Por Massimiliano Salami (drgrow)

Introducción

Las distintas variedades de cannabis de las subespecies indica o sativa son conocidas como plantas de días cortos, o sea, que florecen en cuanto las horas de luz descienden lo suficiente. Esto sucede en exterior a medida que avanza el verano, y en interior cuando se reduce el fotoperiodo de 18/6 a 12/12. Cuando esto ocurre, la planta incrementa de forma considerable la secreción de una hormona que provoca la floración, el proceso generativo que genera la morfogénesis de los tricomas glandulares que distinguen al cannabis de otras plantas.

Debido a la naturaleza de las variedades autoflorecientes (híbridos con Cannabis sativa, subespecie ruderalis), la cantidad de esta hormona aumenta dentro de la planta a medida que va creciendo. Cuando la planta alcanza suficiente concentración de esta hormona, se dispara el proceso generativo o de floración. Esto se produce a los 15-25 días de vida.

La subespecie Cannabis sativa ruderalis, originaria de Rusia, puede que no solo haya desarrollado un curioso sistema para protegerse de unas condiciones ambientales nefastas, en unas regiones tan extremadamente frías, sino también tejidos más fibrosos y otros mecanismos de resistencia tanto al frío como a la lluvia y posiblemente a enfermedades fúngicas.

No hay que olvidar que esas variedades son la base de las autoflorecientes que podemos encontrar hoy en día.

Desde un punto de vista de la patología vegetal y del control de enfermedades, estos aspectos pueden ser muy valiosos y merece la pena investigar más a fondo. Invitamos con esto a que los bancos de semillas busquen posibles genes relacionados con la resistencia de las autoflorecientes que no contengan las variedades tradicionales, ya sean feminizadas o regulares.

A lo largo de estos últimos años hemos ido incorporando a nuestra colección genética distintas variedades autoflorecientes existentes en el mercado, y otras no comerciales, cedidas por diferentes breeders de todo el mundo, para un pequeño proyecto que pretendía simplemente realizar ensayos agronómicos comparativos entre las variedades autoflorecientes y las que no lo son. Dentro de los distintos aspectos analizados en los diferentes ensayos se observó que las plantas automáticas sufrían menos problemas con enfermedades aéreas, como por ejemplo el moho gris, que las variedades no automáticas. Partiendo de esta premisa se decidió investigar un poco más haciendo más pruebas de campo y observación.

El objetivo de este proyecto secundario fue ver si en las mismas condiciones de cultivo de exterior las autoflorecientes podrían ofrecer una mayor resistencia a ciertas plagas y enfermedades típicas de cannabis.

Las enfermedades del cannabis

 Como hemos visto en los cincuenta últimos números de Cannabis Magazine, los problemas más comunes que afectan al cultivo del cannabis se clasifican en enfermedades y plagas.

Podemos definir brevemente las plagas como la aparición masiva y repentina de insectos y ácaros que atacan a nuestras queridas plantas y parasitan en ellas. Las más comunes son las de la araña roja, mosca blanca, trips, cochinilla, etc. Las enfermedades, en cambio, las provocan microorganismos parásitos de las plantas, como por ejemplo ciertos hongos, bacterias, virus, etcétera.

El mes pasado vimos que el cannabis no es inmune a la Botrytis cinerea, y que para controlarla tenemos que realizar varias tareas. Una de las prácticas cada día más frecuente en la agricultura comercial es el empleo de variedades resistentes a la enfermedad. Esto no pasa en la cannabicultura, donde se persiguen variedades con ciertos caracteres organolépticos o bioquímicos especiales.

Para el control de la botritis, además de las labores básicas de rotación, biofumigación, inoculación de microorganismos beneficiosos, la incorporación de plantas autoflorecientes puede ser una práctica adicional para disminuir las pérdidas cuando se presente el patógeno.

Para el ensayo se establecieron varios ciclos de cultivo a lo largo de casi dos años (cinco ciclos). Canarias, debido a su clima, permite llevar a cabo ciclos de esquejes de menos de tres meses de duración.

Ciclo de verano.

Ciclos de cultivo

Primer ciclo: cosecha de verano. Germinación de semillas autoflorecientes y trasplante definitivo de esquejes en junio para cosechar en agosto (2011). El cultivo de verano es famoso por sus problemas relacionados con las plagas y enfermedades del tipo “chancro”.

Segundo ciclo: septiembre-noviembre (2011). El cultivo de otoño suele tener muchos menos problemas con las plagas, en especial al final de la floración, pero si cae lluvia puede favorecer la aparición de mohos.

Tercer ciclo: diciembre (2011)-febrero (2012). El cultivo de invierno tiene una sola preocupación: febrero, que en Canarias es fecha de lluvias, las cuales intensifican los problemas al provocar enfermedades criptogámicas, sobre todo moho gris.

Cuarto ciclo: marzo-mayo (2012). El cultivo de primavera suele ser el que menos dificultades presenta.

Quinto ciclo: junio-agosto (2012). Repetimos el cultivo de verano y sus problemas.

Durante los ensayos, todas las plantas fueron tratadas con los mismos planes de nutrición integrada (ver “Plan de nutrición y control biológico”). Se usaron asimismo macetas cuadradas blancas de 7 litros, y un sustrato profesional, especial para cultivo en este tipo de recipientes, muy pobre en abonado de fondo.

