Continuamos con estos contenedores de cultivo multiuso que permiten el uso de arlita como sustrato, y que presentan la innovación de ser transpirables, en lugar de tener una estructura sólida o rígida como el plástico, material usualmente utilizado para el cultivo en arlita. Una gran diferencia que influye directamente sobre la cantidad de raíces producidas y su facilidad para acceder a la solución nutriente.

Texto: Luis Hidalgo

En ocasiones nos encontramos con algunos productos para cultivo que proceden de la agricultura general, como es el caso del que estamos analizando en este capítulo, y que aplicados a la cannabicultura funcionan a las mil maravillas. Vamos a terminar con la historia sobre el desarrollo de estos innovadores contenedores o “macetas” de tela, los Smart Pots, para a continuación comenzar con las técnicas de cultivo más adecuadas para su uso con arlita.

El final de la historia

A lo largo del capítulo anterior hemos visto en parte cómo fue desarrollado este tipo de maceta a partir de la experiencia en el cultivo de distintas especies vegetales, incluyendo árboles frutales. Recordemos que todo está basado en el principio de que las raíces se oxidan al alcanzar y atravesar los bordes de la maceta, y entrar en contacto con el aire, lo que provoca una mayor ramificación del sistema radicular y permite que se aproveche mucho mejor todo el espacio interior del contenedor. Se llega a formar una “bola” de raíces, al tiempo que la transpiración evacua la temperatura que se produce en el interior de la maceta hacia fuera.

A la hora de cultivar en exterior, nos permite hacer con nuestras queridas plantas lo que hacen los agricultores de árboles frutales, es decir, trasplantes de suelo a suelo. Esto quiere decir que podemos meter las plantas en los Smart Pots con arlita, cultivarlas en interior o en exterior, y posteriormente trasplantar a tierra madre. No solo eso, sino que una vez están en el suelo, podemos “retrasplantarlas” sin problema a otro lugar, e incluso volver al cultivo solo en arlita. Esto sucede porque la “bola” principal de raíces se encuentra siempre dentro del contenedor, que es atravesado sólo por pequeños capilares.

Estos capilares son los que seguirán extendiéndose por el sustrato tras unos días después del trasplante al suelo. Al encontrarse la masa principal del sistema radicular protegida por el contenedor, podemos cavar alrededor de este y separarlo de la tierra con gran facilidad y casi sin sufrimiento para la planta. A partir de ahí se pueden trasplantar de nuevo a otra localización o continuar el cultivo en el Smart Pot de manera autónoma. Por supuesto, si éste estaba lleno de arlita, podremos continuar el hidropónico sin ningún problema tras su fase en tierra/suelo.

Por supuesto, cuanto mas grande sea el contenedor, menos impacto tendrán los posibles trasplantes sobre el tiempo de recuperación de las plantas. Por ejemplo, en uno de 15 galones (1 galón = 3,8 Litros) o 57 litros -de los cuales usaríamos unos 50 litros de sustrato ya sea tierra, arlita, mapito u otro cualquiera-, la cantidad de raíz que llega a colonizar el interior del contenedor es tan grande que las plantas ni se enterarán del trasplante o de la extracción del suelo.

Retomando la historia de cómo fueron creados estos contenedores, tras llegar a la versión Pro de Smart Pot que permitía cultivar plantas de manera independiente o bien en tierra madre y/o sobre el suelo (sin enterrar), tras lo visto en la entrega anterior, Kurt decidió optimizar aún más el diseño de su “invento” para poder cultivar plantas acuáticas en fuentes, estanques o acuarios. En ese momento, su compañía pasó a llamarse “High Caliper” (“Alto Calibre”), haciendo referencia a lo muy “afinados” que se encontraban sus contenedores para el cultivo de cualquier tipo de vegetal, incluido, por supuesto, el cannabis. La empresa pertenece a casi todas las asociaciones de cultivadores en los EE. UU., y forma parte, desde hace unos veinticinco años, del “American Standard for Nursery Stock”, que se encarga de regular los formatos y utilidades de los contenedores susceptibles de ser usados como elemento de transporte y/o trasplante de especies vegetales, por lo que participa en distintos patrocinios y proyectos con distintas universidades.

