Cristina Sánchez es profesora titular de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid. Miembro fundadora del Observatorio Español de Cannabis Medicinal, la Dra. Sánchez ha dedicado su carrera a a investigar las aplicaciones de los cannabinoides en el tratamiento del cáncer. Hablamos con ella sobre sus investigaciones y sobre la situación actual de los pacientes oncológicos, que deben recurrir al mercado negro o el autocultivo para poder acceder al cannabis que necesitan para aliviar sus dolencias.

Te licenciaste Biología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994, ¿Entonces pensabas que terminarías enfocando tu investigación hacia los cannabinoides? ¿Cómo surgió?

Yo estaba estudiando el tercer curso de la Licenciatura en Biología en la Complutense, y tenía muy claro que quería dedicarme a la investigación científica. Comencé a buscar laboratorios que aceptaran alumnos colaboradores y di con el de José Antonio Ramos y Javier Fernández Ruiz, de la Facultad de Medicina de la misma Universidad. En ese momento ellos eran de los poquísimos grupos (si no el único) que trabajaban en cannabinoides en España. El tiempo que pasé con ellos me confirmó que la investigación científica era mi meta profesional, y me descubrió un grupo de sustancias muy interesantes de las que yo no tenía ninguna información previa: los cannabinoides. Una vez licenciada me incorporé al grupo de Manuel Guzmán para realizar la Tesina de Grado primero y la Tesis Doctoral después, centradas ambas en cannabinoides. Aunque siempre he disfrutado mucho de mi trabajo, la pasión por estos compuestos llegó con los primeros trabajos en los que describimos su efecto antitumoral.

Hay mucha controversia sobre los cannabinoides y su capacidad para tratar o curar el cáncer. ¿A día de hoy se ha podido probar científicamente que los cannabinoides tienen propiedades anti-tumorales?

Se ha podido probar en modelos preclínicos, es decir en células tumorales que crecemos en placas de plástico y en modelos animales de cáncer. En humanos, por desgracia, aún no se han realizado estudios controlados que nos permitan afirmar que lo que hemos observado en el laboratorio se produce en pacientes reales. Sabemos que internet está repleta de testimonios de gente que dice haber curado su cáncer con cannabis, pero por desgracia esos testimonios tienen un valor clínico muy limitado porque en la mayoría de los casos no sabemos qué ha tomado el paciente exactamente (qué cannabinoides, qué cantidad, etc.), si estaba sometido además a tratamientos convencionales, etc. Dicho esto, lo que sí está más que demostrado es que los pacientes oncológicos pueden obtener muchos beneficios de la marihuana: ayuda a combatir los efectos secundarios de las quimioterapias (náuseas, vómitos, pérdida de apetito), es ansiolítico, analgésico, ayuda a dormir, etc. Si además de esto produce efectos antitumorales todavía no lo sabemos, pero lo que también tenemos claro es que su perfil de seguridad es muy alto, de forma que si ponemos en un platillo de la balanza los beneficios (reales y potenciales) y en otro los riesgos, la balanza se inclina, en la inmensa mayoría de los casos, hacia los primeros

¿Crees que en un futuro próximo los cannabinoides se usarán para el tratamiento del cáncer?

Si conseguimos demostrar que producen efectos tumorales en humanos, sí. No creo sinceramente que vayan a ser la cura contra el cáncer (me temo que nunca encontraremos nada que lo sea), pero estoy convencida de que pueden llegar a ser una herramienta terapéutica más al servicio de los pacientes oncológicos. Para acelerar este proceso necesitamos que se hagan más ensayos clínicos, y explotar toda la información clínica relevante que ahora mismo estamos tirando a la basura.

Hay cientos de miles de pacientes con cáncer en todo el mundo que han seguido y están siguiendo tratamientos que incluyen cannabis. Si pudiéramos hacer un seguimiento serio de esos pacientes (qué productos utilizan, qué cantidad de los principales cannabinoides están consumiendo, cuál es la evolución de su enfermedad…) tendríamos mucha más información sobre el posible efecto antitumoral del cannabis en humanos. Para esto es fundamental que los pacientes tengan acceso a productos analizados en cuanto a calidad (composición en cannabinoides) y por supuesto seguridad (ausencia de pesticidas, metales pesados, solventes tóxicos, bacterias, etc.), y tengan un asesoramiento y seguimiento médico durante todo el proceso. Evidentemente esto sólo lo conseguiremos legalizando y regulando el uso médico de la marihuana.

