mundo cannábico no es solo para hombres y, por tanto, debe adaptarse a las necesidades en femenino. Palabras como vagina, pechos, regla o menopausia deben empezar a ir de la mano de las cepas, los dispensarios y las grandes inversiones que traerá una industria cannábica en auge.

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Con información de sfgate.comBustle.comMunchies.vice.com y Jezebel.com

Fuente Lamota.org