Tener un pequeño habitáculo en estado vegetativo puede resultar útil a aquellos cultivadores que deseen conservar un ejemplar determinado, ya sea por sus propiedades medicinales, su sabor, su rapidez o por cualquier otro motivo. Mediante la reproducción asexual o esquejado, podremos cultivarlo tantas veces como queramos y hasta transportarlo con nosotros si llegásemos a cambiar de domicilio. En este artículo vamos ver qué factores influyen en el proceso de clonado y cómo llevarlo a cabo para obtener los mejores resultados.

Por Fabini de Caprius

Ventajas y desventajas del cultivo a partir de esquejes

Cultivar a partir de esquejes, aun cuando su producción suele ser menor, puede tener ciertas ventajas en algunas situaciones determinadas. Al seleccionar una planta madre, si lo hacemos correctamente, descartamos los rasgos que no nos gustan: baja resistencia a determinadas plagas, posible intersexualidad en situaciones de estrés, poca capacidad de absorción de nutrientes, etc.

Por ejemplo, si vivimos en una zona muy húmeda en la que es común la aparición de hongos, seleccionaremos el ejemplar más resistente a este tipo de patologías. Este conocimiento de una planta concreta nos permite ofrecerle las mejores condiciones de cultivo. Además, los esquejes, dado que proceden de una planta adulta y tienen su misma edad, necesitan un periodo vegetativo más corto y podremos plantarlos hasta finales de julio en exterior.

Obviamente, todas estas ventajas las obtenemos al cultivar nuestros propios clones, ya que, generalmente, comprarlos es como comprar un billete de lotería: nunca sabes lo que te va a tocar. Los cultivadores que atienden un gran número de madres pueden no percibir a tiempo las plagas, transmitiéndolas así en sus clones y, en caso de haberlas detectado, pueden optar por seguir vendiéndolos para no perder dinero. Si no tienes posibilidad de mantener tu propia madre, lo más práctico es partir desde semilla, ya que vienen libres de plagas y hay un amplísimo abanico de variedades donde elegir, lo cual no suele suceder con los esquejes.

Por otra parte, por mucho que nos guste una variedad, normalmente, después de un tiempo cultivando y fumando la misma planta, solemos aborrecerla y, en caso de que no sea así, tras varios años, la madre y sus clones envejecen y pierden fuerza vegetativa y productiva. Por estas dos razones es recomendable seleccionar madres de dos o tres variedades y renovar una al año aproximadamente, al menos en el cultivo de cannabis para autoconsumo.

¿Cuál es la diferencia a nivel biológico entre semillas y esquejes?

El cannabis, como muchas de las plantas dicotiledóneas, desarrolla una raíz primaria cuando se siembra desde semilla. Esta tiene su origen en la radícula del embrión (ese “rabito” blanco que vemos al germinar), crece hacia abajo en forma vertical y de ella nacen las raíces secundarias que, a su vez, se van ramificando y ampliando el cepellón. A este tipo de sistema radicular se le denomina alorrizo y, dado que es el que tiene la marihuana originalmente, es el que mejor le permite alimentarse y ahondar en la tierra.

Sin embargo, los esquejes no poseen esta raíz primaria, sino muchas raíces adventicias, que son las que se originan en cualquier parte de la planta sin partir de la radícula del embrión. A esta formación se la conoce como sistema radical homorrizo y es el propio de las monocotiledóneas (plantas que suelen ser de tipo herbáceo), pero no de la marihuana.

El proceso de enraizamiento

Antes de comenzar con el clonado, debemos preparar la madre: debe tener al menos unos dos meses de edad y estar en óptimas condiciones de salud. Durante los días previos a la poda (de la que obtendremos los esquejes) es conveniente reducir los niveles de nitrógeno y aumentar los de carbohidratos. Para ello bastará con regar con agua sola durante cuatro o cinco días.

Como ya debes saber, la rama debe medir unos quince centímetros, tener como mínimo un nudo, cortarse en diagonal e introducirse en agua inmediatamente para evitar la entrada de aire en el tallo. Durante los días siguientes, mantendremos los clones en un propagador por encima del noventa por ciento de humedad relativa y sobre los veinte grados aproximadamente. Este debe estar situado a la sombra o bajo un fluorescente, ya que la radiación solar directa o el calor del foco pueden hacer que los tallos recién cortados se deshidraten. El fotoperiodo en interior debe ser de dieciocho horas de luz y seis de oscuridad. En exterior, los meses propicios para el clonado van desde abril hasta junio, no siendo recomendable enraizar esquejes de madres cultivadas en interior, ya que podrían florecer por la diferencia en las horas de luz. Después de un tiempo de entre cinco y quince días en el invernadero, los esquejes mostrarán sus nuevas raíces. En líneas muy generales, este sería el todo el proceso. No obstante, hay varios elementos que pueden favorecer la rizogénesis o formación de raíces adventicias.

