Fue el escritor de “El comedor de hachís”, que es un libro incómodo de leer para muchos lectores. Ya que aquel que busque la locura y las depravaciones encontrará las percepciones claras de la realidad y la urgencia con que él lleva la motivación por buscar la verdad en las visiones. Aquel lector que quiera encontrar el “síndrome amotivacional” se llevará una gran decepción, ya que Ludlow fue doctor, profesor, crítico de drama, escritor de música, abogado, editor y autor, viajó por el continente americano antes de cumplir los 30 años. Y tomaba diariamente dosis de cannabis durante su estancia en la Universidad.

© Isidro Marín Gutiérrez

Fitz Hugh Ludlow (1836-1870) nació el 11 de septiembre de 1836 en la ciudad de Nueva York. Fue hijo de un abolicionista norteamericano, un reverendo que tuvo muchos problemas por sus ideas. El venerable Henry G. Ludlow fue abolicionista en un momento en el que luchar por la libertad de los afroamericanos no estaba de moda. Ludlow escribió que, unos meses antes de que él naciera, una turba furiosa había entrado en su casa de Nueva York y había expulsado a su padre, a su madre y a su hermana. Al día siguiente volvieron y encontraron el salón lleno de adoquines de la calle, las alfombras cortadas en pedazos, los cuadros caídos, así como destrozados los muebles y las lámparas. En las paredes de la casa habían escritos insultos racistas.

La familia se trasladó a Poughkeepsie (Nueva York). Ludlow en la escuela tuvo que pelear contra jóvenes sureños, que constantemente le insultaban. El joven Ludlow estaba en contra de la política del Reino Unido y de su Compañía Británica de las Indias Orientales, que mataban de hambre a la población india, obligándoles a cultivar opio en tierras que necesitaban para abastecerse de alimento, y defendía la postura de China, que prohibía su consumo. Su madre, Abigail Woolsey Wells, enfermó siendo Ludlow joven y murió cuando tenía 12 años.

Ludlow marchó a estudiar a la Universidad de New Jersey (ahora llamada Universidad de Princeton) en 1854. Durante los años de universitario, probablemente durante la primavera de 1854, cuando contaba con 18 años se atrevió a utilizar cloroformo, éter y opio, que estaban en la farmacia de su amigo el boticario Anderson. Ludlow quería experimentar, ya que estaba siempre llevado por la curiosidad, y no movido por una necesidad de consumir por consumir. Cuando lo probó todo dejó de experimentar, esto no quiere decir que dejara de consumir.

Un buen día, su amigo, el boticario Anderson, le enseñó un nuevo fármaco, el cáñamo indio oriental, distribuido por la Compañía Tilden & Co. El extracto de Tilden (realizado con cáñamo indio oriental) era de color castaño-aceituna y con cierto olor aromático. Se anunciaba como un anestésico, anti-espasmódico e hipnótico. Aumentaba las ganas de comer, no creaba náuseas y eliminaba el dolor de cabeza. Era utilizado con éxito en la histeria, la cólera, la gota, la neuralgia, el reuma agudo, el tétanos, la hidrofobia (la dosificación de dicho extracto era de 0,13 gramos). Ludlow fue aconsejado por su amigo para que no lo probara, ya que pensaba que era un veneno mortal. Movido por la duda, se llevó un poco del extracto Tilden sin que se diera cuenta su amigo y lo comió. Pero aquello no le hizo ningún efecto, así que aumentó la dosis hasta 1’94 gramos. Así que fue, muy defraudado, a casa de un amigo a charlar y escuchar música. Al par de horas comenzó a tener unas sensaciones muy raras que le produjeron una sensación de pánico, tuvo una emoción súbita, como un susto (Ludlow, 1957). No lo dudó, estaba bajo la influencia del cannabis. Su primera sensación fue un terror ingobernable. Así se convirtió en el primer estadounidense “astronauta del espacio interior” que lo relataba.

Al año siguiente se trasladó a la Union College en Schenectady (Nueva York), por el incendio del edificio principal de la Universidad de New Jersey, donde se graduó en 1856. Allí estudió medicina y en 1857 se convirtió en anestesiólogo. Pero siguió consumiendo cannabis. Afirmaba que con la suma humilde de 6 centavos podía comprar un billete de excursión por toda la tierra.

