Os proponemos una ruta por el continente americano de norte a sur, de Canadá a Uruguay, de Estados Unidos a la punta de Chile, lugares que en los últimos cinco años han dado pasos importantes en sus políticas con respecto al uso de la marihuana, tanto terapéutica como recreativa. Y comenzamos nuestro viaje llenando el depósito con una decisión sin precedentes por tratarse de un país que ha sufrido la violencia derivada del narcotráfico con toda su crudeza, México, que ha anunciado que está a punto de despenalizar el consumo de cannabis.

El movimiento despenalizador del cannabis en el continente americano gana fuerza en las últimas fechas. Los cambios se reflejan en muchos de estos países a un ritmo imparable. Recientemente, la ministra de Salud de Canadá, Jane Philpott, en una ponencia en la sede de Naciones Unidas, anunció la introducción de una medida que ya estaba en el programa con el que el primer ministro Justin Trudeau se había presentado a las elecciones: despenalizar el cannabis para todos los usos. El país está planteando cambios legislativos que llevarán a la legalización total de la marihuana en 2017.

Canadá, de esta manera, se convertirá en el primer país del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) en alcanzar esta situación. El hecho destacaría más si fuese un caso aislado, pero lo que prometió Trudeau en la campaña y que ahora se va a cumplir no desentona con el panorama que presenta el continente americano en torno a la cuestión.

Simplemente basta con cruzar la frontera canadiense para adentrarnos en Estados Unidos, donde los movimientos por la despenalización para usos terapéuticos y recreativos han logrado ser exitosos en cuatro estados. En Alaska, Colorado, Oregon y Washington es totalmente legal el consumo de cannabis. En la capital, Washington D.C., también se ha legalizado completamente el uso de marihuana con ambos fines.

Por otra parte, en casi 25 estados la marihuana se ha despenalizado con fines médicos, y diferentes tipos de leyes, más o menos restrictivas, versan sobre la venta, posesión y consumo recreativo. California, en 1996, fue el primer estado en legalizar el empleo terapéutico. Y a lo largo de este 2016, al menos otros 20 estados tienen la posibilidad de regular la marihuana en alguna de sus formas, siendo Nevada, Arizona y Maine los mejor posicionados para hacerlo antes de final de año.

La legalización cruza el desierto de Chihuahua

Como si este huracán normalizador fuera cogiendo fuerza, ahora es el turno de su vecino México. En un movimiento sin precedentes por tratarse de un país que ha sufrido y sufre la violencia derivada del comercio ilegal, los cárteles y la guerra contra la droga, se plantea un cambio fundamental en la legislación del cannabis que había dominado el paradigma de políticas públicas desde los años 70 en la región.

El pasado 19 de abril, en una sesión extraordinaria de la Asamblea General de Naciones Unidas, reunida a petición del propio México, Colombia y Guatemala para tratar las políticas de la droga a nivel mundial, el presidente Peña Nieto anunció la legalización del cannabis para fines terapéuticos y la despenalización del consumo recreativo, al permitir la posesión de hasta 28 gramos (una onza) para uso personal. Una cifra que es bastante superior a la planteada por otros países vecinos, como los 20 gramos en Colombia o los 8 en Perú, aunque sigue estando por debajo de los 40 de Uruguay, que se sitúa a la cabeza de la lista.

Este tema no había ocupado ningún debate en 20 años en las Naciones Unidas. Sin embargo, a petición de México y Colombia, dos de los países del mundo con más producción tanto de marihuana como de hoja de coca y opiáceos, quedó patente que las políticas empleadas en la región para combatir el narcotráfico no han funcionado y que solo han generado más violencia. Ambas naciones presionaron para que esta sesión especial de la asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS por sus siglas en inglés) se adelantara a 2018, cuando estaba prevista.

Y es que en el sur de la frontera con Estados Unidos, los cárteles de la droga han prosperado al margen del Estado mexicano, en una suerte de guerra más o menos abierta y que ha dejado en la pasada década la fría y cruda cifra de 100.000 muertos y 26.000 desaparecidos. La medida propuesta por Peña Nieto puede parecer insuficiente, pero es un primer paso que tendrá que seguir con la aprobación de medidas adicionales que contemplen legalizar el cultivo para que la industria médica pueda desarrollarse.

En ese aspecto, la Corte Suprema del país azteca sentó jurisprudencia favorable el año pasado al permitir a cuatro cannabicultores plantar marihuana, porque vieron fallos constitucionales en la ley que penalizaba su cultivo. Sin embargo, no se les permitió vender el fruto de su cosecha. El que el tribunal fallara a favor de los activistas aceleró el debate público que ha cristalizado en la declaración de Peña Nieto ante las Naciones Unidas.

Pisoteados por elefantes, víctimas de la demanda

También ante la ONU hizo su comparecencia el presidente de Guatemala Jimmy Morales. A diferencia de su predecesor, el ex mandatario Otto Pérez Molina, firme defensor de la regularización de ciertas sustancias y actualmente preso bajo cargos de corrupción, Morales piensa que la legalización es un tema que necesita debatirse más.

