A medida que más estados legalizan el cannabis recreativo y medicinal, se enfrentan a la realidad de que la producción de cannabis implica el uso de grandes cantidades de pesticidas, energía y agua, a la vez que genera toneladas de residuos de plantas y envases. El resultado implica a un mosaico de regulaciones sobre el aire, el agua, los pesticidas y los desechos industriales en docenas de estados, aun cuando la sustancia sigue siendo ilegal a nivel federal.

Estados como Michigan, donde el Organismo Regulador de la Marihuana comenzará a aceptar licencias comerciales en noviembre, han adoptado normas sobre cuestiones como las aguas residuales industriales, los recursos hídricos y la ordenación de tierras para los cultivadores de cannabis. Illinois, que legalizó el cannabis recreativo este año, tendrá en cuenta la planificación ambiental -incluyendo los esfuerzos de conservación y eficiencia- en su evaluación a la hora de otorgar permisos a los centros de cultivo. Colorado, primer estado en permitir el uso recreativo del cannabis en 2014, está ajustando algunos elementos de sus regulaciones ambientales y de sostenibilidad del cannabis.

Bloomberg Environment del 19 de julio de 2019

Fuente IACM