Hasta hace algunos meses, Macedonia tenía dos problemas insoslayables: su nombre y su economía. El primero, una larga e inextricable disputa que se remonta a principios del siglo XX, ya está resuelto, tras el acuerdo alcanzado con Grecia y la aprobación de «Macedonia del Norte» como denominación oficial. El segundo no tanto. De modo que el gobierno está experimentando con toda clase de ideas para reactivar su tejido productivo.

La marihuana entre ellas.

Plantaciones. Lo cuenta The New York Times en este reportaje: el gobierno de Zoran Zaev lleva dos años impulsando diversos proyectos relacionados con la plantación y exportación de marihuana. El más importante, una gigantesca nave industrial de 16.000 metros cuadrados destinada a producir 17 toneladas de cannabis al año. Su concesionaria, Pharmacon Holdings, empresa estadounidense atraída por las intenciones del ejecutivo.

¿Por qué? Por las perspectivas económicas de la marihuana, un sector al alza durante los últimos años… En América. Durante los últimos años ha creado hasta 210.000 puestos de trabajo en Estados Unidos, donde aún es ilegal a nivel federal, y se ha convertido en una fuente constante de ingresos para las arcas públicas, merced a un negocio de $13.000 millones al año. Algunas perspectivas disparan la cifra a los $50.000 millones.

¿Y Europa? Macedonia del Norte ha entrevisto una oportunidad clara. Un negocio rentable sin amparo legal en el continente. En 2016 el gobierno regularizó las exportaciones de aceites, extractos y otros productos derivados del cáñamo, y en 2018 anunció una legalización de la producción y exportación de la marihuana (la flor de la planta, consumida por sus efectos, el 70% del volumen de mercado mundial).

Desarrollo. Este último apartado ha quedado congelado. Las autoridades macedonias recelan, y mucho, de una legalización a gran escala. El boom ha llegado por otro lado: empresarios como Slave Ivanovski dejaron de cultivar tomates y pimientos para plantar marihuana con fines medicinales. Desde 2017, el gobierno tramitó hasta 28 licencias a empresas productoras, con la esperanza de disparar la economía nacional.

Objetivo, muy optimista, generar el 1% del PIB a través de la marihuana a través de la exportación.

Problemas. En noviembre, sin embargo, una propuesta de ley para regularizar la producción y venta internacional del cannabis fue tumbada por el parlamento. Las reticencias del gobierno han generado inquietud en los inversores que, como Pharmacon o «Big Mike», un reconocido inversor estadounidense dentro de la industria, acudieron (en el último caso literalmente) a Macedonia atraídos por las promesas de Zaev.

La oposición acusa al primer ministro de haber generado una red clientelar a través de la concesión de licencias.

Otros países. Un hecho marca la política a corto plazo de Macedonia: la Unión Europea. Congeladas las negociaciones de acceso, tiene una oportunidad de explorar otros mercados, como la marihuana, pero escaso bagaje político para impulsar su legalización en el que debería ser su mercado prioritario. Europa, por el momento, mira muy de reojo al cannabis, centrada en otros problemas.

Lo que no quita que la industria norteamericana se haya fijado en el continente, consumidor natural de su negocio. El año pasado Canopy Growht, uno de los gigantes del sector, adquirió una pequeña start-up española como puerta de entrada a Europa. Legal y económico. Pero sin garantías legales, es complicado.

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