El 5 de enero de 1940, el presidente de México Lázaro Cárdenas hizo algo verdaderamente revolucionario para su época: despenalizó la venta y la compra de pequeñas cantidades de drogas, incluida la marihuana. Te contamos cómo ocurrió.

El pasado 5 de marzo, el senado de México tomó una decisión histórica: despenalizar el uso recreativo de la marihuana en el país, a propuesta del secretario de turismo. La despenalización definitiva de la planta llega tres años después de la aprobación del uso medicinal de la marihuana.

Un momento. ¿Hemos escrito “histórica”? En realidad, la medida llega con 80 años de retraso. México fue en 1940 el primer país del mundo en legalizar no sólo la marihuana, sino otras drogas, y dispensarlas en despachos públicos a lo ancho del país. Por desgracia, aquella medida sólo estuvo en vigencia unos meses, porque la presión de Estados Unidos llevó al gobierno mexicano a recuperar la legislación prohibicionista anterior, abortando un enfoque innovador y audaz en el siempre espinoso “problema de las drogas”.

El impulsor del Reglamento Federal de Toxicomanías fue el presidente Lázaro Cárdenas, quien aprovechó su último año de mandato, 1940, para eliminar la figura del delito por el consumo, posesión y venta de drogas, según podemos leer en la web del propio Gobierno de México.

Lo realmente innovador de la citada normativa es que los consumidores de drogas recreativas –incluyendo la marihuana- dejaron de ser consideradas como criminales y se les pasó a la categoría de enfermos: “Atraer al adicto —en lugar de perseguirlo—, registrarlo y someterlo a tratamiento médico y psicológico (…) constituirá un medio fundamental para combatir la adicción”.

En sintonía con esta revolucionaria mentalidad, el Estado monopolizó la venta de drogas, y el tráfico ilícito continuó siendo perseguido por la ley. Se trata de una estrategia similar a la implementada por Uruguay en 2014, donde el Estado se convierte en cultivador y dispensador único de la marihuana.

Con la puesta en marcha del Reglamento Federal de Toxicomanías se abrieron dispensarios que estaban a cargo del Departamento de Salubridad Pública y cuya meta era suministrar dosis, a manera de tratamiento, a las personas que tenían dependencia a alguna sustancia psicoactiva. El primero de estos dispensarios se ubicó en la Ciudad de México.

La innovadora medida del gobierno de Cárdenas fue recibida con reticencia por la prensa y la opinión pública de la época, que temía una ola de delitos al reducir el precio de la droga y aumentar su calidad. La realidad, sin embargo, fue muy otra: los precios bajaron, hundieron a los traficantes de Ciudad de México y el consumo no aumentó, como dejan constancia los historiadores de la época.

El “amigo” americano del norte

El Reglamento Federal de Toxicomías sólo estuvo vigente durante seis meses, debido a la fuerte presión que el gobierno mexicano recibió del gobierno de EE.UU., más concretamente del “zar antidrogas” Harry J. Anslinger -primer comisionado de la Oficina Federal de Narcóticos, germen de la DEA-, uno de los personajes más reaccionarios y relevantes del prohibicionismo.

“Aunque México presentó su postura ante la Liga de las Naciones en 1939 y fue secundado por algunos países, la apuesta mexicana fue duramente criticada por Anslinger, quien se opuso tajantemente a la iniciativa”, detalla el citado artículo del Gobierno de México.

No es casualidad que la prohibición del cannabis en Estados Unidos tuviera lugar en los años 30, en pleno auge de la inmigración de trabajadores mexicanos hacia el vecino del norte. Estados Unidos decreta la Marihuana Tax Act en 1937, y pone a los mexicanos –grandes consumidores de “mota”- en el punto de mira de la legislación prohibicionista. En este sentido, y tal y como señala Antonio Escohotado en su ‘Historia General de las Drogas’, la prohibición del cannabis tuvo un trasfondo claramente racista.

Auge y caída de la “mariguana” en México

La marihuana fue llevada por los conquistadores españoles a México. Su uso medicinal estuvo relativamente extendido durante el virreinato. Tras la independencia, en 1821, la mota empieza a fumarse como una sustancia lúcida.

Sin embargo, a mediados del siglo XIX empieza a percibirse como algo maligno y peligroso. Tal y como señala el escritor Jorge García Robles en la revista Milenio, la marihuana fue “incluida en el catálogo de los enemigos de la nación como una de las peores amenazas para la salud”. Inopinadamente, y sin que existiera ningún detonador aparente, México se convirtió –mucho antes que EE.UU.- en el primer país en prohibir la marihuana.

“¡La mariguana es mala, maléfica, aciaga y siniestra, mata, aniquila, devora, agarra los rabos, los zarandea y arroja los cuerpos a las calderas humeantes del infierno!”

México fue pionero en la prohibición y, un siglo más tarde, también pionero en la legalización de la marihuana. El proyecto reformista de Lázaro Cárdenas durmió durante 80 años el sueño de los justos y, por fin, de nuevo los mexicanos pueden fumar su querida “mota” sin sentirse unos criminales.

¡Viva México, cabrones!

Fuente Lamota.org