¿Crees que puede existir presión por parte del sector farmacéutico para que no se investigue o se apliquen las propiedades medicinales de los cannabinoides?¿Por qué?

No sé si hay presiones o no del sector farmacéutico, pero intuyo que están “inquietos” por las peculiaridades de estos compuestos. Si bien es cierto que hay un medicamento basado en cannabinoides autorizado enEspaña (Sativex ), sólo está cubierto por la Seguridad Social para controlar la espasticidad en pacientes con esclerosis múltiple que no han respondido a terapias convencionales. El resto de pacientes que podrían beneficiarse de este medicamento, que incluye potencialmente enfermos con dolor crónico, con enfermedades inflamatorias gastrointestinales, epilepsias refractarias o cáncer entre otros, tendrían que pasar por una auténtica yincana para acceder a este producto como medicamento compasivo, y si finalmente lo consiguieran (que no es nada fácil), lo tendrían que pagar de sus bolsillo, y es importante decir que este producto es extremadamente caro. Ante esta situación, los pacientes han decidido no esperar a que se realicen más ensayos clínicos (que son los que dan luz verde a la utilización de medicamentos producidos por las empresas farmacéuticas) y han comenzado a usar productos que generan otro tipo de proveedores. A eso me refiero cuando hablo de las “peculiaridades” de estos compuestos: prácticamente cualquier persona puede producirse su medicina, y eso inquieta, y mucho, a las empresas farmacéuticas.

¿No es arriesgado que los pacientes se vean obligados a adquirir el cannabis sin que exista un control médico del tipo de producto o de la cantidad sumnistrada?

Yo personalmente no creo que ni el autocultivo de marihuana ni las fuentes no controladas de productos cannábicos sean la mejor solución para pacientes con enfermedades crónicas y severas. Estos pacientes deberían estar protegidos y deberían saber qué están tomando: cuánto THC, cuánto CBD, que no están ingiriendo metales pesados, pesticidas, etc., como con cualquier otra medicina. Para eso hacen falta productos controlados, que pueden provenir de grandes empresas farmacéuticas o de pequeños productores. Dicho esto, también tengo muy claro que los pacientes no pueden esperar a que esto ocurra. El dolor lo tienen ya, los ataques de epilepsia los tienen ya, y están viendo que las preparaciones a las que acceden les funcionan. ¿Cómo vamos a decirles a unos padres que no le den cannabis a su hijo con epilepsia hasta que se apruebe el uso de Epidiolex, si ya están viendo que los preparados de marihuana que usan les funcionan? Ni esos padres, ni los médicos, ni nosotros como investigadores básicos, creemos que esos preparados son la mejor solución, pero esos pacientes no pueden permitirse el lujo de esperar a que las farmacéuticas produzcan sus medicinas cannábicas. Las necesitamos, por supuesto, pero las necesitamos ya y a unos precios accesibles para todo el mundo. Idealmente cubiertos por la Seguridad Social, como cualquier otro medicamento.

“Hay pacientes no pueden permitirse el lujo de esperar a que las farmacéuticas produzcan sus medicinas cannábicas”

 ¿Crees que el Estado Español invierte lo suficiente en la investigación de las propiedades medicinales del cannabis? ¿Por qué?

Creo que el Estado Español no invierte lo suficiente en investigación. Punto. En el caso concreto de la investigación sobre las propiedades médicas de la marihuana, yo haría una división entre investigación preclínica e investigación clínica. Nosotros por ejemplo, que somos un grupo de investigación básica, nunca hemos tenido problema para encontrar financiación para nuestros proyectos. Llevamos 20 años recibiendo financiación de forma ininterrumpida del Ministerio de Economía y Competitividad, Educación y Ciencia (y todas sus variantes con los diferentes gobiernos), Sanidad y de fundaciones privadas (Asociación Española Contra el Cáncer, Mutua Madrileña, Fundación Sandra Ibarra, etc.) Nunca hemos encontrado trabas para investigar en las propiedades terapéuticas del cannabis, y creo que mis colegas investigadores en otros campos dirían algo parecido. A todos nos cuesta encontrar fondos para investigar, pero no nos cuesta más por el hecho de trabajar sobre cannabinoides. Otra cosa es la investigación clínica. Aquí hay más problemas. Primero porque los recursos públicos para hacer este tipo de estudios (no sólo con cannabinoides) son extremadamente limitados, y segundo porque las trabas burocráticas asociadas al trabajo con estos compuestos, que siguen siendo considerados legalmente drogas de abuso, sin propiedades terapéuticas y con gran potencial adictivo -lo cual, por cierto, no tiene ningún fundamento científico- hacen que embarcarse en un estudio de este tipo sea tremendamente engorroso.