Y puso como ejemplo la historia de dos elefantes luchando entre sí, donde uno quiere llevar la droga a un lugar y el otro evita que llegue a su destino. El presidente aseguró que Centroamérica es la hierba, que se ve afectado por la pelea de los dos paquidermos, pues los guatemaltecos son víctimas de las grandes producciones de marihuana y cocaína en Sudamérica, a raíz de la enorme demanda de países como EE.UU. “Cuando dos elefantes luchan, la hierba siempre sufre más”, dijo Jimmy Morales al referirse a la lucha entre los carteles de la droga y las agencias estadounidenses.


Sin embargo, algo se mueve en Guatemala. El diputado Álvaro Velásquez presentó al Congreso de la República a principios de abril una propuesta de iniciativa de ley para regular el cultivo, producción y consumo de cannabis, lo que a su parecer podría representar una opción en la búsqueda de nuevas rutas en la lucha contra el tráfico de estupefacientes. La iniciativa debe ser presentada en el pleno de diputados y luego puede tomar dos caminos para convertirse en ley. Pero es un comienzo prometedor, porque se vaciarían las cárceles de gente que está siendo apresada por ese tema, aliviando la sobrepoblación de reos en un país con un sistema penitenciario colapsado.

Otro estado, en este caso asociado, que también está logrando grandes avances en cuanto a legislación cannábica se refiere es Puerto Rico. En una decisión pionera en la región, desde principios de 2016 está regulado el consumo y cultivo de cannabis con fines medicinales. El gobierno boricua, que atraviesa una dura crisis por falta de ingresos y liquidez, ya ha cargado con impuestos la concesión de licencias profesionales y las ganancias de las empresas, al tiempo que cobrará el Impuesto al Valor Añadido (IVA) en todas las etapas de la cadena de valor. También establece normas muy precisas sobre la actividad. Por ejemplo, los cultivos deberán contar con vigilancia electrónica, cámaras, agentes y otras medidas de seguridad.

Si nos sumergimos en el Caribe un poco más, nos encontramos que las cosas también están cambiando en Jamaica. Por difícil que resulte creerlo, en Jamaica el cultivo y la compraventa de marihuana están penados por ley desde hace más de un siglo (concretamente, por la Ley de Ganja de 1913). Sin embargo, a principios de 2015 los políticos jamaicanos presentaron un proyecto de ley que proponía descriminalizar la posesión de pequeñas cantidades de cannabis para uso terapéutico y que daría luz verde para el desarrollo de una industria que aproveche sus usos medicinales.

Las autoridades ya han establecido un sistema de licencias para cultivar, vender y distribuir marihuana con “fines médicos, científicos y terapéuticos”. Quienes dispongan de esa licencia podrían poseer hasta 56 gramos de cannabis, cultivar una plantación de hasta cinco plantas por local y, algo sin precedentes, los rastafaris podrían utilizar legalmente la planta con fines religiosos por primera vez en la historia de la isla. El agricultor ganja rastafari, al igual que otros pequeños agricultores como él, han tenido siempre un gran interés en el desarrollo de esta industria de una manera más estructurada y beneficiosa. Y sus rezos ahora han sido escuchados.

El contexto en Sudamérica

Volviendo a la plataforma continental, y por importancia en el plano internacional, los pasos que ha dado Colombia hacia la despenalización son decisivos, al tratarse de un país que quiere borrar su pasado de narcotráfico y convertirse en un exportador legal de cannabis para todo el mundo.

En el marco del alto el fuego y las negociaciones de paz con las FARC, el presidente Juan Manuel Santos logró aprobar una ley en diciembre de 2015 que legalizaba el empleo terapéutico de derivados del cannabis. Además, se admitió otra que reguló el cultivo y las licencias para los agricultores que quisieran cultivar marihuana para la industria médica, sin necesidad de que exista un monopolio estatal.

El cambio ha significado un gran avance en un país que, como México, ha soportado cuarenta años de políticas militares, prohibicionismo y criminalización. En la mayoría de los países latinoamericanos, por lo menos una de cada cinco personas en prisión ha sido encarcelada por delitos de drogas. Y en varios países, esta población está creciendo a tasas más altas que la población general de la prisión.

Colombia ofrece un caso de estudio que pone en evidencia esta situación, pues el número de personas encarceladas por delitos relacionados con las drogas casi se cuadruplicó en los últimos 14 años, pasando de 6.263 personas en 2000 a 23.141 en 2014. Ahora la Corte Suprema de Justicia ha determinado que si a una persona se le hallan o se le incautan hasta 20 plantas de marihuana recién cortada es posible entender que no incurrió en los delitos de tráfico de estupefacientes o en el de cultivo ilegal.

