Desde Marruecos hasta Sudáfrica cada vez son más los movimientos a favor de la marihuana. Las proclamas a favor de la legalización han llegado a los oídos de los gobiernos africanos, que han visto en la planta un negocio con el que obtener beneficios. Lesoto ha sido el primer país de África que ha otorgado la primera licencia de cultivo y venta de cannabis medicinal. A su lado países como Malawi ya lo cultiva para uso industrial y en Ghana su consumo está extendido entre la población a pesar de su prohibición.

 

El cannabis también reina en África. Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas, más de 10.000 toneladas de cannabis se producen en el continente cada año. Esto representa el 25% de la producción mundial, lo que convierte a África en el lugar con mayor concentración de cultivos cannábicos. Geográficamente la mayoría se encuentran en África del Norte (Marruecos y Egipto), África Occidental (Nigeria y Ghana), África Oriental (Tanzania y Kenia) y el sur de África (Sudáfrica, Suazilandia, Lesoto, Malaui y Zambia). Sin embargo, las legislaciones africanas no reflejan la aceptación que la planta tiene en las calles.

El 18% de las incautaciones de marihuana a nivel mundial, en 2005, se producían en África. Ahora bien, esta tendencia podría cambiar pronto. Los gobiernos comienzan a ver en la planta una buena apuesta para incentivar la economía de sus países, ya que aprobar su producción y permitir su venta en el mercado legal podría reportar miles de millones de dólares a sus arcas.

Lesoto, al sur del continente, ha sido el primero en darse cuenta del negocio cannábico. En junio de este año otorgaba la primera licencia de cannabis medicinal a la empresa Verve Dynamics. Gracias a esta, la compañía podría cultivar la planta en el país, investigar sus propiedades y comercializar sus productos terapéutico. Según la firma, Lesoto desempeñará un papel importante en el desarrollo de esta industria, tanto a nivel local como internacional, además de establecerse como pionero en el continente africano en lo que respecta a equipos de extracción de última generación. Comenzaron por cultivar una variedad Sativa con altos niveles en CBD; sin embargo, continuarán investigando para conseguir otras cepas de gran calidad. 

Para Lesoto son solo los primeros pasos hacia el aperturismo cannábico ya que al país africano todavía le falta tomar medidas formales para legalizar o regular la amplia red de cultivadores y comerciantes existentes.

La herencia de la ‘dagga’ en Sudáfrica

Aunque las leyes no lo reconozcan, el cannabis o la ‘dagga’ (como se conoce en muchos países africanos) campa a sus anchas por el continente. Incluso cuenta con un legado sagrado al que todavía en la actualidad se rinde homenaje en algunas zonas, donde la marihuana es parte central de rituales espirituales y religiosos.

En este continente, Sudáfrica ha sido el país que más ha luchado por su legalización. Productor de 2500 toneladas al año, su consumo está extendido y, desde este mismo año, está permitido hacerlo legalmente en la privacidad del hogar. Sin embargo, aún es posible que te penalicen por fumar en la calle.

Por este motivo, activistas como la llamada‘pareja de dagga’ formada por Julian Stobbs y Myrtle Clarke, trabajan por conseguir un normativa más amplia. Por su parte, el gobierno sudafricano ya ha publicado varias directrices para la marihuana medicinal, allanando el camino para licencias legales. Sin embargo, todavía no se han hecho efectivas.

Para agilizar los pasos hacia una legislación más completa en favor del cannabis, el pasado septiembre un grupo de productores se reunieron en Cato Ridge, cerca de la ciudad de Durban, para solicitar al gobierno que permitael cultivo de ‘dagga’ como una solución a las pequeñas granjas de la región. Aunque por el momento las autoridades se resisten a permitirlo, la lucha en su favor ha crecido y cada vez son más lo que ven la marihuana como algo provechoso para el país.

Marruecos, el gran productor de hachís

Marruecos también es otro país con una gran tradición cannábica. En este caso, el hachís es una de sus marcas de identidad. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés), el estado norteafricano es el segundo productor de esta sustancia tras Afganistán.

Tan grande es su desarrollo que el negocio del hachís en Marruecos emplea al menos a 800.000 personas y produce unas ventas valoradas en unos 10.000 millones de dólares al año (unos 8.500 millones de euros, según el cambio actual).

Estos beneficios han supuesto nuevos movimientos en favor de la legalización de la planta en Marruecos. En 2014, un partido de la oposición en el parlamento marroquí, que mantenía estrechos vínculos con la monarquía, propusoun proyecto de ley para legalizar la producción de marihuana para uso médico e industrial. Por desgracia, sus propuestasfracasaron y uno de los principales defensores cannábicos, Ilyas El Omari, se vio obligado a renunciar a su cargo.

Paralelamente se creó una fuerte oposición a la legalización, en la que participaron grupos religiosos conservadores y agricultores que pensaban que con la nueva ley sus cosechas acabarían por perder valor. Todo ello hizo que las corrientes en favor del ‘sí’ perdieran fuerza y ninguna de sus alternativas llegaran a buen puerto.

Entre el consumo del pueblo y el cáñamo industrial

Otros países como Malaui o Ghana también destacan por ser grandes consumidores de cannabis. El primero incluso cuenta con una variedad propia, la ‘Malaui Gold’, aclamada en medio mundo por su alta calidad. Lo que sorprenden es que en su país, aún a día de hoy, no sea legal. Contra esta prohibición ha luchado durante años la comunidad rastafari, muy presente en el país.

Aun así, la legalización en Malaui parece avanzar en la buena dirección. Tras una dura batalla entre defensores y críticos, la aprobación del cultivo de cáñamo para uso industrial por parte del gobierno ha supuesto una esperanza para quienes buscan unas leyes más permisivas para la planta que consume gran parte de la población.

En Ghana las voces en favor del ‘sí’ también han cobrado fuerza en los últimos años. La campaña contó con el apoyo del ex cargos de la Junta de Control de Narcóticos y recientemente el profesor Alex Dodoo, director ejecutivo en funciones de la Autoridad de Normas de Ghana (GSA), sugirió que el cultivo y la exportación de la marihuana medicinal a cargo del Estado podría generar cuantiosos beneficios para su economía.

Sin embargo, numerosos funcionarios gubernamentales y expertos en salud mental protestaron por estas declaraciones, lo que vino a demostrar que no sería fácil lograr a corto plazo avances en favor de la planta.

También en Suazilandia, uno de los países más empobrecidos del continente, se han escuchado propuestas para legalizar el cultivo de cannabis. Esta monarquía absoluta cuenta con amplios terrenos donde la producción de la planta es inmejorable. Por ello, varias figuras públicas se han mostrado partidarias de impulsar su legalización y así mejorar la economía nacional. Aunque no es la primera vez que surgen medidas de este tipo que finalmente caen en el olvido cuando la policía regresa a detener a los cannabicultores.

Ahora las cosas pueden cambiar. Aunque todavía son incipientes los cambios legislativos en el continente, los africanos son grandes conocedores de la marihuana lo que les permite conseguir buenos cultivos. Esto unido a la concesión de la primera licencia de cannabis medicinal en Lesoto, les permitirá demostrar los múltiples beneficios de la planta tanto para su consumo como para las economías locales. Algo que, sin duda, podría garantizarles un futuro mejor.

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Foto portada – Groundup

Fuente Lamota.org