Tras la última innovación, y a través de las pruebas realizadas por distintos clientes y amigos, quedó claro que, si se podían cultivar plantas acuáticas en aquellas macetas de tela, también se podrían usar para sistemas hidropónicos. Y así fue como se introdujeron en el campo del cultivo con arlita u otros sustratos inertes, no ya para cultivos en indoor, sino para su uso en exterior como hidropónicos puros.

Cultivando en interior

El cultivo con arlita en interior con estos contenedores es prácticamente como si lo hiciéramos en tierra, con las particularidades relacionadas con el ciclo de riegos que se suelen aplicar a la arlita, y que veremos más adelante.

Lo primero que nos sorprende al ver las “macetas” de tela es el hecho de que no tienen los típicos agujeros de drenaje de las macetas de plástico, que sirven para evacuar el exceso de agua del fondo en el caso del cultivo en tierra, y como vía de salida de la solución nutriente en los sistemas hidropónicos. Lo que sucede en este caso es que todo el fondo del contenedor es como un gran agujero de drenaje, hasta el punto de que permite pasar el polvo de la arlita. Lo podemos ver en la foto, donde estamos lavando la arlita dentro del propio contenedor y se aprecia cómo se evacuan los restos por debajo con el arrastre del agua.

Para el cultivo de prueba hemos metido veinte Smart Pots de un galón (3,8 litros) con arlita para cultivo de BioBizz, debajo de un foco de 600W de vapor de sodio, y dentro de ellos sendos esquejes de Northern Lights de una madre seleccionada de entre treinta hembras del banco Vision Seeds, de estructura medio columnar y ramificación ligera. Recordemos que el número de plantas a cultivar en un metro cuadrado depende, además del tamaño de la maceta, del tipo de ramificación de la variedad que estemos trabajando, pues no será igual una sativa que ramifica como “loca” y que se estira con facilidad en busca de la luz, que una índica más o menos pura que deja de crecer a los pocos días de entrar en floración.

Como ya hemos visto a lo largo de la serie, lo primero de todo es lavar la arlita para eliminar los restos de polvo y ajustar su pH, que suele ser bastante alto, por encima de 8 en algunos casos. Usualmente, cuando cultivamos con sistemas “llave en mano” solemos lavar toda la arlita de una vez, y a continuación, o bien acondicionamos su pH también de una vez, o bien lo vamos haciendo ya con ella en las macetas aún sin plantas, haciendo circular por el sistema agua con el pH ajustado a 5,5 durante un día o dos, hasta que al recoger el agua de salida dejemos de observar subidas fuertes de más de un punto, es decir, un máximo de 6,5.

Sin embargo, usando Smart Pots es mucho mejor realizar el proceso individualmente. Por un lado, resulta bastante más cómodo ir lavando la arlita dentro de cada maceta, lo que se puede hacer con la ducha, una manguera o el grifo de la cocina. Es conveniente ir removiendo la arlita según la “bañamos”, y si usamos agua templada, a unos 35ºC, el proceso resultara más rápido al desprenderse el polvo con más facilidad y ser evacuado a mayor velocidad, ya que el poro de la tela de la base parece dilatarse ligeramente con el agua a esta temperatura, lo que permite una mejor salida. Posiblemente a más temperatura se facilite aún más la evacuación, pero a esta que indicamos nos ha parecido suficiente. Además, el agua más caliente tal vez pudiera dañar de alguna forma el tejido de la maceta.

 

Iniciando la aventura

Cómo es lógico, hemos preparado otro cultivo de control para poder comparar de forma fehaciente si realmente existen diferencias en los resultados finales. Este cultivo lo realizamos en un sistema casero intentando emular a las Smart Pot con otras veinte plantas en un metro cuadrado, en idénticas condiciones de iluminación, ventilación, temperatura, etc. Usaremos bolsas de cultivo de PVC de 5 litros, a las que realizamos algunos orificios más en la base, aparte de los que traen de serie. En concreto, de seis a ocho agujeros, distribuidos de manera uniforme, serán suficientes. Trabajaremos en un régimen de máxima productividad y haremos la estimación final por el total de peso en seco obtenido en cada sistema.

