La nutrición mineral (Parte 2 ª)
En el capítulo pasado nos centramos en los cuatro elementos más abundantes en las necesidades nutricionales de las plantas: el carbono, el hidrógeno, el oxígeno y el nitrógeno. Ahora nos centraremos en otros elementos igual de importantes que estos aunque no sean consumidos en grandes cantidades.

Por  Víctor Bataller (TRABE)

POTASIO

Asimilado en forma catión K+ (expresado en los etiquetados como K2O) en cantidades muy variables que van desde el 0,5 al 6 %. Es componente fundamental para muchas de las enzimas presentes en los procesos bioquímicos de los seres vivos; incluso también actúa como activador de dichas enzimas. También constituye estructuralmente a muchos aminoácidos y participa en la síntesis de proteínas. También influye como ya hemos visto en la apertura y cierre de estomas.

Los abonos potásicos más comunes en los que aparece el potasio como componente principal son:

Sulfato potásico: 50 % de K2O y 45 % de SO3. Es un producto químico fabricado a partir del tratamiento de sales potásicas. Normalmente se emplea como fuente de potasio cuando no se puede optar por el nitrato potásico, bien por cuestiones económicas o porque no se quiera sobrepasar los niveles de nitrógeno establecidos. Es el segundo abono mineral más empleado en todo el mundo. Provoca aumentos en la conductividad eléctrica del suelo, limitando su empleo en aguas de alta salinidad, sobre todo si presentan gran cantidad de ion sulfato.

Cloruro potásico: 60 % de K2O. Obtenido también a partir de sales potásicas en bruto. Es muy rico en cloruros, los cuales impiden la absorción de otros cationes por parte de la planta por su elevada Capacidad de Intercambio Catiónico (C.I.C.), por lo que no se recomienda usarlo cuando las aguas sean de buena calidad.

Otros abonos ricos en potasio pero menos usados son las sales potásicas en bruto o enriquecidas, cloruro o sulfato potásico con sal de magnesio y la kieserita con sulfato potásico (abono ecológico con potasio únicamente de origen natural).

Sus carencias se manifiestan con una clorosis a lo largo de los márgenes foliares, luego un secado de ésta zona para luego gradualmente manifestarse al resto de la hoja. También aparece crecimiento lento e irregular de toda la planta. Su exceso provoca una pobre asimilación de calcio, magnesio, boro y zinc.

FÓSFORO

Es tomado por la planta en forma de Anión dihidrógenofosfato (H2 PO4-); o Ácido Metafosfórico (HPO3-). Actúa en la formación de compuestos de elevada energía como los cofactores ATP y ADP, también forma parte de los ácidos nucleicos, de varios coenzimas esenciales y fosfolípidos. Participa en la fosforilización de los azúcares.

Los abonos minerales fosforados más comunes son:

Superfosfato normal o superfosfato simple: producto obtenido por reacción del fosfato mineral triturado con ácido sulfúrico y que contiene como componentes esenciales fosfato monocálcico y sulfato de calcio.

Superfosfato concentrado: producto obtenido por reacción del fosfato mineral triturado con ácido sulfúrico y ácido fosfórico y que contiene como componentes esenciales fosfato monocálcico y sulfato de calcio.

Superfosfato triple: producto obtenido por reacción del fosfato mineral triturado con ácido fosfórico y que contiene como componente esencial fosfato monocálcico.

Fosfato monoamónico: 12% N y 60% P2 O5. Es el abono fosfatado sólido más empleado en fertirrigación y probablemente el más caro de todos. En cultivo hidropónico su uso está limitado ya que la totalidad de su nitrógeno está en forma amoniacal. Su empleo está siendo cada vez más desplazado por las múltiples ventajas que supone la utilización de ácido fosfórico como fuente de fósforo.

Fosfato monopotásico: 51% P2 O5 y 34% K2 O. Se trata de un abono de excelentes cualidades físico-químicas y nutricionales, pero con un precio muy elevado también. En hidroponía puede ser empleado con aguas muy buenas.