Factores que influyen en la rizogénesis

La influencia genética es decisiva en la producción de nuevas raíces adventicias a partir del nudo o el tallo. Hay variedades que tienen una gran facilidad para enraizar, mientras que a otras les cuestas más tiempo y lo hacen más débilmente. Por lo general, las plantas índicas y las variedades que tienen ascendencia Skunk enraízan mejor.

La salud y edad de la madre y de las ramas seleccionadas es otro punto decisivo. Si el ejemplar del que las tomamos está enfermo, estas también lo estarán. Asimismo, si los clones están dañados (aplastados, doblados, etc.) es muy probable que no enraícen. En cuanto a la edad, las madres muy viejas tienen dificultades para producir esquejes satisfactoriamente. De igual modo, las ramas más longevas tienden a volverse leñosas (lignificación) dificultándose la creación de nuevas raíces.

La posición de los tallos en la planta madre también guarda cierta relación con su capacidad para generar raíces adventicias. Las ramas blandas de las partes inferiores enraízan más rápido que aquellas de las puntas. Sin embargo, estos esquejes tardan más en desarrollarse un vez trasplantados debido a que suelen tener menos hojas y un tallo más fino.

Proteger a los clones de la deshidratación es crucial para su supervivencia, ya que la pérdida de agua en sus tejidos podría llevarles a la muerte si no se remedia a tiempo. Para evitarla, los cultivadores de cannabis suelen tomar dos medidas: cortar la mitad de la hoja o usar ramas con pocas hojas y pulverizar los esquejes con agua. Sin embargo, estas dos acciones pueden resultar contraproducentes en algunos casos. Si bien es cierto que los esquejes transpiran y pierden agua por las hojas, también lo es que estas son el órgano fotosintético más importante, por lo que, en mi modesta opinión, si las cortamos en exceso, impediremos una correcta fotosíntesis.

Lo ideal sería cortar sólo las puntas de las hojas más grandes, ya que es en este lugar donde empiezan a mostrarse y sufrirse los síntomas de deshidratación. Por otra parte, la pulverización foliar puede resultar útil a partir del cuarto o quinto día de enraizamiento, especialmente si añadimos algún estimulador radicular. Además, rociar los clones con una infusión de cola de caballo, antes de ponerlos en el invernadero, nos ayudará a aumentar la supervivencia y evitar la aparición de hongos o podredumbre. No obstante, una vez estén éstos en el propagador, debemos evitar abrirlo durante los primeros días, ya que podríamos estresarlos. Para conservar la humedad bastará con añadir un poco de agua (aproximadamente un centímetro) en la base del invernadero y elevar los clones por encima de ella para evitar su inundación. Debemos cambiar esta agua cada cuatro o cinco días para evitar su estancamiento. Además, esta práctica nos permite aprovechar una propiedad que tienen la gran mayoría de las plantas terrestres: el hidrotropismo o desarrollo direccional de las raíces hacia la humedad.

La aplicación de hormonas de enraizamiento también favorece notablemente el desarrollo radicular en los esquejes. Aunque no son estrictamente necesarias en el caso del cannabis, su utilización se traduce en la formación de unas raíces fuertes y vigorosas. Es importante seguir las instrucciones de uso del fabricante, ya que aplicarlas erróneamente puede retrasar el proceso y facilitar la podredumbre del tallo.

homorrizo

Por último, el tiempo que transcurre desde que las raíces están bien formadas hasta que el clon es trasplantado también influye en el desarrollo de la nueva planta. Es decir, una vez desarrollado el principio del que será el nuevo sistema radicular, cuanto más tiempo pase, más posibilidades tenemos de que se deteriore por la luz u otras condiciones ambientales. Si las raíces empiezan a volverse amarillentas o marrones, tendrán más dificultad para arraigar después del trasplante. Además, aunque observemos que el esqueje está sano, tiene raíces blancas y gruesas e incluso ha empezado a crecer, si dejamos pasar muchos días, cuando queramos sacarlo del invernadero lo más probable es que acabemos por romper un montón raíces de varios clones que se hayan enredado entre ellas. Esta rotura de su pequeño cepellón no es buena, ya que nuevamente tendrán que volver a formar raíces que ya habían producido.

En resumen, a pesar de que las plantas cultivadas desde semilla tienen un sistema radicular más fuerte y ofrecen una mayor producción, la mayoría de variedades muestran varios fenotipos, por lo que ciertos cultivadores deciden seleccionarse su propia madre. Además, en aquellas situaciones en las que una planta que estaba en crecimiento haya sufrido una lesión irreparable (rotura del tronco, caída de gran peso sobre ella, travesuras del perro, etc.), el esquejado de la misma será la única forma de recuperarla, aunque sea en forma de clones. Por otra parte, si tenemos en cuenta la calidad y rapidez que han alcanzado las autoflorecientes actualmente, no merece la pena recurrir al mantenimiento de madres ni para ahorrar tiempo en la floración ni para asegurarse una plantación de hembras. Aun así, si decides hacer esquejes, tendrás que proporcionarles los mejores cuidados tanto a la madre como a los clones para obtener el mejor resultado. Buenos humos.