El cáncer y las enfermedades crónicas tienen mayor incidencia en las personas de edad avanzada, que en el país nipón suponen un cuarto de una población de 127 millones de personas. La figura del activista Masamitsu Yamamoto, recientemente fallecido a causa de un cáncer de hígado, y la primera reivindicación de un partido político han abierto el debate de una regulación del cannabis para fines terapéuticos. La ley japonesa es muy conservadora y los pacientes reclaman una normativa que les permita aliviar el dolor con la planta sin verse obligados a incumplir la ley

En los últimos años, muchos países desarrollados han suavizado sus normas respecto al consumo individual de marihuana y sus aplicaciones para fines terapeúticos. Mientras que el uso medicinal se ha regulado en lugares como Italia y varios estados de Estados Unidos, en otros países se han despenalizado el consumo personal, como Alemania, España o Bélgica. Sin embargo, parece que esta tendencia no termina de llegar a Asia.

Japón es una de las naciones que tiene una de las normas más restrictivas en torno al cannabis, en sintonía con sus vecinos de continente. En el país nipón es ilegal poseer y cultivar marihuana; el castigo es una pena de varios años de cárcel. Si las autoridades arrestan a un ciudadano por fumar un porro, la pena máxima a la que se puede enfrentar alcanza los cinco años de prisión. Esta penalización choca con las leyes de países más avanzados, en las que el consumo privado de pequeñas cantidades no suele estar castigado con periodos en prisión y aún menos tan largos.

Pero la ley japonesa es muy estricta y además muy concreta. En el artículo 4 del reglamento dirigido a regular este tema se expresa claramente la prohibición del cannabis para fines medicinales. Además, tampoco se permite utilizarlo en investigaciones clínicas. Esta situación provoca cada año unos 2.000 arrestos por posesión de cannabis (sin diferenciar, siquiera, si los detenidos lo consumen de forma recreativa o medicinal).

Ante una legislación tan conservadora, cada vez hay más voces que apuestan por una flexibilización de la normativa, especialmente en cuanto al uso médico de la planta. El cannabis puede ayudar a los pacientes a calmar dolores y a aumentar el apetito, beneficios ideales para contrarrestar tratamientos como la quimioterapia. Los resultados de los estudios médicos sobre el cannabis son conocidos en todo el mundo y también en Japón, donde parte de la tercera edad ha comenzado a reivindicar su derecho a tratarse con la planta.

El hecho es que Japón cuenta con una población muy envejecida. De los 127 millones de habitantes, un cuarto tiene más de 60 años. Las previsiones apuntan a que la tendencia irá en aumento. Según las Naciones Unidas, el 32 % de los japones tendrá 65 años o más en 2100. Este incremento de la edad, aparte de afectar a la economía, también influye negativamente en el bienestar general y la sanidad pública. Los partidarios de la legalización afirman que la marihuana puede calmar el dolor de enfermedades como el cáncer, prevenir la demencia y reducir el gasto médico.

Por su parte, el Gobierno se defiende argumentando que la eficacia de la planta de cannabis no ha sido probada y que regularla se trataría de una decisión irresponsable por no contar con pruebas médicas. Sin embargo, al estar prohibidas las investigaciones con cannabis es muy difícil que los médicos puedan aportar resultados comprobados científicamente. Es la pescadilla que se muerde la cola.

“No estamos diciendo que se tengan que liberar todas las restricciones de la marihuana», ha explicado Minoru Arakaki, director de una nueva institución académica sobre el cannabis medicinal que lucha por la normalización. «Lo que estamos diciendo es que iniciemos una investigación para ver qué daño y beneficio puede aportar, y vamos a utilizarla si resulta ser útil».

Después de 70 años de una ley restrictiva y aparentemente inalterable, los aires de cambio han alcanzado a las altas instancias. La primera dama japonesa, Akie Abe, ha mostrado su disposición a la regulación del cáñamo. «Es una planta de la cual todas sus partes se pueden utilizar de manera efectiva», declaró en una reciente entrevista. «Aunque todavía no está permitido en Japón, creo que también podría tener un gran uso para fines médicos”.