También son de interés los abonos fosforados autorizados para cultivo ecológico como las escorias de desfosforación como los fosfatos Thomas o escorias Thomas, fosfato natural parcialmente solubilizado, fosfato precipitado bicálcico dihidratado, fosfato calcinado, fosfato aluminocálcico, fosfato natural blando, etc…

Su deficiencia tiene una sintomatología muy característica con una coloración para las hojas más viejas de coloración verdeazulada y oscura, crecimiento radicular pobre e incluso con podredumbres, tallos delgados y producción de pocas semillas. Su exceso es muy poco común dado que es un elemento muy inmóvil y por lo tanto poco disponible para la planta pero en el caso de que se produzca induce otras carencias como la del hierro, cobre, zinc, nitrógeno y potasio. También causa mayor sensibilidad a ataques víricos.

Prácticamente todos los productos precisan de cantidades más o menos importantes de éstos elementos, por lo que deben ser la base de cualquier fertilización. A partir de aquí comenzamos con productos cuya fertilización no es tan sistemática y depende más de las variedades o de los momentos fisiológicos concretos.

CALCIO

Es asimilado por la planta en forma de Ca2+ y es uno de los componentes de las paredes celulares y de la calmodulina (un regulador de la membrana y de las actividades enzimáticas). También actúa como cofactor enzimático y como regulador de la permeabilidad celular. Sus concentraciones son también muy variables (0,2 – 3,5 %). Es uno de los elementos más difíciles de asimilar por parte de la planta porque el sodio es muy competitivo con él, consiguiéndolo desplazar aunque sus concentraciones sean muy bajas.

Aunque los síntomas son muy variables según las especies, generalmente provocan necrosis de los ápices y de las puntas de hojas jóvenes. También generan algún tipo de deformación de las hojas, generalmente en gancho hacia abajo cuyos bordes se encorvan hacia la cara inferior o adoptan una apariencia dentada y, a menudo, clorosis en el nuevo crecimiento.

Para corregir sus carencias se suelen aplicar enmiendas de caliza molida a una dosis de 1500 a 2000 kilos por hectárea principalmente en otoño y se entierra con un labrado de fondo.

También con formulados complejados o quelatados (éste tema será tratado en el siguiente capítulo). Entre los agentes quelatantes más utilizados se encuentran los siguientes aunque sin duda los más famosos por su eficacia son los tres últimos:

-EDTA: Ácido Etilén-Diamino-Tetraacético.

-DTPA: Ácido Dietilén-Triamino-Pentaacético

-HEDTA ó HEEDTA: Ácido Hidroxi-Etilén-Diamino-Triacético

-EDDHA: Ácido Etilén-Diamino Di-orto-Hidroxi-fenil-acético

-EDDHMA: Ácido Etilén-Diamino Di-orto-Hidroxi-para-Metil-fenil-acético

-EDDCHA: Ácido Etilén-Diamino Di-orto-Hidroxi-para-Carboxi-fenil-acético

 El Nitrato de calcio (15,5% de nitrógeno y 28% de Ca O) es un producto obtenido químicamente que contiene como componente esencial nitrato cálcico y ocasionalmente nitrato amónico. Este fertilizante aporta una parte de nitrógeno en forma amoniacal y calcio.

HIERRO

Tomado en forma de Fe2+ o Fe3+. Participa en la síntesis de la clorofila y forma parte de los citrocromos y de la nitrogenasa.

La clorosis férrica, que es como se conoce a la carencia de hierro, se manifiesta primero en las hojas jóvenes, las cuales de amarillean en toda su superficie menos los nervios que permanecen verdes. Más tarde, quedarán casi totalmente amarillas. También en las hojas viejas aparecen síntomas de amarilleo. Después las hojas se arrugan y caen. No es una clorosis uniforme ya que se puede ver en la misma planta ramas con clorosis y en otras no.

Normalmente las carencias de Hierro aparecen debido a un bloqueo en el suelo provocado por el pH inadecuado. En los suelos calizos el Hierro está bastante insoluble por culpa de su pH.

Sin duda la mejor forma de corregir sus carencias es con el uso de aguas de buena calidad y el empleo de Hierro quelatado.

