Los que estamos acostumbrados a cultivar sinsemilla para nuestro consumo habitual ya sabemos cómo seleccionar una hembra. Conocemos los rasgos que preferimos en un ejemplar femenino, ya que estamos acostumbrados a consumirlos y a notar sus efectos. Sin embargo, los machos carecen de interés en el cultivo sinsemilla, motivo por el que suele ser más difícil entender cómo se selecciona un ejemplar masculino.

por Fabini de Caprius

 

Voy a intentar aclarar este tema puesto que creo que se trata de algo muy importante para la crianza cannábica, sea casera o profesional. 

El cannabis es una planta que se reproduce de forma sexual. No podemos realizar una labor de crianza selectiva si no disponemos de ejemplares de ambos sexos. Por esta razón es de gran importancia comprender el método de selección de una planta masculina.

Normalmente, cuando seleccionamos una planta madre, tanto si es para crianza como si es para extraer clones de la misma, solemos fijarnos en distintos atributos del individuo. Habitualmente buscamos que la planta no muestre ningún síntoma de intersexualidad (hermafroditismo), ya que esto haría imposible el cultivo sinsemilla, haciendo que las flores queden cargadas de simientes producidas por una autopolinización.

El segundo rasgo que observamos es el vigor que tiene el ejemplar, acostumbrando a seleccionar plantas madre con cierta fuerza. Observamos que la planta crezca sana y con pocas complicaciones. El rendimiento final de la estructura también es importante para los cultivadores, ya que una producción abundante es una de las propiedades más deseadas de una madre. Si una planta es vigorosa, no solamente dará una buena producción, sino que se mostrará muy resistente a las plagas y las incidencias climáticas.

Potencia y sabor son otros de los rasgos que podemos observar en un ejemplar hembra. Una buena producción de resina suele ir ligada a más potencia, aunque no siempre es así. Estos atributos son algo subjetivos, ya que dependerá íntegramente del gusto del cultivador.

La rapidez de la floración es un rasgo que muchos cultivadores tienen en cuenta. Por norma general, aunque se esté criando un híbrido de sativas, se seleccionan aquellos ejemplares capaces de producir las flores en menos tiempo que el resto de sus semejantes, ya que al final todos queremos tener nuestras plantas listas para fumar lo antes posible. Además, una floración rápida facilitará mucho el cultivo, tanto en interior como en exterior.

Otros atributos que podemos observar en los ejemplares hembra son la estatura, el olor, la estructura floral, el color y, en definitiva, cualquiera de las cualidades que estamos acostumbrados a observar en nuestros cultivos.

Sin embargo, la selección de individuos masculinos se complica. Generalmente hablamos de cultivo sinsemilla cuando nos referimos a un cultivo únicamente para nuestro consumo, sea lúdico o medicinal. Como los ejemplares macho de cannabis no suelen ser psicoactivos, no podemos saber qué grado de psicoactividad alcanzarían. Tampoco solemos mantenerlos vivos en nuestros cultivos, sino que habitualmente son descartados, así que no estamos habituados a observarlos.

En la expresión fenotípica de los ejemplares masculinos se pueden observar algunos atributos, aunque en menor cantidad en comparación a los femeninos. Al igual que en las plantas hembra, debemos prestar atención a los posibles síntomas de intersexualidad ya que en los varones también puede darse. Una planta intersexual debe ser descartada para evitar aportar esta cualidad a su descendencia. El vigor del individuo también puede ser observado y comparado con los demás machos. Escoger ejemplares vigorosos ayudará a trasmitir esa robustez en la herencia genética, siempre y cuando se seleccionen correctamente los parentales de las distintas generaciones filiales. El tamaño de la planta es otra característica observable en los machos. Algunos criadores buscan plantas de porte medio tirando a pequeño, y otros las buscan gigantes. Debemos tener en cuenta este factor y seleccionar los padres según nuestra necesidad. Así como ocurre en las hembras, también podemos observar el tiempo de madurez, es decir, cuánto tarda en completar su ciclo, desde que comienza a florecer hasta que los racimos florales están totalmente maduros.

Hay muchos rasgos que se pueden observar de la estructura morfológica de un macho, pero tienen menor importancia que los que cito anteriormente. Será el tiempo el que te permita mejorar tu agudeza visual en este aspecto. Sé que es algo que siempre repito, pero lo considero importante como cultivador a la hora de hacer un buen trabajo con nuestras plantas. Cada día intento mejorar mi agudeza visual y fijarme en nuevos detalles. Esta planta es un mundo, y sorprende cuánto se puede aprender cada día de ella.