Fitz Hugh Ludlow

Otras obras de su repertorio

Durante la década de los 50 del siglo XIX entra como editor de la nueva revista Vanity Fair, donde se une a los círculos bohemios y literarios de Nueva York. Es admitido en el Century Club. Frecuentaba el Restaurante Pfaff y conoció a escritores de la talla de Walt Whitman o Taylor Bayard. Ludlow era un auténtico cosmopolita y encajó muy bien en tales círculos. Tanto es así que comenzaría a escribir en el Harper, en el New York World, en el Evening Post o en el Atlantic Monthly, entre otros. En Septiembre de 1856, la revista Putnam’s Monthly Magazine publicó su artículo titulado “La revelación del hachís”. Ese mismo año escribe el himno de su Universidad, del Union College. Además se licencia y da clases en la Watertown Academy.

En 1857 Ludlow publicó su obra El comedor de hachís de forma anónima. Según su crítico no tendría mucho éxito, ya que afirmó que Estados Unidos no tenía ningún problema con el consumo de hachís. Cómo se equivocó. Para 1858 estudia con ahínco derecho. En 1859 se casó con Rosalie H. Osborne, una chica que contaba con 18 años. Además es admitido en el Colegio de Abogados de Nueva York. Hacia 1860 viajó a Florida y Cuba, donde escribió artículos para el Commercial Advertiser. Ludlow no paraba de moverse exprimiendo la vida con placer.

En 1861 se imprimió “The Music Essence” por The Comercial Advertiser, que es la historia de un hombre que hace un instrumento musical para su esposa sorda que traduce las notas musicales en luces y colores. Esta historia estaba ciertamente inspirada por la sinestesia que Ludlow experimentó durante sus experiencias con el hachís:

“El comedor de hachís sabe lo que será quemado por el fuego de sal, huele los colores, ve los sonidos y, más frecuentemente, ve los sentimientos”.

Escribe “John Heathburn´s Title” (publicado en 1864), que trata de un opiómano y un alcohólico que son curados por un médico paciente a través de una terapia de sustitución con extracto de cannabis. Representa la primera discusión pública con respecto al tema. Recordad que Ludlow estudió medicina. Ludlow también probará el cannabis como una terapia de sustitución para tratar su adicción al opio.

En 1861 viajó hacia el oeste de los Estados Unidos junto al artista paisajista Albert Bierstadt, en tren hasta Kansas y desde allí en diligencia hasta California. Estuvo en Salt Lake City, en el estado de Utah y fueron huéspedes de Brigham Young, fundador de la ciudad y jefe de los mormones. Así que conoció de primera mano las costumbres de los mormones y escribió sobre su cultura de casarse con varias esposas, afirmó que la visión de dos mujeres de un mormón viviendo juntas en armonía le hacía sonrojarse. Ludlow los consideraba unos fanáticos. Pero él también era un poco racista, extraño, ya que su padre y él se consideraban abolicionistas con los afroamericanos, pero consideraba a los nativos americanos como “demonios con cara de cobre”. Ludlow creía que el indio era un ser infrahumano, probablemente porque los indios estaban en contra de la invasión de sus tierras y la eliminación de sus tradiciones. Vamos, que estaban en contra del progresismo de la época. En aquella época no se hablaba sobre la esquilmación al pueblo indio, dueño de la tierra arrebatada por los blancos. Luego viajó a California, concretamente llega en verano a San Francisco, en donde observó de primera mano la afición al opio entre la población inmigrante china en la ciudad. Con la Guerra Civil Americana el opio había conseguido más adictos, sobre todo entre los veteranos de guerra, que comenzaban a ser un problema nacional. Ludlow pensaba que se extendería por la clase obrera, los profesionales, las costureras cansadas, los empleados fatigados, las esposas defraudadas, los borrachos, los braceros y, en general, todas las clases sociales. Y será el primero en ofrecer públicamente remedios contra este hábito, como fue sustituirlo por cannabis, ingresar en un sanatorio aislado y cambiarle su comportamiento, o el elixir del doctor Collins (al que conocerá unos años antes de morir). En este viaje conoce al clérigo unitarista Thomas Starr King, a Bret Harte y, principalmente al capitán de barcos de vapor por el río Mississipi, Mark Twain. Se cuenta que Twain no publicaba nada sin que antes consiguiera la aprobación y corrección de Ludlow. Publica artículos y piezas cortas en la primera revista literaria de California, en The Golden Era.