Otra solución para corregir las carencias de nutrientes en las plantas son los abonos foliares, productos líquidos que nos permitan luchar contra los suelos degradados y bloqueados aportando nutrientes por vía foliar por medio de fumigaciones. Este tipo de formulados no sólo poseen elementos específicos sino que también presentan unas combinaciones que además de agrupar al nitrógeno, fósforo, potasio, calcio o hierro también pueden presentar los siguientes elementos:

MAGNESIO: absorbido en forma de Mg2+. Componente esencial de la clorofila y activador de muchas enzimas. Su carencia se aprecia sólo en las hojas más viejas, con un color amarillento tanto entre los nervios como en los bordes y dejando el área de inserción al pedúnculo sin ninguna afectación visible. Las primeras hojas de la base son las más afectadas. Finalmente estas hojas se caen. Una de las causas más frecuentes de la carencia de Magnesio es el exceso relativo de Potasio.

AZUFRE: asimilado en forma SO42- y constituye hasta el 1% del peso total seco de la planta. Constituye parte de algunos aminoácidos y proteínas y forma parte también del Coenzima A. La deficiencia es poco frecuente y se presenta como una clorosis general, con hojas más claras hacia la parte superior de la planta. Los síntomas son muy semejantes a la carencia de Nitrógeno por lo que sería necesario un análisis foliar de laboratorio.

COBRE: absorbido en forma de Cu2+ (ión cobre). Actúa como activador de ciertas enzimas. La carencia de Cobre se aprecia en hojas jóvenes con manchas amarillas o con tonalidad verdeazulada en todas las hojas. Las causas principales de su carencia son el pH alto y suelos muy arenosos y con escasa fertilización.

MANGANESO: en forma Mn2+ y actúa también como activador de enzimas. La carencia de Manganeso ofrece síntomas parecidos a los del Hierro, es decir, hojas jóvenes amarillas entre los nervios que permanecen verdes, pero se puede diferenciar porque en torno a los nervios hay un resto de verdor apreciable. Con carencias muy fuertes también se pueden amarillear los nervios. También aparece en suelos con pH demasiado alto o suelos arenosos muy lavados.

ZINC: también asimilado en forma catiónica. Al igual que los anteriores es un activador de algunas enzimas. La carencia de Zinc se manifiesta en las hojas más jóvenes, los entrenudos se acortan en los brotes, formando rosetas de hojas amarillentas, pequeñas y estrechas. Las hojas viejas aparecen bronceadas y se caen fácilmente. Los suelos calizos o excesivamente ácidos y arenosos suelos padecer éste tipo de anomalías.

MOLIBNEDO: tomado por la planta en forma MoO42-. Participa en la fijación del Nitrógeno y en la reducción del nitrato. Los síntomas carenciales son muy parecidos a los del Nitrógeno: una clorosis general empezando por las hojas viejas aunque también pueden mostrarse deformaciones en las hojas nuevas (con forma de cuchara). También puede presentar clorosis entre las nerviaciones en hojas intermedias o inferiores o necrosis por los bordes. Este elemento es insoluble en suelos ácidos, por lo tanto pH bajos provocan su carencia.

BORO: tomado por la planta como BO3- o B4O72- y es esencial para la asimilación del Calcio. La falta de Boro provoca un crecimiento lento, una clorosis de las hojas jóvenes o a veces su enrojecimiento. Como consecuencia de la falta de crecimiento apical aparece una brotación lateral lo que genera un achaparramiento de la planta. Aparece sobre todo en terrenos calizos o arenosos y en periodos largos de sequía.

COBALTO: asimilado como Co2+ y es esencial para la fijación de Nitrógeno para determinados microorganismos asociados a la planta.

Dos elementos que en exceso provocan innumerables inconvenientes pero que también son fundamentales para las plantas son:

CLORO: absorbido como Cl- y tal como hemos visto participa en la ósmosis y en el equilibrio iónico.

SODIO: absorbido en su forma catiónica. Participa en el equilibrio osmótico e iónico y todas las plantas que utilizan fotosíntesis C4.

De todas maneras no se suelen aportar de forma programada en nuestras abonadas dado que muchos de ellos aparecen en la composición química de muchos abonos minerales y en las aguas de riego en forma de sales disueltas.