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La batalla por los pesticidas en Estados Unidos: el salvaje Oeste del cultivo de marihuana

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Aunque la legalización de la marihuana avanza a pasos de gigante al otro lado del charco, por desgracia, a nivel federal aún está prohibida. Uno de los múltiples efectos colaterales afecta al propio cuidado de las plantas, ya que las leyes no amparan ningún pesticida para tratar las plagas. Y como resultado, muchos han recurrido a sustancias químicas nocivas para proteger sus cultivos. A falta de una legislación federal, cultivadores y estados se han puesto manos a la obra con el fin de evitar posibles daños a los consumidores.

Como suele ocurrir en la mayoría de cultivos, sacar a flote y mantener sana una plantación no siempre es tarea fácil. Con la marihuana sucede lo mismo. Aunque se trata de una planta muy resistente, está expuesta a una serie de plagas que pueden resultar muy dañinas. A fin de evitar problemas, se suelen utilizar pesticidas exclusivamente diseñados para prevenirlas y erradicarlas.

Sin embargo, para los cannabicultores estadounidenses no es tan sencillo. La confrontación procede de una doble jurisprudencia, una contradicción que señala que la marihuana es legal en determinados estados pero continúa prohibida en el ámbito federal. Aunque el cannabis está permitido para el uso recreativo en cuatro estados y para fines medicinales en otros diecinueve, la DEA clasifica la sustancia en la Lista I, donde se encuentran sustancias más peligrosas, como el éxtasis, la heroína o el LSD.

En cuanto a los pesticidas, la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) es la responsable de las etiquetas que autorizan el producto en todo el país. Estas etiquetas indican dónde y cómo pueden ser utilizados para reducir al máximo los riesgos sobre la salud. El problema radica en que este organismo trabaja a nivel federal. De esta manera, no tienen potestad para regular qué tipo de pesticida usar en los territorios donde la marihuana está permitida, tanto a nivel recreativo como medicinal. Esta conjetura legal deja sin protección a los cultivadores, que ante esta situación han tenido que tomar las riendas del asunto por su cuenta.

Los estados asumen posiciones

En este panorama, los únicos actores que han movido ficha de forma decisiva han sido los estados de Colorado y Washington. Desde enero de 2016, ambos territorios han avanzado en el diseño de los listados de pesticidas y han elaborado un nuevo sistema aprobado por la EPA.

En un primer momento, pensaron que la mejor opción era proporcionar sus propias listas con pesticidas aprobados por ellos mismos. El problema se encontraba en la baja toxicidad de estos productos, que resultan ineficientes para combatir una verdadera plaga en nuestro cultivo. Es decir, se trata de productos que no pueden considerarse pesticidas porque apenas contienen químicos; por ello, son muy poco efectivos a la hora de acabar con una infestación. 

Ante este callejón sin salida, muchos cultivadores se habían tomado la justicia por su propia cuenta y se habían hecho con otro tipo de pesticidas que contienen un nivel alto de componentes químicos. Un estudio de ‘The Oregonian’ demuestra que se habían encontrado pesticidas supuestamente aptos para el cultivo de marihuana medicinal pero que contenían productos para matar cucarachas y otro tipo de factores no permitidos para el consumo humano.

Pero ya no es así. En el caso de Colorado, el primer estado de Estados Unidos en el que se legalizó la marihuana recreativa, se ha aprobado una ley que establece cuáles son los pesticidas permitidos y aquellos que no se pueden utilizar debido a los altos niveles de productos químicos que contienen. El problema se ha resuelto de forma eficaz y ahora cuentan con una lista de pesticidas beneficiosos actualizada a finales de agosto de este mismo año. Además, el estado está inspeccionando progresivamente más de mil sitios de venta para velar que se cumplen las normas.

En Washington, por su parte, ofrecen una relación de pesticidas que cumplen los criterios elaborados por el Departamento de Agricultura Estatal (WSDA). Deben estar registrados en la EPA y el propio WSDA y no pueden superar los límites químicos permitidos para el consumo de productos inhalables y comestibles.

También en junio de 2015, el Instituto de Seguridad del Cannabis publicaba un libro blanco donde revelaba que muchos productos derivados de esta planta contenían niveles de plaguicidas superiores a lo permitido en el caso de productos comestibles o inhalables. El documento se refería a productos como los chocolates con cannabinoides, gominolas, lociones, pasta de dientes, sales de baño o hasta cápsulas de café.

En estos artículos se han encontrado niveles de carbaril (un producto químico utilizado normalmente en frutas y verduras) que alcanzaban las 415 partes por millón. Para hacernos una idea, la tolerancia del carbaril media en los arándanos es de tres partes por millón, por lo que podemos concluir que se trata de unas cantidades muy por encima de las recomendadas. Lo mismo ha ocurrido con el miclobutanil, un fungicida que se emplea para combatir los hongos en vegetales y cuyos niveles concentrados se encontraban entre 44 y 392 partes por millón. Cabe destacar que los niveles permitidos van desde el 0,1 hasta 10 partes por millón.

Uno de los concentrados destacados por su toxicidad era el de Mad Farmaceuticals. La compañía, que vende sus productos como “la medicina más pura para los pacientes que más lo necesitan”, resultó ser toda una fábrica de veneno. Según la investigación, sus pesticidas contenían aceite de propano, un ingrediente activo para acabar con las cucarachas y hormigas del hogar.

No obstante, ninguno de los concentrados de marihuana ha tenido tantos problemas como los de Dab Society Dutch Treat. La investigación ha demostrado que en los pesticidas utilizados se han llegado a encontrar hasta siete componentes químicos diferentes. El más preocupante, la bifentrina, catalogado como cancerígeno según la EPA. Los laboratorios han detectado entre 0,5 y 0,8 partes por millón del pesticida, hasta ocho veces más de los límites permitidos. Resultados que deberían haber impedido que el producto saliera a la venta.

Las consecuencias que estos productos podrían tener sobre la salud humana se desconocen, ya que no hay ninguna investigación metodológica al respecto. Los fabricantes, por su parte, prefieren mantenerse al margen. Ashlea Frank, consultor de Cumplimiento de Servicios Internacionales, explica que los productores pueden mostrarse reacios a diseñar pesticidas destinados al cultivo de marihuana, puesto que hablamos de una sustancia que viola la ley federal. Las universidades se encuentran en la misma conjetura y han optado por no involucrarse en la investigación sobre pesticidas aptos para el consumo de cannabis.

Los que sí han tomado cartas en el asunto son los lobbies de cultivadores. Por ejemplo, la organización de la Emerald Cup, el concurso de cannabis medicinal más importante del mundo, que tiene lugar cada mes de diciembre en California, ya ha anunciado que van a endurecer mucho las normas destinadas a controlar la cantidad de químicos, plaguicidas y pesticidas en los productos cannábicos que se presenten al evento. Con esta decisión, los organizadores tienen el objetivo de acabar con la contaminación de la marihuana medicinal, que consideran «un gran problema» en un mercado que en Estados Unidos genera millones de dólares anualmente y que es necesario para tantos pacientes.

A la vista de los riesgos que este tipo de pesticidas entrañan para la salud, y más cuando hablamos de productos medicinales, se hace necesaria una regulación específica para garantizar la calidad del consumo de marihuana. Sin una legislación federal, el siguiente paso consiste en que el resto de estados donde se ha legalizado la hierba copien el modelo de Colorado y Washington, a fin de proporcionar a los amantes del cannabis una lista de productos de calidad para cultivar sus plantas con seguridad.

 Fuente Dinafem.org