La dificultad llega a la hora de seleccionar los otros rasgos, aquellos que no podemos detectar en la morfología de la planta. Como puede ser el sabor, el olor o la forma de las flores. Para poder observar estas cualidades, tenemos que observar la descendencia que cada varón genera. Será en las generaciones filiales donde veamos qué rasgos está aportando cada ejemplar, razón por la que la tarea de selección de parentales masculinos acaba siendo bastante laboriosa.

Para poder trabajar cómodamente y poder hacer una buena selección de varones, simplemente hay que tenerlo todo muy ordenado y organizado. Supongamos que tenemos 2 armarios destinados a la crianza cannábica, (en el número 119, el de Abril, hablaba sobre lo que se necesita para llevar a cabo una crianza casera). Uno lo utilizaremos para las hembras y otro para los machos. En este hipotético caso, vamos a tener que seleccionar entre 12 varones. Lo que haremos será poner 12 clones de una misma madre en el armario que queramos destinar a las hembras. Es importante que los individuos femeninos provengan de la misma madre. Si pusiéramos hembras de distintas madres, aunque fueran de la misma variedad, podrían tener un genotipo distinto, y por tanto interferir en la observación de los resultados.

En el otro armario de cultivo, pondremos los 12 machos que en este caso hipotético hemos decidido seleccionar. En las semanas de crecimiento, si la variedad que estamos seleccionando es bastante inestable, ya podremos descartar ejemplares que no muestren un correcto desarrollo. Obviamente, los descartes van a ser en comparación a sus hermanos, ya que no tiene ningún sentido comparar entre variedades distintas (me refiero a ejemplares de cultivos anteriores que recuerdes o creas recordar).

Personalmente, te aconsejo someter a cualquier planta que estés seleccionando a distintas condiciones de estrés. Por ejemplo dejarlas varios días sin regar hasta que se “poche”, o mantenerlas a oscuras durante 5 o 6 días. También puedes probar el sistema de raíces intentando aumentar el abono hasta que notes que comienza a mostrar  excesos en sus hojas. Estos son solamente unos ejemplos, sin embargo hay muchas pruebas de estrés a las que puedes someter tus ejemplares a seleccionar.

Algunos cultivadores suelen tener en cuenta solamente el resultado final, dejando de lado la fortaleza y resistencia de una variedad, y dando máxima prioridad a la calidad y cantidad. A mi parecer, y esto es algo bastante personal, cometen un error. Si seleccionamos un ejemplar que dé un fruto exquisito, con mucha producción, pero cuyo metabolismo es débil haciéndolo propenso a las plagas o enfermedades, tendremos un ejemplar que finalmente nos va a molestar en el cultivo. Es importante encontrar el equilibrio entre la producción final y el desarrollo para conseguir un buen resultado. Si sometemos a los ejemplares a seleccionar a estas situaciones de estrés antes de conseguir el producto final, nos vamos a forzar a seleccionar la mejor expresión del genotipo, entre los ejemplares que facilitan llegar al mismo, descartando aquellos que peor resistencia y fortaleza muestren.

La morfología de una planta masculina es ligeramente distinta a la de una hembra por norma general, aunque en muchos casos no es así. En su patrón de crecimiento se puede apreciar que el espacio que hay entre los nudos es bastante más amplio que el de las hembras. Su velocidad de crecimiento es también bastante mayor, lo que podría deberse a la necesidad del varón de estar un poco por encima de los ejemplares hembra para que el viento ayude a repartir su polen, y así poder fecundar el mayor número de pistilos posible.

El tallo y las ramas suelen ser mucho menos recios, lo que posiblemente se deba a que una hembra necesita de una estructura más bien robusta, pues su parte aérea debe poder soportar el peso de las flores acompañado de las incidencias climáticas, como el viento fuerte.

En su parte subterránea la planta masculina también es distinta. Suele tener unas raíces mucho más amplias intentando abarcar más terreno, sin embargo la densidad de su sistema radicular es mucho menor al de una hembra, teniendo un menor número de raíces terciarias. Como ya he explicado con anterioridad, todo lo que ocurre en la zona radicular de la planta se verá reflejado en la parte aérea. Debido a que la hembra necesita aguantar más peso y crear una estructura aérea mucho más robusta, el sistema de raíces se ocupa de crear el mayor número posible de ellas para así poder resistir el viento y el peso de las flores. Como el sistema radicular en la planta masculina es menos denso, nuestro varón tenderá a espigarse y no concentrará su energía en ramificarse como una hembra sino en ganar altura para poder polinizar con la ayuda del viento.

Como ya he dicho, estas diferencias suelen darse en la mayoría de casos, pero no en todos. Obviamente, esta observación la debemos hacer entre ejemplares de ambos sexos, pero siempre la misma variedad.