En su vecino Ecuador también se nota movimiento. En 2013 ya se se había despenalizado la tenencia y uso de una cantidad mínima de sustancias como la marihuana, cocaína o heroína. Sin embargo, el presidente Rafael Correa no quiso ampliar la legislación argumentando que, si bien la estrategia empleada hasta ahora no había funcionado en el país, había problemas más importantes.

Pero parece claro que actualmente ya se ha perdido el miedo a discutir esta alternativa frente a la lucha frontal del narcotráfico. A mediados de marzo de este año se presentó un decreto por el que la Secretaría Técnica de Drogas (SETED) autorizará la siembra, cultivo y cosecha de plantas que contengan principios activos de sustancias estupefacientes y psicotrópicas. El permiso se dará para fines industriales no farmacéuticos y podrá ser otorgado a «personas naturales y jurídicas públicas o privadas». De momento habrá que esperar a que los medios nacionales y la opinión pública ecuatoriana se pronuncien al respecto, pero es un cambio de rumbo importante.

Brasil, por otro lado, ha llegado tarde al movimiento despenalizador. Sigue siendo uno de los países de la región más prohibicionistas, con consecuencias directas en el aumento de la población de reclusos y con una corriente de opinión pública conservadora y estigmatizante en cuanto al consumo recreativo. Pero esto está cambiando poco a poco.

El pasado mes de marzo se aprobó, tras un largo debate en el Congreso, una ley que permite la importación de medicinas basadas en cannabis. Y aunque el cultivo y la posesión siguen siendo delito, actualmente hay dos leyes en trámite parlamentario para cambiar la situación. Una de ellas es una iniciativa popular respaldada por 20.000 firmas que pide que la marihuana tenga una reglamentación similar a las del tabaco y del alcohol.

Luces y sombras en el cono sur

En el caso de Chile, el país andino siguió por la senda abierta en la región al legalizar completamente la marihuana empleada bajo prescripción médica. Además se despenalizó el autocultivo y se legalizó el consumo personal. Gracias a estas medidas, sin duda que dentro de poco Chile se convertirá en el polo de investigación de marihuana medicinal mas importante de América del Sur.

De momento ya cuentan con la plantación legal de marihuana más grande de Latinoamérica, denominada “Tierra Santa”, cuya cosecha acaba de terminar para permitir la elaboración de un medicamento experimental que inicialmente usarán 4.000 enfermos. En total 6.400 plantas, de 16 variedades distintas de cannabis, que fueron sembradas en noviembre pasado en un terreno de 6.000 m2 ubicado en Quinamávida, un pequeño pueblo a 350 km al sur de Santiago. Para darnos una idea de las dimensiones, para el manicurado de la cosecha hicieron falta más de 40 personas.

El objetivo de este proyecto es generar tres grandes estudios clínicos que serán desarrollados por el Instituto Nacional del Cáncer y dos hospitales. La investigación cuenta con la financiación de 20 municipios del país y se espera que pueda beneficiar a pacientes con problemas oncológicos, epilepsia refractaria y dolores crónicos.

¿Y en Perú? De no regularse el uso medicinal de la marihuana en el Perú, dentro de poco, los pacientes peruanos en necesidad de aliviar sus dolencias con productos derivados de la marihuana tendrán que ir en peregrinación hasta Chile para conseguirlos. Porque Chile sin duda está en un estadio más avanzado que Perú, Paraguay, Venezuela o Argentina, donde tan solo la tenencia para uso personal no está penalizada y el resto de leyes siguen siendo altamente restrictivas.

El ejemplo de Uruguay al mundo

El día de Nochebuena de 2013, Uruguay regularizó la producción y venta de cannabis tras un amplio debate de varios años de duración en el seno de la sociedad charrúa. Para la posteridad ha quedado la frase del presidente José Mujica, que dijo que “el verdadero problema no es la marihuana, sino el narcotráfico”. A partir de entonces la nación sudamericana pasó a la vanguardia de un movimiento que atraviesa el continente.

Hoy en día los usuarios uruguayos tienen que registrarse en una base de datos y optar por diferentes opciones de consumo: el autocultivo, pertenecer a un club cannábico o comprar en farmacias, práctica que se implementó a comienzos de este año. Las cifras de cannabicultores en Uruguay hablan de 10.000 personas que ya cultivan en sus casas. Sin embargo, solo 3.000 se han dado de alta en el sistema, en un país que, según datos oficiosos, cuenta con 120.000 consumidores.

De acuerdo a diferentes informaciones, el caso uruguayo es una experiencia pionera que abrió camino para todo el continente. Sobre todo en el cambio de usos de consumo. Cada vez son más los usuarios que transitan del mercado negro al autocultivo con todos los beneficios que eso supone en calidad y control para el aficionado a la marihuana y en términos sociales para solucionar problemas de orden y salud públicas. De Uruguay a Canadá, América marca la pauta sobre la legalización en el mundo del cannabis.

Fuente Dinafem