por: Luis Hidalgo


Una de las cuestiones que está en el candelero entre los cannabicultores es el porcentaje de germinación de las semillas. Debido al alto precio al que se ponen a la venta algunas variedades, no parece de recibo el hecho de que en muchos casos las semillas no germinen correctamente.

Pero se da la situación de que en múltiples ocasiones las semillas están sanas y es en el proceso de germinación donde mueren por unas causas u otras, en la mayoría de los casos porque se ha descuidado algún detalle básico. A lo largo de estas páginas vamos a tratar de explicar las premisas clave para una correcta germinación que asegure el crecimiento de plantas sanas y robustas.

Nos llama la atención el hecho de que las semillas que provienen de cultivos salvajes o silvestres, cañamones para los pájaros, e incluso las que a veces (normalmente por accidente) nosotros mismos producimos, usualmente germinan de forma correcta, sin cuidados especiales, mientras que otras, perfectamente envasadas y conservadas, presentan problemas a lo largo de esta fase, mostrando especial sensibilidad a contaminarse con bacteria y hongos.

Por otro lado, al no existir regulación al respecto, la mayoría de las semillas vienen sin fecha de caducidad en los envases, con lo que nos encontramos a veces con simientes realmente viejas.

Cuando esto sucede, si tardan mas de una semana en germinar, la contaminación suele atacar el agua o sustrato que las contienen debido al estancamiento, con lo que aunque la semilla llegue a germinar mostrando la radícula (pequeña primera raíz única que sale del cañamón), normalmente se pudre y muere al sufrir alguna infección.

Por todo ello, se hace imprescindible germinar en algún medio estéril y nunca directamente en el sustrato. Esto garantizará la baja presencia de hongos y bacterias, al tiempo que nos aseguramos de plantar semillas «realmente» germinadas, esto es, que cuando las plantamos en tierra o las llevamos al hidro, ya asoma la radícula.

Es importante que el medio de germinación se mantenga oxigenado y que aporte humedad de forma homogénea a toda la semilla. En comercios especializados podemos encontrar materiales como la vermiculita, la lana de roca o la fibra de coco que cumplen con estas condiciones.

También es recomendable la adición de algún estimulador hormonal como el A.N.A. o el A.I.B. así como de vitamina B1 (Tiamina), que promoverán el desarrollo radicular.

Por otro lado, también es beneficioso si contienen algún funguicida que hará de preventivo. Si no fuera así, podemos añadir lejía sin aditivos al 6% a razón de 1 mililitro / 250 mililitros de agua. Esta solución la podremos usar para empapar el medio de germinación o incluso como agua de riego si hemos plantado en tierra.

La forma mas sencilla y segura de germinar es entre servilletas o papel higiénico que no contenga colonias o perfumes. Al principio, podemos sumergir las semillas en agua o mejor, en la solución descrita anteriormente, durante 4 – 6 horas. A continuación cogemos una servilleta o bien unas tiras de papel higiénico y colocamos las semillas sobre ella, dejando espacio entre ellas de manera que queden separadas unas de otras.

Después humedecemos generosamente el papel ayudándonos de un tapón de botella o similar y soltando gotas sobre las simientes. A continuación tapamos con otra servilleta y repetimos la operación, presionando ligeramente con la palma de la mano sobre la servilleta de forma que las semillas queden claramente «marcadas» entre las dos hojas. Es importante resaltar que el papel ha de ser humedecido de forma homogénea pero moderada, sin llegar a encharcar o inundar el medio.

Cogemos esta «torta» y la introducimos en una bolsa de plástico de las de la compra, la hinchamos de aire soplando, la atamos y la guardamos en un lugar oscuro y seco entre 20 y 25 grados Celsius. El hecho de hincharla de aire provoca un alto nivel de humedad dentro de la bosta y facilita el intercambio de gases en la eclosión.

