El recurso natural más importante de todos los que disponemos en una producción agraria es el suelo. Es el soporte y el sustento físico-químico de los cultivos. Es el mayor activo con el que cuentan los cultivadores a la hora de desarrollar su actividad. Puede conservarlo e incluso mejorarlo empleando las prácticas agrícolas y de fertilización adecuadas y es que la fertilización no debe limitarse a restablecer los nutrieazntes consumidos por las plantas cultivadas sino también debe permitir el desarrollo de las mismas y mantener la fertilidad y optimización del suelo para las generaciones venideras en el futuro.

Por Víctor Bataller Gómez (www.trabe.info)

Nitrógeno líquido

Según estudios recientes publicados en el Inventario Europeo de Emisiones, más del 90% de las emisiones totales de amoniaco en el aire provienen de la agricultura. La volatilización del amoniaco supone una pérdida directa de nitrógeno y por lo tanto una carga ambiental significativa. El amoniaco volatilizado se difunde por la atmósfera provocando la acidificación y la eutrofización (enriquecimiento injustificado de nutrientes) del suelo y del agua.

La urea y otras soluciones nitrogenadas presentan mayores pérdidas por volatilización que el nitrato amónico. Estas pérdidas pueden reducirse si se realiza la incorporación inmediatamente antes de ser utilizados por las plantas, algo que es viable solo en cultivos sembrados en primavera y siempre y cuando no se apliquen en superficie.

Se deben evitar elevadas concentraciones de nitratos en las aguas subterráneas y en las superficiales. La Unión Europea estableció su límite máximo en 50 mg/l ya que están detrás de la causa en la aparición de algunos cánceres. La lixiviación del nitrato es independiente de la fuente de nitrógeno y puede proceder incluso de la materia orgánica del suelo, del estiércol y de los fertilizantes órgano-minerales, pero se puede reducir realizando unas buenas prácticas agrícolas.

La lixiviación de los nitratos se produce cuando el suelo está saturado de agua y el nitrato se desplaza fuera de la zona radicular por percolación del agua de lluvia o de riego. El nitrato no se fija a las partículas del suelo y permanece en la solución del suelo donde se mueve libremente con el agua. Por el contrario, el amonio se fija principalmente a las partículas de arcilla en el suelo por lo que es menos propenso a la lixiviación.

La urea se transforma en amonio rápidamente a través de la hidrólisis y posteriormente pasa a nitrato por la acción de la microfauna y microflora del suelo produciendo emisiones incluso fuera del periodo de crecimiento de los cultivos. De hecho la mayor parte de las pérdidas de nitrato por lixiviación se producen fuera del periodo de cultivo durante el invierno. Por lo tanto, el objetivo principal es minimizar la concentración de nitrato en el suelo al final de este periodo. La aplicación de nitrógeno para obtener su rentabilidad económica más alta permite alcanzar el rendimiento adecuado además de reducir significativamente la concentración de nitrato en el suelo después de la cosecha y, por lo tanto, el riesgo de lixiviación. La dosis óptima de nitrógeno permite minimizar el nitrógeno residual y el riesgo de que pase a aguas para consumo doméstico y agrícola.

Se puede reducir la lixiviación determinando el contenido de nitrógeno mediante análisis, muestreos y fraccionando sus aplicaciones, ajustando su dosis a las necesidades reales del cultivo, manteniendo la estructura porosa del suelo, favoreciendo un sistema radicular extenso y profundo, tomando el nitrógeno residual mediante cultivos de cubierta como el trébol forrajero, garantizando una nutrición equilibrada y utilizando fertilizantes de alta calidad.

El impacto en el cambio climático de un fertilizante puede medirse por su “huella de carbono”, que se expresa en kilos de CO2 equivalente por kilo de nitrógeno producido y se refiere a la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por la actividad directa o indirecta de un individuo, organización, evento, sustancias, proceso industrial, etc. No obstante, para comprender el verdadero impacto climático de un producto es necesario realizar un análisis del ciclo de vida desde su producción hasta su absorción por las plantas.

El análisis de ciclo de vida de los fertilizantes determina las emisiones y absorciones de gases de efecto invernadero durante la producción, transporte y almacenamiento del fertilizante, así como durante su aplicación y el crecimiento del cultivo. Para poder comparar los distintos gases de efecto invernadero se convierten a CO2 equivalentes (CO2-eq).

Los distintos tipos de fertilizantes tienen distintas huellas de carbono. La urea emite menos CO2 durante su producción que el nitrato amónico. Tras la aplicación, esta diferencia se revierte ya que la urea libera el CO2 que contiene su molécula. De media, se espera que el suelo libere más N2O después de la aplicación de urea en comparación con otro fertilizante nitrogenado, por lo tanto, la huella de carbono de todo el ciclo de vida es superior para la urea que para otros fertilizantes nitrogenados.

