La consumen más de la mitad de los jugadores para mitigar dolores crónicos y, dicen, huir de la adicción a opiáceos recetados y antiinflamatorios

No ha quedado legalizado su uso, pero casi. La manga ancha previa en la NBA y, sobre todo, en la Major League de béisbol, había dejado a la NFL (fútbol americano) a los pies de los caballos. Pese a tratarse del deporte más conservador entre los que consumen masivamente los aficionados americanos, su lucha contra el uso de la marihuana resistía… hasta ahora. El pasado día 15 de marzo se firmó el acuerdo para diez años entre la patronal de las franquicias del óvalo y la asociación de jugadores. El incremento de un punto porcentual en los ingresos anuales parecía el tema estrella en favor de los deportistas, pero estos lograron sacar adelante, con ayuda de varios dueños de equipos, la adaptación a los tiempos que corren del uso del cannabis y sus derivados.

En un país en el que 31 Estados ya han legalizado su consumo con fines médicos y recreativos, la puesta al día del fútbol americano pasa por bajar el pistón, suavizar el tratamiento al uso de la marihuana y dejar sin efecto a partir de ahora la sanción deportiva a quien dé positivo en los tests. Los análisis, además, sólo se llevarán a cabo durante las dos primeras semanas de la pretemporada y el umbral de la lectura para considerar un positivo se multiplica por cuatro. Han influido, además, las conclusiones de varios estudios realizados entre los aficionados, que concluyeron que es un tema que no les preocupa en absoluto en relación con el fútbol.

En la NBA se establecen cuatro controles al azar anuales por jugador. Con el primer positivo se le conmina a seguir un programa de información. Con el segundo le cae una sanción de 25.000 dólares y con el tercero cinco partidos de inactividad. En el béisbol fueron más allá y la erradicaron de la lista de sustancias prohibidas, quedando equiparada al alcohol a efectos de consumo. En la NFL ya está en vigor el nuevo rasero. Sólo se establecerá una sanción deportiva cuando se acumulen cuatro positivos.

La comunidad de jugadores ha recibido con satisfacción el nuevo giro. Se calcula que entre el 50 y 90 por ciento de los atletas han recurrido en alguna ocasión a la marihuana y sus derivados como analgésico, entendiéndola como menos adictiva que los opiaceos y medicamentos antiinflamatorios recetados, que incluyen además daños secundarios posteriores irreversibles en muchos casos. Los propietarios de varias franquicias han asistido no menos aliviados a esta corriente de permisividad, dado que así no tendrán que pagar el precio extra de los desmanes de sus jugadores cuando eran inhabilitados para el juego.

Es el caso del ‘defensive end’ de Dallas Cowboys, Randy Gregory, al que tras cuatro suspensiones temporales le cayó una indefinida que se prolonga desde febrero de 2019. Este punto de inflexión, sin embargo, no afectará a los expedientes anteriores, cuya resolución pasa en muchos casos por ‘limpiarse’ los jugadores afectados y pedir la clemencia del comisionado Roger Goodell.

Uno de los exjugadores más satisfechos con la noticia es Eugene Monroe, primer jugador en activo (Baltimore Ravens) que pidió públicamente a la NFL que dejara de hacer controles para poder consumir con libertad marihuana, en su caso para mitigar los dolores crónicos que padecía por la práctica de un deporte tan rompedor como el fútbol americano. También hay un sector reacio a la adopción de esta medida por el peligro que puede entrañar a modo de futuro adicción.

Monroe colabora con las más reconocidas asociaciones médicas favorables al uso del ‘cannabidiol’, componente que deriva de la marihuana y aseguran que funciona como neuroprotector a corto plazo. Porque además del dolor innato a la práctica de una modalidad que revienta anatomías, en el fútbol americano siguen creciendo los casos confirmados post mortem de CTE (Encefalopatía traumática crónica), una degeneración cerebral que puede conllevar pérdida de memoria, confusión, juicio deteriorado, problemas de control de impulsos, agresividad, depresión y demencia progresiva. Según los estudios, en el 95 por ciento de las autopsias realizadas a los exjugadores fallecidos por debajo de los 50 años daban positivo en el citado CTE. En los informes actuales oficiales, 9 de cada 10 reconocen haber sufrido alguna conmoción cerebral. Y 6 de cada 10 acumulan tres o más casos.

Quedarán algunos flecos legales. Porque pese a la existencia de los citados 31 estados que han liberalizado parcialmente su consumo, quedan otros en los que su tenencia y uso están tipificados como delitos. Es el caso de Wisconsin y Tennessee, donde se ubican dos franquicias tremendamente populares como Green Bay Packers y Titans.

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