Muchas veces escuchamos en los medios generalistas que la marihuana es tan adictiva como la heroína, que su legalización aumenta el número de consumidores o que es una puerta de entrada a ciertas drogas. Aunque argumentos como este se escuchan diariamente, pocos de ellos tienen respaldo científico. Su proliferación en medios de comunicación lleva a aumentar los prejuicios contra la planta, el desconocimiento por parte de los usuarios, y a impulsar políticas prohibicionistas. Esta investigación invalida los prejuicios.

Es habitual leer o escuchar afirmaciones sobre la marihuana que están en boca de todos pero que pocos saben si son ciertas o no. Aun así, se reproducen como la pólvora ayudadas de los medios de comunicación, de políticos y de instituciones. Sin embargo, muchos de esos argumentos no están respaldados científicamente, son prejuicios con apenas fundamento que una investigación impulsada por el International Centre for Science in Drug Policy ha desmontado, de la mano de más de una decena de académicos y científicos internacionales.

Su intención es que el informe ‘State of the Evidence: Cannabis and Regulation‘ ayude a generar una nueva conversación global en torno al cannabis y consiga que tanto los ciudadanos como los responsables políticos dejen a un lado las conjeturas. Especialmente en estos momentos en los que cada vez más lugares se animan a tomar medidas relacionadas con la regulación, como ocurre en muchos estados de EE.UU., o en Uruguay, e incluso en lugares como Canadá, Jamaica, Italia y España, que empiezan a enfrentarse a las nuevas exigencias en el ámbito cannábico.

Los investigadores han analizado los argumentos más comunes que se tienen sobre el consumo y regulación del cannabis, y que obtuvieron de artículos y noticias publicadas en medios de comunicación, como explica a Dinafem Dan Werb, director de la institución que ha impulsado el informe. Además, estos profesionales han estudiado numerosas investigaciones científicas ya existentes para saber qué tienen de ciertas y para relacionarlas con esos argumentos.

Se han quedado con 13 de ellos, los más comunes, que han clasificado como débiles y moderados en función de si cuentan con investigaciones que los respaldan, de si estas tienen algún problema metodológico, de su muestra y de quién las ha impulsado. En total, 11 de los 13 han sido considerados débiles (6 de ellos relacionados con la regulación y 5 con el consumo), lo que significa que no son más que un prejuicio o que no hay suficientes evidencias para ratificar su certeza.

Por ejemplo, respecto a las opiniones que algunos tienen sobre el consumo de cannabis, los profesionales determinaron como débiles algunas como: que es tan adictivo como la heroína; que es una sustancia de entrada a ciertas drogas; que su consumo puede causar daños letales en el corazón y las arterias, así como cáncer, o que puede tener serias consecuencias a largo plazo llegando a producir esquizofrenia.

Explica Hart que es preocupante que una afirmación falsa como la relacionada con la heroína se publique como una noticia destacada puesto que, según dice, ni siquiera 1 de cada 10 consumidores habituales de marihuana podrían volverse dependientes de esta sustancia; mientras que la dependencia con la heroína tiene lugar en 1 de cada 4 usuarios.

Es más, según el propio informe hay más posibilidades de que alguien acabe enganchado a la nicotina antes que a la marihuana. La investigación pone un ejemplo: muchas personas son adictas a la cafeína y eso no genera un problema de salud pública.

Respecto a que sea una sustancia de entrada a ciertas drogas, por ejemplo, la investigación determina que no existe ninguna evidencia; al igual que no existe una razón clara para pensar que pueda causar daños letales para el corazón o provocar cáncer de pulmón.

Es más, según el estudio, hay más probabilidad de que los usuarios de tabaco sufran problemas en el pulmón a que lo hagan los de cannabis. Tampoco existen pruebas de que consumir la hierba pueda provocar esquizofrenia, lo que ocurre es que algunas personas que sufren este trastorno necesitan marihuana para sobrellevarlo (que no es lo mismo).