Una vez se haya seleccionado los ejemplares masculinos más fuertes y con las características que mejor se adaptan a tu necesidades, es hora de recoger el polen. Es importante numerar cada muestra de polen tomada para saber a qué individuos corresponden. Por supuesto, de cada macho deberemos tener un clon para quedarnos con la copia del padre seleccionado, y esta deberá estar etiquetada coincidiendo con el número de la muestra tomada.

Normalmente, el ciclo de floración de un macho es más corto que el de una hembra, factor que hará que podamos comenzar a extraer polen un poco antes de que lo necesitemos. Deberás guardarlo de la forma correcta. No quiero centrar mucho la atención en la conservación del polen. Basta decir que puedes guardarlo en un congelador (si tiene tecnología no-frost mejor) y en un recipiente hermético para evitar que se humedezca demasiado.

Pero ¿Cuándo es el mejor momento para polinizar tu hembra?

El polen masculino viaja por el aire y es atrapado por las hembras. Si un grano de polen toca uno de los pistilos, el cáliz que lo contiene quedará fecundado y comenzará la producción de la semilla.

Es importante que nuestra polinización se realice en el momento idóneo: si polinizamos demasiado pronto o demasiado tarde estaremos perdiendo gran parte de la producción de semillas. Como comentaba, el pistilo es el encargado de atrapar el polen del aire y conducirlo hasta el cáliz, donde la información genética se mezclará y dará lugar a la semilla de nuestra nueva variedad. Asimismo, también será nuestro guía para escoger cuándo efectuaremos la polinización.

El momento óptimo para llevar a cabo dicha acción es justo antes de que el pistilo comience a degradar. Como puedes ver en la imagen, las puntas de los pistilos están comenzando a secarse. Es en esta fase cuando deberemos proceder a la polinización de nuestra hembra.

En el caso que estábamos reconstruyendo, vamos a suponer que nos quedan los 12 machos para proceder a la polinización. Ya hemos extraído previamente el polen de cada uno de ellos, así que ahora procederemos a coger cada una de las hembras y llevarlas a un cuarto separado del resto. Tenemos que cerciorarnos de que en dicho habitáculo no haya corrientes de aire que hagan que nuestro polen vuele y podamos perder cantidad. Además, apartándonos evitaremos contaminar las otras plantas con éste y que así se mezclen las descendencias.

Con un pincel normal de pintar, de los que encontramos en los bazares a setenta y cinco céntimos, espolvorearemos todos los pistilos posibles. Recuerda que con que un granito de polen fértil toque el pistilo es más que suficiente para fecundar el cáliz. Así que probablemente te acabe sobrando polen de cada ejemplar que puedes guardar en el congelador para repetir el cruce con la mejor descendencia. Cada vez que repitas esta acción, es aconsejable que limpies las superficies e instrumentos con abundante agua: de esta forma evitaremos que se mezclen los distintos pólenes.

Normalmente, la semilla se puede recoger entre cuatro y seis semanas después de haber polinizado. Es recomendable recogerlas cuando se muestran bastante oscuras, aunque no importa si se recogen un poco jóvenes, ya que después de recogerlas necesitarás dejarlas curar durante un tiempo. A partir de los veinticinco días comienzan a ser viables, sin embargo el porcentaje de viabilidad estará en su punto álgido pasado el primer mes y medio. Durante este tiempo las que se hayan recogido un poco antes terminarán su maduración, siempre y cuando se guarden en un lugar oscuro y fresco.

En el caso de querer producir semillas feminizadas el proceso es un poco distinto y bastante más sencillo. Para obtenerlas tenemos que escoger una hembra y revertir su sexo. Ya sabemos cómo escoger un buen ejemplar femenino, así que solamente tenemos que elegir el que más se adapta a nuestra demanda, y comenzar a invertir su sexo para que desarrolle flores masculinas que producirán polen feminizado.

Para que un ejemplar hembra muestre el fenotipo masculino, debemos aplicar un elemento externo que provocará un cambio hormonal modificando las cantidades de giberelinas y etileno, que son las sustancias responsables de indicar a la planta qué gametos desarrollar, si femeninos o masculinos.

Generalmente se utiliza tiosulfato de plata (STS) para modificar la cantidad de estas hormonas.  Como es un tema del que ya se ha hablado considerablemente en Cannabis Magazine, te dejo el enlace a un artículo de Nvidia, publicado en la página web de esta revista y que te explica cómo obtener STS casero: http://bit.ly/STSCaseroCM

El resto del proceso es igual que con las plantas de sexo masculino, hay que polinizar las distintas hembras de la misma madre para determinar cuál es la mejor hembra a revertir. Buenos humos.