En el mundo sanitario, al hablar sobre los riesgos de las drogas suele presentarse una ensalada de efectos adversos y efectos tóxicos, sin tener en cuenta su frecuencia o gravedad. En este número de la serie sobre cannabis y salud abordaremos uno de los riesgos más frecuentes. Aunque los cuadros de hipotensión no suelen revestir gravedad, conviene saber qué hay que hacer y que no, así como diferenciarlos de otras posibles situaciones más peligrosas.

Por Dr. Fernando Caudevilla

Un grupo de adolescentes ha quedado en casa de un amigo para escuchar música. La tarde transcurre plácidamente, entre conversaciones insustanciales, risas flojas y la sensación de relajación y placidez inducida por los porros de hachís que uno de ellos ha preparado. Lourdes, que no es fumadora habitual como el resto de sus amigos, se lo estaba pasando muy bien hasta que, sin venir a cuento, ha empezado a sentir un zumbido de oídos que en cuestión de pocos segundos se ha ido haciendo notablemente molesto. Mantiene la calma pensando que se trata de un efecto pasajero, pero cuando nota que el zumbido se desplaza desde sus oídos hacia la nuca primero, y el resto de la cabeza después, impidiéndole pensar, empieza a ponerse nerviosa. No sabe si es por sus nervios, pero comienza a sentir el latido del corazón a toda máquina, primero en el pecho y luego en la cabeza. Siente mucho frío y se pone a sudar, aunque estamos en el mes de julio y hace treinta grados a la sombra. De repente, todo se vuelve negro. Cuando abre los ojos, lo primero que ve son las caras de sus amigos. Al parecer, se ha desmayado. En pocos minutos se encuentra bien, aunque el susto ha sido bastante gordo y le quitará las ganas de fumar para una buena temporada.

                El ejemplo anterior pretende ilustrar una de las complicaciones más frecuentes asociadas al uso de cannabis. Chungo, amarillo, chino, blanca, pálida, pájara, blancazo… son algunos de los nombres con los que se conoce esta incómoda situación a la que casi todos los usuarios de cannabis se han visto expuestos alguna vez en su vida. El hecho de que se trata de un accidente pasajero que pocas veces da lugar a consecuencias graves hace que la mayoría de los usuarios lo considere un inconveniente inevitable que sucede de forma ocasional y al que no hay que prestar más importancia. Desde luego, suele tratarse de mareos o desmayos leves, sin trascendencia posterior, pero desde una perspectiva de reducción de riesgos vamos a dedicar este artículo a explicar qué es, qué hacer, qué no hacer, y cuándo debemos buscar ayuda ante este tipo de situaciones.

                En general, el mareo y el síncope pueden estar provocados por muchas causas diferentes: desde un problema neurológico hasta un desequilibrio del oído interno, pasando por problemas metabólicos, hormonales, cardiológicos o psiquiátricos. No es nuestra intención hacer un repaso diagnóstico de todas las posibles causas y características de los mareos (somos conscientes de que esta es una revista sobre cannabis, y no un manual de Medicina Interna), pero sí tenemos que hacer mención a la idea de los bajones de azúcar (técnicamente, hipoglucemias). Muchas personas piensan que ésta es la causa del chungo cannábico, aunque enseguida veremos que esto no es así.

                La glucosa es la fuente principal de las neuronas del sistema nervioso central. En condiciones de estrés, otros tejidos del organismo se las pueden arreglar para mantener sus funciones utilizando otros combustibles, pero el cerebro es muy sensible a la falta de glucosa. En algunas circunstancias (ejercicio físico intenso, ayuno prolongado, dosis elevadas de insulina en diabéticos…) los niveles de glucosa pueden caer rápidamente en la sangre y el cerebro será el primer órgano afectado. En la mayoría de los casos, las primeras manifestaciones externas de la falta de glucosa son mareo, sudoración, taquicardia, desmayo… El aspecto externo del mareo por hipoglucemia puede ser muy parecido al que produce el cannabis. Como aquel, suele recuperarse en pocos segundos, y por este motivo muchos consumidores piensan que la causa del amarillo cannábico es “un bajón de azúcar”.

                Pero esta creencia es falsa. Y no se trata de una cuestión técnica o teórica, sino que tiene consecuencias en el manejo del mareo por cannabis. SI no hay disminución de los niveles de glucosa en sangre, no tiene sentido dar una bebida azucarada, ni mucho menos meter un caramelo en la boca, a alguien que tiene un bajo nivel de conciencia y que, por este motivo, podría tener los reflejos respiratorios alterados y atragantarse con fatales consecuencias. Afortunadamente, en la mayoría de los casos esto no sucede, y la experiencia muestra que después de dar algo de beber o de comer a alguien que ha sufrido un amarillo, éste se recupera. Pero recordemos que el hecho de que dos cosas sucedan una detrás de otra no implica que una sea la causa de la otra, y ya que el bajón por cannabis dura unos pocos minutos, la persona se recuperará independientemente de que le hayamos dado o no algo de comer.

No existe ninguna prueba de que el cannabis produzca alteraciones significativas en las concentraciones de glucosa en sangre. Los experimentos con animales en laboratorios, y en voluntarios sanos a los que se administra cannabis para conocer sus efectos, no han demostrado esta alteración. Por otra parte, el THC sintético y una mezcla de cannabinoides para administración sublingual están patentados como fármacos, y la ficha técnica de ninguno de los dos productos hace referencia a la hipoglucemia como posible efecto adverso, ni advierte sobre precaución alguna en este sentido.