Durante 1863 sufre, como consecuencia de los viajes y la insalubridad de la época, los primeros síntomas de tuberculosis en el parque Yosemite. Luego, en Oregón sufrió su primer colapso físico por la tuberculosis. Para tratarse de esta dolencia comienza a consumir opio, para sus dolores y contra la tos. En vez de tratarse inmediatamente, comienza su regreso a Nueva York a través de Panamá, la razón de tan largo viaje fue la guerra de Secesión.

A finales de 1864, tras su regreso a Nueva York, su matrimonio tiene problemas. Las razones concretas no se conocen, pero las cartas que han sobrevivido indican un escándalo de infidelidad. Pero también han pasado mella los años y kilómetros de distancia que tuvieron. Rosalie obtuvo el divorcio en mayo de 1866. Unos meses más tarde se casa con Albert Bierstadt. Ludlow tampoco pierde el tiempo y comienza una relación con María O. Miliken, viuda del juez Miliken de Maine, curiosamente ella era diez años mayor que él, y al poco tiempo se casaron. Durante este año escribe sobre sus viajes por el Oeste en el Atlantic Monthly. En 1865 realiza una adaptación de La Cenicienta para representarla teatralmente en la Great Sanitation Fair de Nueva York, utilizando exclusivamente actores infantiles y 30 ponis, para recaudar fondos para las viudas y huérfanos de los soldados caídos de la Unión.

En 1866 publica en el Harper’s Monthly el ensayo “¿Qué deben hacer para salvarse?” el tema giraba en torno a la cura de la adicción al opio. A raíz de este escrito entabla una relación con el doctor Collins, de Indiana, fabricante de un remedio para curar la adicción al opio.

A principios de 1870 escribió su último artículo Homes for the friendless publicado en el New York Tribune. En él el autor solicita una institución que acogiera a hombres sin hogar, adictos al alcohol y otras sustancias. Señalaba que existían instituciones similares que protegían a mujeres y niños, y que existía una creciente clase de hombres sin hogar que necesitaban de asistencia. La idea fue respaldada con entusiasmo en una editorial del Tribune.

Ludlow estaba ya muy enfermo de tuberculosis. Para los dolores tomaba una cucharada de morfina en un vaso de whisky todos los días. Se convirtió en un adicto al opio y la morfina, escribió al respecto: “Una de las pasiones dominantes de mi vida”. Él mismo trató a adictos, como médico que era, suministrando medicinas y dinero a familiares. Así respondía a aquellos que le criticaban por su consumo: “A otros salvé, a mí mismo no me pude salvar”.

En junio de 1870 viajó en un intento de recuperarse de su adicción y la tuberculosis con su hermana Helen y su mujer María. Permaneció mes y medio en Londres, luego viajó a Ginebra (Suiza) a un sanatorio. Pero su salud se resquebrajó. Murió el 12 de septiembre de 1870, con 34 años de edad, víctima, no del hachís, ni del opio, ni de la morfina, sino de la tuberculosis. La revista mensual de Harper publicó el anuncio de su muerte en diciembre de 1870. Finalmente fue enterrado en Poughkeepsie junto a su padre.

Repercusiones de su obra

Su obra El comedor de hachís tuvo cuatro ediciones entre finales de 1850 y principios de 1860, publicadas por la editorial Harper & Brothers. Los críticos contemporáneos pedían a los lectores de El comedor de Hachís que no repitieran la hazaña de Ludlow, ya que “produce una de las ilusiones diabólicas más perjudiciales” calificándolas como “hierba letal”. Pero, aquellos que le conocían personalmente, trataban al autor de una forma amigable.

