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Raphael Mechoulam, descubridor del THC del cannabis: “Se tardaron seis meses en producir un fármaco de la insulina”

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Raphael Mechoulam, profesor e investigador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, lleva más de 50 años dedicado al estudio de los compuestos derivados del cannabis y sus efectos en el organismo. El reconocido como ‘padre de la marihuana’ aisló por primera vez el THC, principal ingrediente psicoactivo de la planta, en los años 60. Consiguió además sintetizar tanto este químico como el cannabidiol (CBD) y comprobar su efectividad en el tratamiento de diferentes enfermedades. Mechoulam ha pasado por España, en el marco de la presentación del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, para hablar sobre los avances científicos pasados, presentes y futuros que demuestran el potencial del cannabis en el ámbito terapéutico.

Era 1966 cuando Raphael Mechoulam se mudó desde Rehovot, en el centro de Israel, a Jerusalén, donde desde entonces trabaja como docente e investigador en la Universidad Hebrea de la ciudad. En esa década, junto con su colega Yechiel Gaoni, este químico comenzó a investigar la composición y principios activos de la planta ‘Cannabis Sativa’. “Aunque la morfina se aisló a partir del opio a comienzos del siglo XIX y la cocaína de las hojas de coca a mediados del mismo, la química del cannabis no se conocía demasiado bien”, ha explicado el científico recientemente, durante la presentación del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, celebrada en el CaixaForum (Madrid).

“La reina Victoria en Reino Unido importaba cannabis desde la India para tratar sus migrañas”, ha contado Mechoulam. A pesar de que la marihuana lleva utilizándose cientos de años tanto con fines terapéuticos como recreacionales, nadie había invertido tiempo ni recursos en estudiar sus propiedades químicas. Las investigaciones de Mechoulam y Gaoni pronto dieron sus frutos: identificaron una decena de compuestos, pero observaron que solo dos de ellos cambiaban el comportamiento de los primates que usaban en sus ensayos.

Así, Mechoulam y su equipo descubrieron, aislaron y sintetizaron por primera vez el tetrahidrocannabinol (THC) y el cannabidiol (CBD), dos de las principales moléculas responsables de las propiedades del cannabis. Mientras que el primero es el causante de los efectos psicoactivos de la planta, “el CBD afecta a la actividad del THC, pero tiene otros efectos”, ha aclarado el profesor.

El experto ha explicado cómo desde entonces se han realizado diferentes estudios científicos que han evaluado la eficacia de estos principios para tratar distintas dolencias. Sin embargo, advierte que, pese a haber verificado su efectividad en muchos casos, su uso nunca se ha extendido al ámbito clínico, donde podría ayudar a muchos enfermos.

Hace unos 30 años, después de conseguir sintetizar CBD purificado, Mechoulam participó en un estudio llevado a cabo en São Paulo (Brasil) para probar el efecto del compuesto en personas con epilepsia. Primero probaron con ratones para, una vez demostrada su validez en ellos, pasar a los ensayos clínicos con niños. Aunque solo trabajaron con una quincena de pacientes, los resultados fueron esclarecedores: de los ocho a los que se les administró la sustancia, cuatro dejaron de sufrir episodios de epilepsia, tres experimentaron ataques leves y solo uno continuó igual.

“Pensamos que como ya habíamos demostrado su efectividad podría ser utilizado, pero no pasó nada, no se aplicó en el tratamiento de este desequilibrio en menores”, ha lamentado Mechoulam. “No se produjo ningún cambio en 30 años y podía haberse tratado a miles de niños”, añadía.

Solo recientemente, algunos grupos de investigación estadounidenses se han molestado en aprovechar sus hallazgos. “Lo han hecho en un estado donde el uso de cannabis terapéutico es legal, han administrado altas dosis de CBD concentrado a niños y han tenido éxito”, ha descrito este químico de origen búlgaro. Según explica, el 60 % de los jóvenes que recibieron la sustancia dejaron de sufrir ataques o experimentaron episodios mucho más leves.

Mechoulam también destaca la aplicación de este compuesto para combatir los efectos de los trasplantes de médula ósea en pacientes con cáncer. Una vez terminada la operación, “el cuerpo de la persona rechaza el tejido, atacando a las células”, ha relatado. En estas circunstancias, el CBD actuaría como un regulador que frena esa respuesta autoinmune perjudicial para el enfermo. En 2015, el científico y su equipo en Israel lo probaron en un ensayo clínico en personas: tras administrar 300 miligramos al día de CBD puro a los pacientes durante un largo periodo de tiempo, observaron que solo el 12 % de los que habían tomado el químico presentaban estas complicaciones, mientras que en el grupo que recibió placebo la prevalencia del estado grave era del 50 %.

