El informe La clasificación de sustancias psicoactivas: cuando se dejó atrás la ciencia cuestiona las políticas internacionales de prohibición de drogas

La Comisión Global de Política de Drogas, a la que pertenecen expresidentes como el mexicano Ernesto Zedillo y el colombiano Juan Manuel Santos, denunció en su más reciente informe la falta de bases científicas con las que los organismos internacionales han decidido qué sustancias son legales y cuáles no.

El informe La clasificación de sustancias psicoactivas: cuando se dejó atrás la ciencia, presentado este martes en Portugal, cuestiona las políticas internacionales de control y prohibición de drogas, que han generado inseguridad sin resolver el problema, mientras otras drogas son legales, a partir de criterios económicos y culturales de los países que han sido potencias coloniales. 

Por ejemplo, el tabaco y el alcohol han sido permitidos históricamente porque formaban parte de las costumbres sociales de Occidente, mientras que los opiáceos y la hoja de coca son perseguidos desde su cultivo sin importar el uso cultural en sociedades indígenas.

“Los prejuicios culturales coloniales y las concepciones farmacéuticas occidentales han configurado el régimen de fiscalización internacional de drogas. Estos siguen firmemente anclados en percepciones erróneas sobre las drogas ‘ilegales’ y sus peligros comparativos”, advierte el estudio.

La Comisión Global de Política de Drogas se ha distinguido por impulsar una despenalización y un cambio en la regulación de estas sustancias en todo el mundo. La integran 14 exjefes de Estado y cuatro premios Nobel, entre los que están el expresidente colombiano César Gaviria, el chileno Ricardo Lagos, la suiza Ruth Dreifuss, y el Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa.

Después de una investigación de cinco años sobre la mariguana o cannabis, el Comité de Expertos en Farmacodependencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció en enero pasado que no tiene los efectos nocivos de otras sustancias, como la heroína o el fentanilo, y sí tiene propiedades medicinales, así que recomendó sacarla de la lista de drogas peligrosas. 

Una lista en la que se le incluyó desde 1961, hace casi 60 años, sin que desde entonces se hicieran estudios que pudieran modificarla.

Además de la mariguana, hay casos como la heroína y la cocaína que nunca han sido evaluadas o lo fueron hace ocho décadas, pero aun así siguen estando prohibidas.

Clasificaciones sin análisis científico

Actualmente, las sustancias consideradas estupefacientes están clasificadas en cuatro listas que se reconocen internacionalmente por la Organización de Naciones Unidas (ONU), de acuerdo con la llamada Convención Única sobre Estupefacientes, de 1961.

La lista 1 enumera sustancias consideradas muy adictivas o de probable uso indebido, y precursores que se pueden convertir en drogas con estas características. En la lista 2 entran otras que generan menos adicción o usos indebidos, y en la 3 son preparados con baja cantidad de estupefacientes o riesgos, por lo que la mayoría no son fiscalizadas.

Hay una cuarta lista, que tiene sustancias ya enumeradas en la lista 1, pero que son consideradas “particularmente nocivas por sus propiedades adictivas” y con escaso o nulo valor terapéutico.

En esa lista estaba la mariguana y todos los derivados del cannabis, hasta que este año se le sacó de ahí, pero se le mantiene en la lista 1 por su alto consumo y alcance a nivel mundial, a pesar de que el Comité de Expertos de la OMS concluyó que no está asociado al mismo nivel de riesgo que la mayoría de drogas que entran en esa lista.

Durante la presentación del informe, la exprimera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, hizo énfasis en que todo este tiempo se consideró a la mariguana como una de las drogas más peligrosas, supuestamente basados en una evaluación de los años 30, pero que actualmente la reclasificación incluso llega tarde si se considera que desde hace dos décadas cada vez más países la tienen ya despenalizada.

La hoja de coca también está en esa lista sin que se hicieran exámenes científicos, pero por principios de “similitud” y de “convertibilidad”, es decir, que si una sustancia tiene propiedades similares a otra que ya está fiscalizada, o puede servir como precursor de otra droga ya clasificada, se les impone el mismo control.

El informe hace un análisis histórico y explica que antes de estas listas, el control mundial de drogas solo restringía el comercio internacional pero respetaba las diferencias de cada país. Tras la Segunda Guerra Mundial fue que se ideó este sistema de control global. Antes de eso, las potencias coloniales europeas incluso controlaban los monopolios de comercio de opio y cannabis en sus territorios de ultramar en Asia y el norte de África, y manejaban muchos preparados farmacéuticos a base de estas sustancias y de cocaína.

Pero con la independencia de estos países, tuvo mayor éxito la presión de Estados Unidos para imponer un régimen mundial de prohibición de drogas, que buscó limitar hasta el cultivo de plantas con las que se producen.

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