Una vez lavada la arlita, pasamos a su acondicionamiento para estabilizar su pH. De nuevo, para las bolsas de cultivo de plástico podemos hacerlo de una vez; por ejemplo, en una bañera, dejando toda la arlita ya limpia de polvo, sumergida en agua a 5,5 de pH, unas 48 horas. En cambio, para los Smart Pots recomendamos encarecidamente realizar esta tarea con la arlita dentro del contenedor, igual que hicimos con el lavado. El motivo no es otro que, si bien el material “fabric” del que están hechas es en principio inerte, resulta conveniente estabilizarlo también, cosa que no sucede si utilizamos tierra, ya que esta y los riegos posteriores se encargan de conseguir un pH “tampón”, es decir, con la fuerza suficiente para que el valor general no se vea influido por una posible fluctuación del valor de la tela del contenedor. En las bolsas de plástico también podemos realizar así el proceso de estabilización de la arlita si nos resulta más cómodo, si bien en este caso no existe ninguna influencia por parte del contenedor, ya que las raíces nunca lo atravesarán, lo que imposibilitará cualquier tipo de intercambio iónico o catiónico.

Para aquellos lectores que ya utilizan bolsas de cultivo, les hacemos notar que, aunque el instinto nos quiera llevar a hacer un montón de pequeños orificios en ellas con un alfiler -por ejemplo, al objeto de emular el “air prunning” o poda aérea que veíamos en el número anterior-, debemos evitar esto, ya que, como podemos ver en la foto, y por propia experiencia, podemos asegurar que el agua se sale a pequeños chorros por todos los agujeros, y el sustrato, de tierra o inerte, se seca a una velocidad de vértigo. Esto hace que sea muy poco útil, ya que tampoco se consigue el efecto de oxidación de las puntas del sistema radicular, porque estas tienen que “encontrar” por casualidad alguno de los orificios realizados en su camino.

Como para regar usaremos un sistema de bombeo simple con recirculación de la solución nutriente, vamos a aprovecharlo para el proceso de estabilización de la arlita, para lo cual montamos ya los dos cultivos en vacío, esto es, sin plantas. El circuito es muy sencillo: una bandeja de cultivo de un metro cuadrado, encima de una tabla que se apoya en dos o tres caballetes. La mesa debe tener orificio de desagüe, así que le daremos una ligera inclinación para que el agua vaya hacia él, y justo debajo pondremos el tanque o depósito de solución nutriente. Recomendamos un mínimo de cincuenta litros.

Dentro del taque, una piedra difusora que conectada a una bomba de aire mantendrá la SN bien oxigenada, y una bomba de agua, ya sea de acuario o de las de achique, a la que conectaremos un trozo de tubo o manguera cerrado por el otro extremo con un tapón de los que venden a tal efecto. De dicho tubo o manguera saldrán los veinte microtubos, uno por planta, en cuyo extremo se coloca una piqueta o gotero que pincharemos en cada contenedor. A continuación, llenamos el tanque de agua y le añadimos un 0,1% de agua oxigenada; ajustamos el pH a 5,5, conectamos la bomba y dejamos el sistema funcionando. Cada hora miraremos el pH, y si ha subido lo volveremos a corregir. Al cabo de unas veinticuatro horas ya debería haberse estabilizado sin más subidas en las lecturas.

Una vez que tenemos controlado el pH, llega el momento de poner los esquejes, que previamente habremos enraizado en lana de roca, o en alguno de los muchos sistemas de propagación hidro o aeropónica disponibles en el mercado.

En la próxima entrega terminaremos de analizar los dos cultivos con todos los pormenores vistos a lo largo del ciclo de vida de las plantas, y los resultados no sólo en cosecha, sino también en facilidad de uso, manejabilidad y otros factores que son importantes en un cultivo y a veces olvidamos. Hasta entonces, un saludo.