Mientras tanto, en relación a las afirmaciones relacionadas con la regulación, encontraron como débiles, entre otras, las que afirmaban que la legalización anima a que más personas consuman, que no reduce ciertos delitos, que aumenta los accidentes de tráfico o que promueve el turismo relacionado con drogas. Son argumentos que se malinterpretan o que exageran la poca evidencia científica que pueda existir sobre ellos.

Respecto a la primera afirmación, el estudio señala que no es posible determinar si legalizar la marihuana recreativa en un lugar podría aumentar el consumo. Entre otras cosas es imposible saberlo porque son pocos los lugares que están regulando este ámbito (y lo hacen de forma reciente), algo que hace imposible analizar la situación por el momento.

En cuanto al argumento sobre el turismo cannábico, dice el informe que suele basarse en la experiencia de Ámsterdam y por tanto no puede generalizarse a cualquier lugar. De hecho, hay algunos como Uruguay que solo permiten la venta de cannabis a sus ciudadanos. En todo caso, también señala que este tipo de turismo no tiene por qué ser negativo.

Por otro lado, respecto a la reducción de delitos el estudio establece que se han encontrado muchos casos en los que la regulación ha llevado el mercado de cannabis a manos de los gobiernos para quitarlo de las de los narcotraficantes, reduciendo la criminalidad y dando seguridad a los usuarios. La conclusión de estos hallazgos es que la conversación global con respecto a la marihuana está inundada de opiniones infundadas.

Según Hart este tipo de prejuicios hacen que los ciudadanos no lleguen a comprender correctamente, dificultando el entendimiento de cuestiones relacionadas con el cannabis y, en última instancia, conducen a políticas dañinas. Cree que la razón principal por la que circulan de forma continua afirmaciones falsas acerca de la marihuana es que la gente normal tiene necesidad de validar su instinto, aquello en lo que piensa y en lo que ha sido educada durante muchos años.

Es consciente de que durante décadas se ha enseñado que el consumo de cannabis es muy perjudicial y que la prohibición es efectiva para reducir sus supuestos efectos nocivos. Por tanto, no es sencillo que quien recibe nueva información (aunque sea positiva) lo haga sin pensar en ideas preconcebidas.

Esto hace que cuando se consigue un nuevo hallazgo científico relacionado, por ejemplo, con las propiedades terapéuticas del cannabis, en seguida se publiquen noticias que lo malinterpretan. «Por desgracia, las correcciones contradictorias que vienen después no suelen atraer de la misma forma la atención de los medios o del público general». Es decir, las nuevas interpretaciones científicas (que pudieran apoyar a la marihuana) no crean los titulares de prensa.

Por otro lado, explica que los científicos que muchas veces analizan las repercusiones sanitarias y sociales de sustancias como el cannabis «son generalmente financiados por agencias del gobierno», esas que suelen poner de relieve los efectos negativos de las drogas para respaldar sus decisiones y que después los investigadores no se atreven a contradecir.

Esto ha tenido como consecuencia que la investigación sobre los beneficios potenciales del cannabis haya quedado marginada, y también ha provocado que los estudios sobre sus propiedades terapéuticas tengan poca financiación.

Dice Hart que, teniendo en cuenta que las decisiones políticas se ven influidas por la opinión pública y por los medios de comunicación, «existe un serio peligro de que tergiversar la evidencia sobre el cannabis acabe generando políticas ineficaces o perjudiciales». Y añade que si el público en general y los legisladores no pueden distinguir entre lo que es verdadero o falso no será posible tomar decisiones acertadas respecto a esta planta.

Más allá de esto, considera que hay demasiada literatura científica sobre el asunto y que al final a los ciudadanos solo les llegan los resultados de los estudios más extremos o sorprendentes. Por eso, cree que es necesario comprender de forma global las evidencias científicas sobre el tema para ir eliminando sesgos.

Hart consiera que este es el primer paso, como sociedad, para determinar cómo vamos a tratar todo lo referente a la planta y con ello decidir las políticas que configuren «el mejor camino a seguir». Sea como sea, este tipo de investigaciones generan esperanza en el sector cannábico y hacen ver que es posible hacer frente a la propaganda.

Fuente Dinafem.org