Segunda entrega del artículo dedicado a la germinación y siembra de las semillas de cannabis. Leer primera parte.

Una buena alternativa para germinar nuestras semillas son los semilleros de turba o Jiffys (semilleros de turba prensada) muy cómodos, económicos y fáciles de usar. Su uso nos asegura además un mayor índice de germinación y un mejor control de las necesidades de agua y nutrientes, permitiendo después el trasplante directo del plantón a una maceta con tierra o al suelo. En el caso de utilizar semilleros lo mejor es emplear un sustrato del tipo Light Mix ideado para esta etapa del cultivo dejando un alveolo de separación entre semilla y semilla para que estas no estén demasiado juntas o se estorben las unas a las otras al crecer provocando el espigamiento (especialmente en condiciones de poca iluminación). Si en lugar de semilleros decidimos emplear Jiffi’s deberemos humedecerlos previamente para la turba prensada se hinche y los podamos ahuecar un poco con la mano. Después sólo hay que hacer un pequeño orificio para introducir la semilla (una por cada Jiffi’s) con ayuda de un palito o un bolígrafo y mantenerlo húmedo pulverizando una o dos veces al día.

La germinación en tacos de lana de roca es otra buena opción a la hora de germinar nuestras semillas (especialmente si tenemos pensado cultivar en un sistema hidro) ya que son baratos y muy fáciles de usar, se venden en varios tamaños y formatos (bandejas con alveolos, tacos sueltos, etc….) y no manchan prácticamente nada. Si compras tacos sueltos, busca un tamaño similar al de un semillero de unos 6 centímetros de lado o compra una bandeja de germinación de plástico que ya trae los tacos colocados en alveolos y son ideales para germinar semillas y enraizar esquejes. La única pega que tienen los tacos de lana de roca es que debemos prepararlos con al menos un día de antelación, dejándolos en remojo una noche antes ajustando el Ph del agua entre 5,5 y 6. Cuando vallamos a usarlos sólo tenemos que escurrirlos y hacerles un pequeño orificio con un palito de no más de un centímetro para poder introducir la simiente. Una vez germinen las semillas podremos trasplantar las plántulas directamente a la maceta definitiva sin quitar el taco de lana de roca puesto que es un sustrato inerte y puede usarse tanto en tierra como en hidro.

Una vez germinen nuestras semillas debemos sembrarlas en una maceta pequeña con tierra o en un pequeño taco de lana de roca para que puedan continuar con su normal desarrollo. Sí plantamos nuestras semillas directamente en tierra debemos recordar hacerlo siempre al doble de profundidad y ancho que tiene la semilla (entre 4mm y 6mm) y que a estas no las lleve demasiada energía y tiempo el atravesar la tierra. Tampoco es conveniente que aplastemos o apelmacemos demasiado la tierra o sustrato a fin de conseguir una mejor aireación del medio. Regar una o dos veces al día sin encharcar las plantas y mantener la humedad del aire entorno al 80%.

¿CUÁNDO SEMBRAR?

Sin duda, esta es una de las preguntas más frecuente que suele hacerse el cultivador novel a la hora de iniciar sus primeros cultivos en exterior. Normalmente, en el hemisferio norte podemos sembrar entre los meses de abril, mayo y junio, y en el hemisferio sur los meses de octubre, noviembre y diciembre, dependiendo del tamaño de planta que queramos obtener, la climatología de la zona y experiencia previa -sí la hay- en el cultivo de la variedad elegida.

Es preferible sembrar primero las variedades más índicas (de lento crecimiento, menor tamaño y efectos más narcóticos y relajantes que las variedades sativas) para que tengan tiempo suficiente de crecer y desarrollar grandes y olorosos cogollos, por ejemplo a mediados de abril. Las variedades más sativas conviene que sean plantadas algo más tarde, entre mayo y junio, (son mucho más altas que las índicas y tardan algo más en florecer, además sus efectos son mucho más psicoactivos y eufóricos) para que no destaquen demasiado y no se alargue mucho su cultivo.