El cáncer parece ser la epidemia silenciosa del siglo XXI. Según la OMS durante las próximas dos décadas se espera un incremento del 70%  de enfermos. ¿Qué está pasando? ¿Qué estamos haciendo mal?

Es cierto que la incidencia del cáncer está aumentando, especialmente en países del primer mundo. Yo no hablaría de culpa, pero es cierto que hay determinados hábitos de la cultura occidental que se asocian a una mayor probabilidad de sufrir cáncer a lo largo de la vida: un desbalance calórico (dietas hipercalóricas, sedentarismo), exposición a contaminantes carcinogénicos, estrés, etc. Por otro lado, y aunque suene raro, son aspectos globalmente positivos los que hacen que el número de pacientes con cáncer en el planeta sea cada vez mayor: primero, cada vez vivimos más tiempo, y cuanto más viejas son nuestras máquinas, nuestros cuerpos, menos eficientes son los sistemas de reparación que evitan que tengamos tumores. Además, los tratamientos contra el cáncer están consiguiendo en algunos casos cronificar la enfermedad. Algunos tipos de tumores que antes eran letales, ahora se mantienen controlados gracias a las terapias.

“Creo que el Estado Español no invierte lo suficiente en investigación”

¿Un organismo con un sistema inmunitario fuerte es menos propenso a sufrir un cáncer?

Yo diría que, en general, un organismo con un sistema inmune fuerte es más eficaz a la hora de prevenir la aparición y la progresión del cáncer. Nuestro organismo tiene varios sistemas de defensa frente a la generación o el crecimiento de tumores. Uno de ellos son los sistemas de reparación de los que te hablaba antes, y otro muy importante es nuestro sistema inmune.

¿Qué hay de cierto en las teorías que aseguran que una dieta alcalina previene la formación de tumores cancerígenos?

Me temo que la base científica detrás de esta afirmación es muy poco sólida. En principio, el argumento esgrimido por los defensores de esta teoría es que las células tumorales están en un entorno ácido (lo cual es cierto, y consecuencia de su elevada actividad metabólica), y que alcalinizando nuestros fluidos las eliminaríamos. En esta línea, hay estudio realizados con células tumorales en cultivo que muestran que éstas no sobreviven en medio con pHs elevados (medios alcalinos). Sin embargo, el pH ácido del entorno de las células tumorales es una consecuencia, no una causa de la actividad tumoral, y los estudios que menciono en cultivos no se han replicado, hasta donde yo sé, en organismos complejos: animales de laboratorio o humanos. Las dietas alcalinas pueden tener ciertos beneficios para la salud, pero me temo que no hay fundamento científico para afirmar que previene o cura el cáncer.

“Un organismo con un sistema inmune fuerte es más eficaz a la hora de prevenir la aparición y la progresión del cáncer”

¿Qué hábitos del día a día recomendarías a la población para prevenir el cáncer?

Dieta sana, ejercicio, evitar la exposición a contaminantes carcinogénicos y a radiación, reducir el estrés, etc. y revisiones médicas periódicas: la mortalidad asociada al cáncer en general ha disminuido en los últimos años en parte debido a la mejora de las terapias, pero sobre todo debido al diagnóstico temprano. No digo que haya que hacerse un TAC de cuerpo entero cada 6 meses, pero las visitas anuales al ginecólogo o urólogo, o al médico de cabecera para hacerse una analítica, pueden ayudar a detectar un problema en su inicio, cuando es mucho más fácil de solucionar.

Fuente Dinafem.org