Sin embargo, su obra y vida cayeron en el olvido tras su muerte y su reputación literaria y personal murieron con él, y ya no se podía defender. De vez en cuando algún relato breve o algún poema se reimprimían en alguna antología. En los diccionarios biográficos afirmaban que su muerte prematura estaba relacionada con su consumo de opio y hachís. Nada más lejos de la realidad, como sabemos. Ludlow era calificado como un “adicto al veneno”. El reverendo J. T. Crane afirmaba que “todo aquel que juega con él (el cannabis) se divierte al filo de un abismo sacudido por fuerzas refulgentes y embrujados con todas las formas del diablo”. En 1893 J. Macdonough Ford, editor de The Golden Era, escribió sobre Ludlow: “Estaba más que medio loco, pero escribió algunas cosas buenas”. H.G. Cole en 1895 escribió que “fue un desafortunado consumidor de opio”.

Hasta que en 1903 otra editorial británica reimprimió la edición original. Esta edición atrajo a dos grandes excéntricos del siglo XX, el ocultista Aleister Crowley, que encontró en El Comedor de Hachís la introspección maravillosa de Ludlow; y H.P. Lovecraft. Crowley empezó a experimentar con hachís como ayuda para la meditación. Así que utilizaba fragmentos de El Comedor de Hachís en su periódico, el Equinox (1909), comparándolos con de Quincey y con Baudelaire. En 1925 se publica la primera tesis doctoral sobre Ludlow por Hugh Sebastian, de la Universidad de Chicago. Con el prohibicionismo del cannabis, los escritos de Ludlow se vieron como los horrores de la alucinación del hachís.

En el Diccionario de Biografía Americana de 1933 podemos leer sobre Ludlow: “(…) y un carácter noble en muchos aspectos se arruinaron por culpa de un hábito que quebró su fuerza física”. Además, en estos diccionarios se lamentaban del trágico desperdicio de lo que pudo haber sido una brillante carrera profesional.

En 1935 el doctor Robert P. Walton, de la Universidad de Mississippi, a petición del gobierno federal, utilizó la obra de Ludlow para crear una base científica y prohibir el cannabis. Los peores extractos, descontextualizados, de su obra fueron utilizados en 1937 por Harry Anslinger, de la Oficina Federal de Narcóticos, para prohibir su consumo. En 1939, en plena era prohibicionista, Franklin Walter escribe: “había sido seducido en medio de su formación teológica por las emociones paganas de la ingestión de hachís”.

Otros vieron y creyeron que el cannabis merecía una segunda oportunidad y distinguieron en Ludlow a un cronista instruido en las alturas místicas que podrían alcanzarse usando el cannabis. En 1960 se reprodujo el texto íntegro en la revista beat The Hasty Papers. En 1966 se publicaron algunas citas suyas en Los papeles de la Marijuana, obra revisada por David Solomon. En 1970 se le rememoró en el diario underground Berkeley Barch, pero la noticia más importante fue la fuga de la cárcel de Timothy Leary, encerrado por posesión de 0,0001 gramos de marihuana. Leary había obtenido un puesto de jardinero en la prisión gracias a que mintió en un test que él mismo había diseñado. Dejó una carta a las autoridades invitándoles a que le encontrasen. Finalmente, y gracias a la Hermandad del Amor Eterno, huyó a Argelia.

Leary, en su exilio en Suiza en 1971, se incluyó en “la tradición alquimio-chamánica de Paracelso, Ludlow y William James”.

Finalmente la obra de El comedor de Hachís de Ludlow ha sido injustamente olvidada, pero está más vivo que nunca. En el 2003 se tradujo la obra por primera vez al español: Tuvieron que pasar algo menos de 150 años para que pudiéramos apreciarlo en lengua castellana. Aunque también siguen vivos la ética puritana y el prohibicionismo.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Ludlow F.H. (1957) The hasheesh eater: Being passages from the life of a Pythagorean, Harper & Bros., New York
  • Ludlow, F.H. (2003) El comedor de hachís. Tf. Editores. Madrid (traducción Cristina Pineda)