A pesar de que con el vapor de sodio de alta presión podemos realizar el ciclo completo de cultivo, esto es, vegetativo y floración, se ha comprobado que el espectro azul es más conveniente para el crecimiento. Si bien ya sabemos que los fluorescentes pueden aportar esas frecuencias que faltan, existen otro tipo de lamparas de descarga muy semejantes a las de sodio en rendimiento y funcionamiento: Los halogenuros metálicos.

Ya hemos visto como el espectro lumínico que proporcionan las lámparas de sodio de alta presión entra dentro del rango aceptable para una función fotosintética óptima por parte de nuestras plantas, si bien las frecuencias emitidas en la zona del azul son algo escasas a favor de las de la zona naranja y roja, mucho más intensas. Esto lleva a pensar que quizá ese tipo de luz se asemeje mas a la que recibimos de forma natural en la época otoñal que es en la que el cannabis suele terminar su ciclo de floración y pasa a ser cosechado. Sin embargo, es en primavera cuando las nuevas semillas germinan y nacen en un entorno lumínico con un espectro bastante más azul.  

Todo cannabicultor de interior habrá podido apreciar el hecho de que si tras germinar se utiliza otra luz que no sea fluorescente y a una muy corta distancia, las plántulas tienden a espigarse. Aunque utilicemos una buena cantidad de luz de sodio, es realmente difícil controlar ese estiramiento del tallo. Para intentar imitar de alguna forma el espectro de luz primaveral existen unas lámparas de descarga de alta intensidad que contienen en su ampolla cristales de otros elementos químicos que no son sodio y que producen una luz mucho más blanca.

Los Halogenuros Metálicos 
La estructura interna de este tipo de bombillas es muy similar a las de vapor de sodio, así como el modo de funcionamiento. Las únicas diferencias son la forma del elemento o ampolleta en cuyo interior se produce la descarga que vaporiza los diferentes materiales que permiten la emisión de fotones. Estos materiales son bastante más inestables que los cristales de sodio, por lo que sus equipos de arranque (balasto, reactancia…) suelen ser más precisos, pues mínimas variaciones de tensión o intensidad producen importantes cambios en el color de salida. Realmente, la tecnología de halogenuros metálicos es una evolución del uso de vapor de mercurio a alta presión

En éstas lámparas, se aumenta la presión del vapor de mercurio en el interior de la ampolleta de descarga llegando a conseguir un desplazamiento del espectro hacia la zona visible (violeta a 404,7 nm, azul a 435,8 nm, verde a 546,1 nm y amarillo a 579 nm). Este desplazamiento no es suficiente, emitiendo una luz de color azul verdoso con escaso componente rojo. Para corregir este problema se añaden una serie de yoduros metálicos al tubo de descarga como pueden ser el indio, el sodio,  el talio, el galio, el torio y otros, que aportan nuevas frecuencias al espectro final (azul, rojo, verde, amarillo…).

Como este tipo de lámparas están diseñadas para la iluminación de exteriores y ornamental, existe un amplio rango de temperaturas de color (de 3000 ºK a 6000 ºK) que depende de la proporción entre los diferentes elementos dentro del tubo de descarga, por lo que el rendimiento del color se fija entre 65 y 85, mientras que el rendimiento lumínico se encuentra entre los 60 y los 96 lm/W, con una vida media de unas 10.000 horas según marca y modelo. Con la entrada de estas lámparas en el mundo de la fotografía, se categorizan cuatro tipos o tendencias en la fabricación que determinan el espectro final de cada modelo: Sodio y Escandio. Rendimiento cromático 80 y luminoso de 80 lm/WDisprosio y Talio. Rendimiento cromático de 85 y luminoso de 75lm/WSodio, Talio e Indio. Rendimiento cromático de 65 y luminoso de 90 lm/WTalio y otros. Rendimiento cromático de 80 a 95 y luminoso variable Las más adecuadas para la cannabicultura son las de sodio, talio e indio, pues aunque poseen un rendimiento lumínico algo más bajo que el de otras, las emisiones en las franjas azul y roja son las más eficientes. Al igual que las de vapor de sodio de alta presión, necesitan un tiempo de enfriamiento entre encendidos, que se producen a unas tensiones de entre 1.5000 y 5.000 Voltios. No confundir en ningún caso pues ni con las de vapor de mercurio puro ni mucho menos con las denominadas halógenas que emiten una cantidad exagerada de calor con un rendimiento lumínico muy escaso. El uso de este tipo de lámparas para las fases vegetativas reduce considerablemente las distancias internodales, al tiempo que acelera la producción de materia vegetal. Trabajando desde clones, la velocidad de crecimiento puede llegar a incrementarse en un 30%, mientras que desde semilla el rendimiento es algo menor, debiendo mantener especiales precauciones en este último caso para evitar deshidratar o quemar las plántulas, siendo recomendable comenzar con 250 o incluso 150 Watios para después ir incrementando la potencia. Otra forma menos conocida de utilizar estas lámparas es en combinación con el vapor de sodio de alta presión durante la floración, de manera que compensamos la falta de espectro azul de éstas últimas. Una buena proporción sería 400W de halogenuros por cada 1.000W de sodio durante los dos primeros tercios de la floración, eliminando los halogenuros en el último tercio para ajustar las frecuencias a un ambiente más otoñal, aunque en este caso, como veremos más adelante, deberíamos compensar la reducción del aporte de UVA y UVB de los halogenuros para mantener y aumentar la producción de tricomas. 

También la introducción de sistemas de infrarrojos en las últimas fases de la floración que provoquen un efecto «rojo lejano» así como el control del ángulo de los reflectores con respecto a la bombilla nos permitirán conseguir unos cogollos sativos bastante mas compactos y en general, un sistema de iluminación realmente profesional y ajustable que reproduzca fielmente el espectro lumínico para nuestras plantas y/o mejore puntualmente las características de aquel para momentos concretos a lo largo del ciclo de cultivo, al fin de obtener unos resultados determinados.