El nitrógeno debe estar disponible en cantidad suficiente para no limitar el crecimiento de las plantas ni su rendimiento. No obstante, un exceso de nitrógeno que exceda las necesidades a corto plazo puede liberarse al medio ambiente o producir un consumo injustificadamente alto. Ajustar de manera precisa la disponibilidad de nitrógeno a las necesidades de la planta en cada momento, permite maximizar el rendimiento, reducir el impacto ambiental y optimizar los beneficios.

La aplicación fraccionada se considera una práctica adecuada en la mayoría de las condiciones. Los fertilizantes que ofrecen una liberación previsible del nitrógeno asimilable por las plantas, son más apropiados para la aplicación fraccionada. Así sucede con el nitrato amónico y el nitrato amónico cálcico, pero en general no con la urea. La hidrólisis y las pérdidas por volatilización de la urea dependen notablemente de las condiciones climáticas después de la aplicación, en especial de las precipitaciones, por lo que es imposible predecir de forma fiable si va a proporcionar un suministro de nitrógeno excesivo o insuficiente.

Solo se debe aplicar el producto apropiado, en la dosis apropiada, en el lugar apropiado y en el momento apropiado. Los fertilizantes con liberación de nitrógeno fiable, conocida y con características de aplicación precisas, reducen las pérdidas y mejoran la absorción por las plantas siempre y cuando se cumplan estas premisas.

Una aplicación uniforme de los fertilizantes garantiza un suministro óptimo de nitrógeno y las maquinarias de precisión en la agricultura permiten mejorar la aplicación de fertilizantes. La tecnología basada en los sensores permite a los agricultores controlar, en tiempo real, la aplicación de los fertilizantes y ofrece información continua del suministro mediante GPS. Las necesidades de nitrógeno de la planta se miden regularmente durante la aplicación y, cuando se utilizan para la aplicación homogénea de fertilizantes nitrogenados, garantizan el máximo rendimiento con la mínima cantidad de nitrógeno.

El efecto acidificante que los fertilizantes nitrogenados pueden tener en determinados suelos debe corregirse aplicando caliza, por ejemplo. La utilización de fertilizantes nitrogenados de alta eficiencia reduce la posible acidificación y la necesidad de utilizar cal. Los fertilizantes como el nitrato amónico cálcico, que contienen caliza o dolomita, permiten un ahorro adicional en costes y tiempo.

Como recordatorio, podemos repasar los síntomas en la deficiencia de nitrógeno: se reduce y retrasa el crecimiento de la planta, disminuye el número de semillas y su peso, lo que se traduce en un menor rendimiento. La falta de nitrógeno reduce la cantidad de flores y acorta el periodo de floración y la actividad fotosintética, debido a que aumenta la producción de ácido abscísico. Limita el contenido de proteínas de las semillas. Otros síntomas de deficiencia se manifiestan en una disminución en la longitud, ancho y área de la hoja, tallos más cortos y delgados, plantas atrofiadas y con poco vigor.

El nitrógeno es un nutriente móvil dentro de la planta, siendo transportado a órganos más jóvenes, razón por la cual se producen cambios en el color de las hojas, a un color verde amarillento en las de más edad y verde pálido en hojas más jóvenes (clorosis) comparado con un color verde oscuro que presentan las plantas con un contenido adecuado de este nutriente. De este modo, los síntomas aparecen primero en las hojas más antiguas, las cuales dejan de funcionar en forma prematura. En algunos casos las plantas que carecen de nitrógeno, muestran en las hojas más antiguas un color rojizo o rojizo violeta, acompañado de un color verde amarillento en la planta entera, con muerte de tejidos en la punta y márgenes de las hojas, las cuales se ponen de color café.

Sin embargo, altas dosis de nitrógeno aumenta el contenido de proteínas pero disminuye su calidad. Es evidente que la fertilización nitrogenada debe ser optimizada para obtener un equilibrio entre producción y calidad de semilla. El exceso de nitrógeno en el suelo, causado por una sobredosis de fertilización nitrogenada causa también problemas de semillas verdes al retardarse la madurez del cultivo y una mayor susceptibilidad a enfermedades y ataques de insectos como los pulgones.

Es muy importante saber abonar porque, al igual que nosotros, las plantas son lo que comen. Recientemente se ha publicado un estudio de la ONU que afirma que una mala alimentación rica en proteínas y grasas saturadas es más perjudicial que el consumo frecuente de tabaco. ¿No os habéis preguntado nunca si todos los problemas que tenéis en vuestros cultivos es porque la fertilización que empleáis no es la adecuada?.

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