A partir de este momento, la impaciencia nos atacará irremisiblemente, haciendo que deseemos ir a cada momento a mirar si ya ha germinado. Esto es un error. Hemos visto germinar semillas hasta en 6 horas, pero no es frecuente. Lo habitual es esperar un mínimo de 24 horas antes de mirar las bolsas por primera vez. Incluso llegar a las 48 horas no está de más, sobre todo con semillas gruesas o provenientes de África.

Pasado este tiempo, procedemos a abrir las bolsas sacando el papel con las semillas. En algunos casos, mirando al trasluz podremos ver si han aparecido las radículas. Si de esta forma no lo apreciamos, abriremos la hoja superior dejando al descubierto las semillas con lo que podremos observar su estado con detalle. La tarea de separar las hojas de papel a veces puede ser dificultosa debido a que están mojadas. Conviene localizar un borde e ir tirando de esa esquina, aunque con la práctica cada cual encontrará su «truquillo». Si vemos que ya aparece la pequeña y blanca raíz unos milímetros es el momento de extraerla para plantar, sin esperar a que se desarrolle excesivamente, ya que además de su alta sensibilidad a la contaminación ambiental, tenderá a penetrar y enrrollarse por el papel, dificultando tanto su extracción como su posterior siembra.

Mediante este sistema de germinación nos aseguramos totalmente de que las semillas que plantamos son sanas, a h o r r a n d o tiempo e incertidumbres.

Uno de los errores mas frecuentes que cometen los cannabicultores noveles se refiere al hecho de que al germinar directamente en tierra, o bien entierran la semilla muy profunda, o bien el sustrato es muy ligero y esponjoso, de manera que al regar por primera vez, la semilla se suele ir al fondo del recipiente, con lo que en muchos casos, aunque germina, no llega a ver la superficie ya que el pequeño tallo se acaba pudriendo o secando antes de llegar. Una vez ha nacido la raíz, sembraremos la semilla con ésta hacia abajo a mas o menos 1 cm. de profundidad. Si por el motivo que fuera la raíz quedara hacia arriba, se provoca un pequeño retraso al tener que girar para introducirse en la tierra y «hacer palanca» para levantar el cañamón o los cotiledones hacia la luz.

A veces hay que ayudar a «descascarillar» la plántula, ayudando con extrema delicadeza a desprender el cañamón roto que no acaba de soltarse por sí solo. Más delicada aún es la operación de separar la pequeña cutícula o membrana que cubre los cotiledones por debajo de la cubierta de la cáscara, recomendada sólo para expertos.

Si trabajamos con tierra, deberíamos usar un contenedor pequeño que permita mantener la plántula unos 10 – 15 días mientras se va fortaleciendo, para después trasplantar al recipiente definitivo para vegetativo, o bien a tierra madre.

En caso de cultivar en medios estériles como fibra de coco o lana de roca, conviene comenzar el ciclo de nutrición a partir de la aparición del primer par real de hojas, teniendo en cuenta que los cotiledones son la reserva energética de la plántula hasta que ésta es capaz de alimentarse correctamente y durante algún tiempo mas, por lo que cualquier abonado habrá de ser ligero y con predominancia de potasio.

Si seguimos correctamente todas las indicaciones anteriores no deberíamos bajar nunca del 95% de porcentaje de germinación, considerando germinada una semilla desde el momento en que asoma su radícula, independientemente de se supervivencia posterior.

Debemos entonces escoger las semillas más lustrosas y de mejor presencia, presionándolas ligeramente entre el índice y el pulgar para ver si son resistentes, ya que si se rompen fácilmente, con seguridad estaban huecas o eran inviables. Desecharemos también las que a simple vista están deformes o sin dibujo, de tono pálido o verduzco.

Con estas explicaciones, quedo en la esperanza de que esa ilusión que todo cultivador pone cuando germina su primera semilla llegue a buen fin, y que aquellos que invierten su esfuerzo y su dinero en variedades de alto nivel vean también recompensadas sus expectativas, que al fin y al cabo, es lo BÁSICO.