De nuevo, el experto lamenta que “nadie haya utilizado esta estrategia en el ámbito clínico”. No obstante, asegura que algunos investigadores están realizando trabajos relacionados y espera que se publique un artículo en los próximos meses con valiosos datos.

En el campo de los trastornos neurológicos, se ha comprobado que el CBD puede ayudar a los pacientes con esquizofrenia. Un equipo de científicos alemanes demostró que el compuesto del cannabis no solo alivia los síntomas psicóticos de la enfermedad, sino que causa un efecto similar al de la amisulprida, un potente medicamento antipsicótico, sin producir los efectos secundarios propios de este fármaco.

Por último, el químico israelí ha mencionado el uso del CBD para tratar a pacientes con diabetes tipo 1. De momento, solo se ha comprobado su efectividad en ratones, pero, según Mechoulam, esto no es un impedimento: “La enfermedad actúa de la misma forma en animales y en humanos, pero no se han conseguido realizar ensayos clínicos”, ha dicho.

Pese a que se han desvelado muchos de sus efectos, aún no se conoce muy bien el mecanismo de acción de la molécula. “Parece ser que actúa en el ADN, cambiando algunas reacciones en el cuerpo a través del material genético”, ha explicado el investigador. También podría ocurrir que existiese otro compuesto, producido por el cuerpo humano, con la misma función que el CBD. Hallarlo podría abrir la puerta a nuevas vías terapéuticas.

Las bondades del THC

Aunque no es tan inofensivo como este químico, el THC también tiene algunas aplicaciones nada desdeñables en el ámbito terapéutico. Junto con otros investigadores, Mechoulam ha comprobado que la administración de este compuesto en concentraciones bajas consigue eliminar totalmente los efectos de la quimioterapia sufridos por pacientes con cáncer durante el tratamiento. Asimismo, ayuda a conciliar el sueño a personas que sufren el síndrome de estrés postraumático. No obstante, ninguno de estos hallazgos se ha usado en centros médicos.

Tampoco se han realizado ensayos clínicos en humanos para probar los efectos de administrar 2-AG (2-araquinodilglicerol) obtenido en el laboratorio. Este compuesto endocannabinoide endógeno (fabricado por el cuerpo) fue aislado por primera vez por el investigador Shimon Ben-Shabat, un doctorando de Mechoulam. “La insulina”, también producida por el organismo, “se descubrió en los años 20, y una vez se supo que era buena para tratar ciertas deficiencias, se tardaron unos seis meses en lanzar el fármaco”, comparaba el investigador israelí.

“Ni gobiernos ni empresas quieren apoyar este tipo de trabajos”, ha criticado Mechoulam. Como consecuencia, “tenemos un grupo de compuestos prometedores que nunca han sido probados”, proseguía en su charla.

A pesar de las escasas aplicaciones clínicas de los compuestos descubiertos, la investigación en este campo continúa avanzando. El interés que despierta en la comunidad científica se debe en gran medida a la importancia del sistema endocannabinoide del cuerpo: un entramado de compuestos y receptores químicos distribuidos por todo el organismo donde actúan también las moléculas de la marihuana. A través del intercambio de una gran variedad de químicos, este sistema está implicado en funciones que van desde la digestión al movimiento. “Existen evidencias científicas que demuestran que su actividad podría estar implicada en todas las enfermedades que afectan al cuerpo humano”, indica Mechoulam.

Esta potente maquinaria del organismo regula asimismo la acción de otros neurotransmisores, es decir, los mensajeros químicos que intercambian las neuronas en sus uniones o sinapsis para propagar las señales a través del sistema nervioso. “Regulan el paso de los compuestos de una parte a la otra de la sinapsis”, detalla Mechoulam.

Mientras que los trabajos de hace unos años se centraban en esta área y en los receptores de los endocannabinoides, las investigaciones presentes ahondan en otro ámbito, el de los llamados compuestos endocannabinoides ligeros. Se trata de un conjunto de moléculas poco conocidas con una estructura y un modo de acción muy similares a los del neurotransmisor anandamida. La principal diferencia radica en que, pese a participar en muchas funciones fisiológicas, no necesitan unirse a ningún receptor.

Según Mechoulam, pese a la complejidad de todos estos mecanismos biológicos y el ingente número de compuestos implicados en su regulación, “durante los próximos años tendremos grandes avances”. ¿Se romperá la barrera entre los laboratorios científicos y las instituciones médicas para traducir los hallazgos en aplicaciones reales en beneficio de todos?

Fuente Dinafem.org