Tampoco parecen tener fundamento científico algunas recomendaciones sobre el uso de la aspirina para contrarrestar este efecto no deseado del cannabis del cannabis. En algunas páginas y blogs se sugiere el uso de este fármaco como remedio para este tipo de situaciones, basándose en una supuesta interacción entre el ácido acetilsalicílico y el cannabis. La página web del Colegio de Médicos de Barcelona (http://www.farmaceuticonline.com/es/el-medicamento/607-cannabis) explica que “los antiinflamatorios como la indometacina y el ácido acetilsalicílico reducen los efectos del THC”, aunque esta interacción no está recogida en las bases de datos sobre interacciones farmacológicas más relevantes. El hecho de que se haya descrito una interacción teórica no implica que tenga efectos biológicos, ni que una aspirina elimine los efectos de un porro. Además, hay que tener en cuenta que la aspirina tiene sus propios riesgos (puede producir una reacción alérgica, está contraindicada en asmáticos y en personas con patología de estómago). La evolución natural del amarillo cannábico es a resolverse en pocos minutos, por lo que la administración de cualquier fármaco por vía oral para combatirlo no está indicada en ningún caso. A modo de curiosidad, señalaremos que en un ensayo clínico se demostró que el rimonabant (un antagonista de los receptores CB-1) sí es eficaz para evitar este tipo de situaciones. Pero se trata de un fármaco experimental que, a los pocos meses de ser comercializado en el tratamiento de la obesidad, se retiró porque inducía cuadros depresivos graves con riesgo de suicidio.

                En realidad, la causa física de chungos, blancas, pálidas y amarillos tiene que ver más con las leyes de la mecánica y la fontanería básicas que con el metabolismo. El corazón debe bombear sangre con suficiente fuerza para llevar sangre al cerebro, que se encuentra en una posición más elevada que éste. La sangre debe mantener unos niveles de presión (tensión arterial), que dependen, entre otros muchos factores, de la fuerza con la que el corazón bombea y de la resistencia de las arterias. El sistema cannabinoide endógeno contribuye a la regulación de estos mecanismos y, al activarse, produce una relajación de los vasos sanguíneos que disminuye la presión arterial. De la misma forma que, cuando hay una fuga de agua en un edificio, ésta no llega a los pisos superiores, la caída de la tensión afecta en primer lugar a los órganos que están por encima del corazón, principalmente el cerebro. Para intentar contrarrestar la caída de presión, el organismo genera una serie de respuestas compensatorias (el corazón late con más fuerza y rapidez, y se liberan hormonas que colocan al organismo en estado de alerta, lo que produce temblor, frío y sudoración).

                El conocimiento de estos fundamentos nos permite deducir cuál es la primera medida que debe tomarse cuando una persona ha sufrido un episodio de hipotensión relacionado con cannabis. Al tumbar a la persona -mejor con las piernas ligeramente elevadas- favoreceremos que la sangre llegue al cerebro de forma adecuada, y el problema se solucionará en pocos minutos. Si es posible, giraremos ligeramente su cabeza hacia un lado para evitar que se atragante si tuviera ganas de vomitar. La medida también es válida cuando es uno mismo quien nota los síntomas: sentarse, agacharse o tumbarse ante las primeras señales de un mareo son la mejor prevención para evitar golpearse en la cabeza. Los chichones y moratones (o peor: roturas de dientes, heridas sangrantes en el cuero cabelludo…) son las complicaciones más frecuentes después de sufrir un mareo, ya que en ocasiones la disminución de tensión es brusca y produce la pérdida total de conciencia durante unos segundos.

                Como ya hemos comentado, los cuadros de hipotensión son, probablemente, el efecto adverso agudo más frecuente en usuarios de cannabis, hasta el punto de que es raro el usuario que no lo ha sufrido en alguna ocasión. Existen algunos factores que predisponen a que aparezca: las dosis y/o frecuencias elevadas, así como el uso de hachís o marihuana de elevada potencia favorecen su aparición, así como el uso en ayunas o a primeras horas de la mañana. La vía fumada facilita que los cannabinoides ejerzan sus efectos de forma rápida y contundente, al contrario que la vía oral, en la que el inicio de acción es más gradual. Las mujeres están más expuestas que los hombres a este riesgo, ya que, por motivos constitucionales, son más susceptibles a la hipotensión ortostática de cualquier causa. La tolerancia farmacológica es otro factor importante: los organismos de las personas habituadas al cannabis manejan mejor sus efectos que quienes carecen de experiencia.

                Podría darse la circunstancia de que, unos minutos después de haber tomado las medidas básicas, la persona no mejore, o incluso empeore. La relación entre el blancazo y la tensión arterial es tan clara que, ante esta situación, deberíamos plantearnos que quizás a la persona le esté pasando otra cosa y sea prudente el buscar ayuda especializada. Ya hemos señalado que el mareo es uno de los síntomas más inespecíficos que existen en medicina y puede estar provocado por causas muy distintas, desde las más leves hasta las más importantes. Volviendo a la cuestión filosófica de las causas y los efectos, el hecho de haber dado unas caladas a un porro no implica necesariamente que todo lo que suceda después esté provocado por éste. Por estos motivos, un amarillo que no mejora al tumbar y levantar las piernas debería ponernos en alerta.

                En resumen, hemos visto que el cannabis puede producir episodios bruscos de disminución de la tensión arterial. Esta propiedad puede llevar a la falsa creencia de que el cannabis “sea bueno para la hipertensión” o implique menos riesgos de tipo cardiovascular que otras drogas. Pero las fluctuaciones bruscas de presión arterial llevan al organismo a desencadenar respuestas automáticas (como son la taquicardia o la hipertensión de rebote) que pueden implicar riesgos adicionales en individuos con problemas cardiovasculares. Por ejemplo, existen casos descritos en los que un amarillo cannábico puede precipitar un episodio de arritmia en personas susceptibles. Este tipo de riesgos en personas con patología previa deberían ser valorados de forma individualizada.