A los 5 meses, los padres del pequeño descubrieron que sufría convulsiones. No lograban ninguna mejora, hasta que le comenzaron a dar aceite cannábico.


 

Cuando Joaquín cumplió los 5 meses de vida, sus padres notaron que no sostenía bien su cabeza ni se comenzaba a sentar. Los estudios médicos detectaron que sufría de una forma de convulsiones, como descargas constantes. Cada dos meses, un nuevo electroencefalograma registraba que las cosas no cambiaban. “Hace un año y dos meses –cuenta su mamá, María Florencia Nolé de Jorge– hizo una crisis debido a la cual tuvieron que inducirle el coma y comenzó un tratamiento con hormonas ACTH. Pasaron seis meses y no hubo cambios”.

Una noche, mirando el noticiero del canal TN, vieron una nota sobre alguien que tenía la misma patología y se trataba con cannabis. “Esa noche no dormí. Me leí todo por internet, hice docenas de consultas, empecé a pensar cómo hacía para plantar marihuana, para conseguir aceite. Pasamos por situaciones muy feas, porque con mi marido llamábamos a personas para preguntarles si sabían cómo conseguir marihuana y se ofendían”.

El papá, Gonzalo López Cappellini, que dirige una agencia de viajes junto a su esposa, recuerda que cuando le preguntaron al neurólogo si podían usar cannabis, recibieron un “no” rotundo. Pero mientras buscaban lo mejor para su hijo, consiguieron aceite de cannabis y comenzaron a suministrárselo.

“Eso fue el día 5 de julio”, precisa María Florencia. “El 25 tenía turno para otro electroencefalograma. Cuando se lo hicieron, el neurólogo miró los resultados y nos dijo: ‘No puedo creer que este electro sea de Joaquín. Es fantástico’. Se veía que la convulsiones habían cedido”.

“Entonces ahí –retoma el relato Gonzalo– le tuvimos que confesar al médico que usamos cannabis. Nos respondió que estaba excelente y que siguiéramos usando ese jarabito milagroso, como lo llama. Si hace ese efecto, sigan, nos recomendó. Ahora ya nos precisa bien la dosis de gotas que tenemos que darle”.

Joaquín lleva dos meses usando el aceite; toma 18 gotas cada ocho horas. Su mamá cuenta el cambio mental que debió hacer respecto de lo que consideraba que es el cannabis, y cómo se lo informó a su familia.

“Mi padre es médico y mi madre, abogada; al principio pareció algo insólito, pero ahora todos aceptaron que estamos haciendo lo mejor para Joaquín, y se ofrecen para viajar a Estados Unidos a traernos aceite de Charlotte. Aquí en Córdoba se consigue un aceite casero. Por eso sería muy bueno que esto deje de ser ilegal, porque aporta más calidad de vida para el paciente y para sus familias”.

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