Para disfrutar de un momento de relajación, los caminos son diversos. Salir a dar un agradable paseo, poner un poco de buena música o disfrutar de una sabrosa comida. También podemos optar por meditar y practicar yoga, disciplinas que cada vez suman más seguidores. Sus beneficios nos resultan llamativamente familiares: despejar la mente, relajación corporal, conexión con la naturaleza… Seguramente ya lo hayas adivinado, se parecen bastante a los que obtenemos cuando consumimos marihuana. No son pocos los que ya han probado qué sucede cuando se entrelazan estas dos pasiones. Los resultados no tienen desperdicio alguno.

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No cabe la menor duda, y nos damos la enhorabuena por ello, de que la marihuana consigue abrirse paso poco a poco a todo tipo de ambientes. En el mundo del yoga, como en el resto, hay quienes se siguen mostrando algo escépticos y reticentes a su aceptación, pero también muchos yoguis (nombre que reciben las personas que practican la disciplina) la reciben con los brazos bien abiertos. 

Su combinación ocupa intensos debates entre ambas comunidades. Existe un acuerdo básico de que el yoga debe servir para encontrar la liberación del sufrimiento a través de la unificación de cuerpo, mente y espíritu. Eso sí, el medio por el cual encontremos este punto varía de práctica en práctica. Mientras hay quienes dicen que el desarrollo de la concentración puede obstaculizarse por el consumo de cannabis, también hay quien asegura todo lo contrario y afirma que la marihuana permite explorar más profundamente nuestro cuerpo y con menos barreras mentales y físicas. 

Pese a este desacuerdo, parece innegable que yoga y marihuana tienen el potencial de convertirse en compañeros de equipo, pues comparten una gran cantidad de beneficios. Para darse cuenta de ello tan solo hace falta echar un vistazo a nuestra propia historia. El yoga es una disciplina milenaria procedente de la India basada en el desarrollo de la conciencia espiritual, sinónimo de conexión y de unión con la naturaleza. El cannabis, por su lado, es una planta que muchas civilizaciones han usado en rituales y ceremonias precisamente con el mismo fin. 

De vuelta a nuestros días, lo más común es que sean los practicantes de yoga los que deciden adentrarse en el mundo cannábico. Muchos aficionados comprueban cómo en ocasiones están demasiado inquietos como para hacer y disfrutar los ejercicios que se proponen. Sus músculos se tensan y les resulta imposible relajarse en las posiciones que hacen. 

Así, el cannabis se convierte en una buena aliada para relajar el cuerpo y permitirles disfrutar de una sesión de lo más placentera. Como sabemos, diversos estudios y experiencias han demostrado que la planta tiene propiedades médicas de lo más diversas, y entre ellas se encuentra precisamente su capacidad para aliviar el dolor muscular. 

El consumo de marihuana también se ha popularizado entre los practicantes de esta disciplina, que acuden a ella para reducir su ansiedad. El yoga es frecuentemente recomendado para estos casos, algo que también sucede con el cannabis, cuyas propiedades relajantes también reducen enormemente el estrés y el nerviosismo. 

Así lo confirman los yoguis que ya han probado en carne y hueso los beneficios de la planta. Aseguran que es ideal para todos los practicantes que estén ‘divorciados’ de su cuerpo. Al parecer, les ayuda para aprender a respirar y a abrir puertas que no podrían abrir de ninguna otra manera. 

Y no lo dicen solo los alumnos: la mayoría de profesionales también reconocen los beneficios potenciales de la marihuana para practicar el yoga. Entre ellos destacan que su consumo puede ayudar a eliminar las inhibiciones, a explorar la mente y a mejorar la relación con nuestro cuerpo. 

Tal es la pasión que levanta esta singular simbiosis que varias academias de yoga ya ofrecen clases diseñadas especialmente para gente que consume marihuana desde antes de inscribirse. Son especialmente populares en Estados Unidos, donde reciben el nombre de ‘Ganja Yoga’. Las posiciones que se practican en ellas se diseñan para que la gente las realice sin mayor problema, y para que aprovechen al máximo los beneficios de los dos elementos involucrados. 

Evidentemente, y como sucede con cualquier otro exceso, fumar demasiada hierba puede terminar por entorpecer la práctica de yoga. En una clase, es fundamental estar concentrado y seguir las instrucciones de nuestro profesor. Si nos pasamos correremos el riesgo de no disfrutar de la experiencia al máximo. Se trata, por tanto, de encontrar el equilibrio y de dar con la cepa y dosis justa para que podamos aunar ambas pasiones sin que ninguna de ellas se vea perjudicada por la otra. 

Quienes más reticentes se muestran indican que el yoga es efectivo por sí solo, y no les falta razón. Pero ¿por qué conformarse con una experiencia efectiva, si tenemos a nuestro alcance una extraordinaria? 

Si nos decidimos a comprobar el resultado por nosotros mismos, hay un par de consejos sobre la cepa que elegir. Las Índicas son las variedades que generalmente se relacionan con la reducción de ansiedad, así que se convierten en una buena opción para empezar. Además, decantarse por cepas con alto contenido en CBD hará que nuestra mente se calme, y qué mejor que una cabeza despejada para introducirnos en el mundo de la meditación y el yoga. 

Cuanto más abrimos nuestra mente, más nos damos cuenta de que la marihuana tiene mucho que ofrecernos con un simple colocón. Poco a poco se desvanecen los estigmas que han acompañado su consumo durante las últimas décadas. Primero fueron sus propiedades médicas las que se abrieron paso y ahora el buen equipo que conforma con determinadas prácticas. En el yoga ya se han dado cuenta de las ventajas que puede proporcionar la planta. Habrá que esperar para averiguar quién es el siguiente en dar el paso. 

Fuente Lamota.org