Las plantas crecieron a lo largo de todo el ciclo en un invernadero de mallas; las automáticas además recibieron iluminación artificial nocturna hasta completar un fotoperiodo de veinticuatro horas de luz. Esto nos sirvió también para confirmar la autoflorescencia de muchas variedades.

Las plantas se cultivaron en zonas de medianías de Canarias, a una altura donde los cambios de temperatura son considerables: fuerte insolación diurna y bajada de temperatura cuando cae la noche. Además, es una zona donde las lluvias y las neblinas son frecuentes en los meses invernales. Todo esto puede provocar que las plantas bien florecidas y a punto de ser cosechadas desarrollen enfermedades criptogámicas como el moho gris. Conociendo estos precedentes y observando los resultados del cultivo de automáticas, se decidió abordar dicho ensayo para comprobar si la resistencia de estas plantas era similar o mayor que la de sus primas no automáticas.

Como todos sabemos, las autoflorecientes tienen una ventaja desde un punto de vista patológico, que es su rápido desarrollo. Estas variedades crecen y florecen de forma veloz, lo que hace que muchos insectos, ácaros y plagas no dispongan de tiempo para desarrollar poblaciones perjudiciales. Este factor, en apariencia tan positivo, puede también llevar aparejado lo contrario: si, por cualquier motivo, una plaga de araña roja -por poner un ejemplo- se instala en las plantas, no habrá tiempo para aplicar lucha biológica con técnicas curativas, debido al rápido crecimiento del vegetal, ya que la entrada en floración es tan temprana que los ácaros depredadores Amblyseius californicus no pueden actuar y, por tanto, hay que recurrir al tratamiento con pesticidas respetuosos con el medio ambiente utilizando diferentes estrategias.

Esquejes de BF101#2, variedad testigo en casi todas las pruebas.

Las variedades del tipo autofloreciente, debido a la genética que portan (subespecie Cannabis sativa ruderalis), parece que ofrecen una mayor resistencia tanto al ataque de plagas como a las enfermedades propias del cannabis que cualquier otra especie cannábica.

En todos los ensayos efectuados, los principales problemas con que nos topamos fueron los originados por la calidad general de las semillas, especialmente las comerciales, quizás debido a una producción intensiva con pocos controles de calidad.

Superados los problemas de la germinación, comprobamos que el desarrollo es muy vigoroso, incluso más que las variedades no automáticas. En todos los ciclos de cultivo, con la llegada de las últimas semanas de maduración, e influenciadas por las condiciones ambientales más frías y húmedas, aparecieron las señales de la presencia de hongos aéreos como el moho gris. Aunque en ningún momento hubo que lamentar pérdidas graves -en parte porque para prueba se utilizaron las variedades nepalesas BF101#1 y BF101#2, más resistentes al moho-, se determinó que aun usando especies menos susceptibles al ataque de moho gris, las plantas automáticas resultaron ser más resistentes y las incidencias de este hongo patógeno fueron mucho menores, en general, en todos los ciclos. Hacen falta más ensayos y no solo de campo, aunque son estos los que determinan si una prueba desarrollada en laboratorio es válida en la práctica.

En general, parece que las plantas autoflorecientes muestran estructuras físicas más fibrosas, heredadas de sus progenitoras rusas, que hacen que sean más resistentes al ataque de hongos patógenos, ya que estos, para actuar, deben penetrar en las paredes celulares, mucho más gruesas.

Esta característica de los tejidos favorece también los sistemas radiculares, que crecen con mayor vigor. Se observó que las variedades autoflorecientes en general desarrollaban menos problemas en medios con elevada salinidad, por un exceso de conductividad eléctrica (E.C.) o por reutilización de sustrato. Además, parece que presentan una mayor resistencia a los ataques de las larvas de la mosca del mantillo, y también una menor vulnerabilidad a los problemas radicales y vasculares.

Dos AutoKick naciendo con mucho vigor. Esta variedad promete ser no solo una de las más productoras, sino también de las más resistentes a infecciones radiculares.

Aunque durante el tiempo que duraron los ensayos el ambiente reinante no era el propicio para la aparición de chancros, parece que las variedades autoflorecientes también pueden ser un arma importante para la prevención de los chancros típicos del cannabis.

El cultivo de autoflorecientes puede ofrecer bastantes ventajas, no solo por su rápida maduración en cualquier época del verano, sino también para aquellos cultivadores que, debido a las condiciones ambientales existentes, tengan más problemas con las plagas, y en especial con enfermedades fúngicas como la Botrytis cinerea.

Como ya queda dicho, deben realizarse más pruebas, más ensayos, pero el cultivo de autoflorecientes promete ser una herramienta integrable dentro del manejo o gestión de las enfermedades del cannabis.

Para más información:

https://www.youtube.com/user/drgrowonline

 

Referencias:

– Salami M. 2008, Cannabis sativa L., Dr. Grow´s Productions.

– Salami M. 2012. “Control integrado de la Botrytis”, Cannabis Magazine nº 102.

– Plan de nutrición y control biológico. http://www.drgrowonline.com/blog/plan-de-nutricion-y-control-biologico-para-vulkaniaseeds/2011