Mucho antes de que la Ley de Control de Cannabis promulgada en 1948 prohibiera la importación, la exportación, el cultivo y venta de marihuana, el cáñamo se cultivaba ampliamente en Japón para hacer telas y para su uso en ceremonias imperiales. De hecho, todavía existen granjas de cáñamo legales en Japón, pero son muy raras y requieren de un permiso especial. Ahora la primera dama japonesa se ha propuesto revivir esta tradición agrícola y posó recientemente en una de estas granjas, en medio de las plantas, mientras afirmaba que ella misma había considerado solicitar un permiso para cultivar cáñamo.

A esto se suma que un pequeño partido político se ha convertido en la representación de los pacientes que piden una regulación del cannabis. El Partido Nuevo Renacimiento (en japonés, Shinto Kaikaku) ha pedido el levantamiento de la prohibición de la investigación con cannabis. Entre los políticos se encuentran antiguos miembros del Partido Liberal Democrático (PLD), cuyo primer ministro, Shinzo Abe, preside actualmente el país.

Muere el defensor de la marihuana medicinal antes de conocer la resolución judicial

El debate de la legalidad del cannabis terapéutico se popularizó en Japón a raíz del caso de Masamitsu Yamamoto, considerado uno de los mayores activistas del país y cuya historia dio la vuelta al mundo.

Este hombre sufría de un cáncer de hígado muy desarrollado. Para tratarse comenzó con quimioterapia, pero su estado no mejoró y además le suponía, como es habitual, muchas molestias y dolores. Fue entonces cuando decidió probar con el cannabis y buscó información en las instituciones de su país, sin obtener respuesta alguna. También pidió formar parte de un ensayo médico que estudiase los efectos de la planta, pero tampoco consiguió ningún resultado. Ante la negativa de las autoridades, decidió cultivar cannabis en su casa. Comenzó a sentirse mejor, según sus propias declaraciones, hasta que se vio obligado a interrumpir el tratamiento cuando la policía registró su casa y le incautó 200 gramos de marihuana.

Tras ser detenido e interrogado, fue puesto en libertad y entró en un proceso judicial del que no vería el final. El 25 de julio de este año murió de insuficiencia hepática con la edad de 58 años.

Dos semanas antes, en una audiencia judicial a la que acudió en silla de ruedas, afirmó que había consumido marihuana como último recurso tras haber agotado todas las vías médicas y fracasar en sus intentos por acceder a un tratamiento legal de cannabis.

La lucha de Yamamoto ha encendido el debate de la legalización y despenalización de la marihuana. Durante el proceso judicial, el médico Kazunori Fukuda, exdirector del Centro Nacional de Cáncer y que ahora dirige una clínica para tratar a los pacientes a través del método kampo (una adaptación de la medicina china tradicional), testificó acerca de los efectos del cannabis como medio curativo. El doctor aseguró que los beneficios médicos están reconocidos ampliamente y puso como ejemplo la apertura de muchos países desarrollados. 

Aunque los partidarios esperaban que la expectación causada por el caso de Yamamoto abriese la puerta a una reflexión por parte del Gobierno, el partido del primer ministro ha mantenido su oposición al uso médico de la planta de marihuana, incluso para la investigación. Sin embargo, la existencia de al menos una formación política que defienda suavizar la norma japonesa ya se entiende como otro cambio más en un contexto social y político en movimiento.

Saya Takagi, del Partido Nuevo Renacimiento, aludió precisamente a la gran diferencia legislativa que existe entre países: «Frente a esta aguda brecha entre Japón y el resto del mundo, los ciudadanos se pierden y no saben qué creer», aseguró. Habrá que esperar para descubrir el impacto de la demanda social en el Ejecutivo y si este se decide finalmente a seguir los pasos que ya han tomado muchos Estados desarrollados. 

 Fuente Lamota.org