En el cultivo al aire libre la planificación es parte fundamental del proceso ya que debemos regirnos por las estaciones y estamos totalmente expuestos a la climatología. Además, conveniente que tengamos también en consideración algunos factores como el lugar donde vamos a cultivar (terraza, jardín, huerto, cultivo de guerrilla…) o el tamaño que queremos que tengan las plantas para planear debidamente la siembra y el cultivo. Pues como decíamos anteriormente, no es lo mismo cultivar en un pequeño jardín o en una terraza, que hacerlo entre las hortalizas de un huerto o de guerrilla en la ladera de un monte donde nos interesa más que nuestras plantas pasen desapercibidas.

Por ello, sí vamos a cultivar en una pequeña terraza con macetas lo más acertado es empezar a germinar más tarde, sobre mediados de mayo para las variedades más índicas y junio para las variedades más sativas, con idea de que no tengan demasiado tiempo para crecer y no se hagan demasiado grandes. Lo mismo ocurre en el caso del cultivo de guerrilla, para el que sería más acertado elegir variedades índicas por su pequeño tamaño y corta floración ya que en poco más de tres meses estarían listas para cosechar. En cambio, si disponemos de un lugar alejado de las miradas de los curiosos en el que cultivar tranquilos, podemos dejar crecer más las plantas alargando un poco el cultivo, es elegir variedades más sativas, dependiendo siempre de la climatología de la zona, del espacio del que dispongamos y de nuestra experiencia en el cultivo de la variedad.

CONSEJOS PRÁCTICOS

Independientemente del sistema que empleemos para germinar, debemos recordar que lo ideal es que nuestras semillas estén siempre a una temperatura entorno 24°C y 27,5°C y a un 80% de humedad. Conviene además, para facilitar su germinación, que el medio de cultivo este siempre un par de grados por encima de la temperatura del aire de la sala. Esto podemos lograrlo empleando un pequeño invernadero de plástico y una alfombrilla térmica como las que se colocan en los terrarios para mantener la temperatura del medio constante (por encima de los 29°C los tallos de nuestras plantas comenzarán a espigarse y corremos el riesgo de que las plantas contraigan enfermedades radiculares por hongos u otros patógenos). En caso de emplear una alfombrilla térmica deberemos vigilar que la tierra de los semilleros no se seque u regar al menos una vez por día.

El exceso y la falta de riego son posiblemente los dos errores que más se cometen a la hora de germinar semillas y cultivar plantones. Mucha humedad aletargará el crecimiento de las semillas y puede que se pudran las preciadas semillas. La clave consiste en mantener la tierra o el medio de cultivo húmedo, pero no empapado, sin dejar nunca que se seque por completo. Podemos evitar los ataques de los hongos añadiendo al agua de riego un poco de jabón potásico (1ml ó 2ml/litro) o unas gotas de lejía (dos o tres gotas por litro). La otra causa más frecuente de mortalidad durante esta etapa son los agentes externos (animales de compañía, pájaros…) y las condiciones climatológicas adversas (exceso de lluvia, viento o granizo). Debido a su reducido tamaño las plántulas son bastante frágiles y conviene protegerlas un poco si van a estar en el exterior para evitar que tanto los animales como la meteorología nos arruinen el sembrado.

Cuando nuestras plantitas estén asentadas en la tierra o en el medio de cultivo que hayamos elegido podremos comenzar a utilizar algún fertilizante de crecimiento y/o algún estimulador para raíces, usando siempre un tercio o a la mitad de la dosis indicada por el fabricante durante las primeras tres o cuatro aplicaciones. También es buena idea usar un invernadero o un mini invernadero para mantener la temperatura y la humedad adecuada que las plántulas necesitan, especialmente durante las primeras semanas de desarrollo. En el caso de utilizar tubos fluorescentes o lámparas de bajo consumo conviene no dejar las plántulas o semillas demasiado cerca de la fuente de luz para evitar que estas se deshidraten demasiado y no tener que regar tantas veces.