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Con Lumír Hanuš, descubridor del primer endocannabinoide y referente mundial del cannabis para el tratamiento de enfermedades

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El investigador checo estuvo en Uruguay para dar dos conferencias sobre cannabis medicinal, una en el Clemente Estable y otra en la conferencia anual de la red de biotecnología latinoamericana Redbio.

El marco legal vigente coloca a Uruguay en un sitial de privilegio para avanzar en la investigación sobre el uso medicinal del cannabis y sus derivados. Con esto en mente, Astrid Agorio, investigadora del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, y Alfredo Albin, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, con apoyo del Consorcio de Innovación Sur (Cisur), invitaron a dar conferencias en Uruguay al investigador Lumír Hanuš, quien empezó a trabajar con cannabis en Checoslovaquia en 1970 y actualmente investiga en la Universidad Hebrea de Jerusalén (en Israel se usa cannabis medicinal desde hace un buen tiempo).

Hanuš es un peso pesado en el tema. Comenzó a trabajar en la década de 1970 en la Universidad de Olomouc como asistente de Zdeněk Krejčí, quien en 1955 publicó su investigación sobre el efecto antibacterial de la planta. Durante años cultivó cannabis en un predio universitario para investigar sus propiedades, pero también para obtener extractos que eran utilizados en el hospital universitario y tratar distintas enfermedades. En los años 90, cuando terminaba el régimen comunista y Checoslovaquia daba pasos hacia su división en dos países, Hanuš fue invitado por Raphael Mechoulam a continuar sus investigaciones en la Universidad Hebrea. Mechoulam también es toda una institución en el tema: fue el responsable de aislar y sintetizar el tetrahidrocannabinol, principal componente psicoactivo del cannabis, que conocemos por la sigla THC. En esa casa de estudio Hanuš trabajó con William Devane, investigador que descubrió que en el cerebro tenemos receptores para los cannabinoides. Justamente, la existencia de estos receptores en nuestro cerebro y en otras partes del cuerpo –el cannabis contiene 144 compuestos cannabinoides que están presentes sólo en esa planta– llevó a los investigadores de la Universidad Hebrea a buscar los neurotransmisores para los que la naturaleza los había creado. Así, en 1992 Hanuš y Devane describieron el primer endocannabinoide, es decir, el primer cannabinoide creado por nuestro propio cuerpo.

Con esta carrera, hablar con Lumír es sumamente interesante. Sin embargo, más allá de los hallazgos científicos y de la investigación sobre las propiedades medicinales de la marihuana, Hanuš maravilla también por su profundo humanismo, su pasión por el tema y la cantidad de veces que dice la palabra “felicidad”.

El equipo en el que trabajabas sabía de la existencia de receptores de cannabinoides en el cuerpo, por lo que se pusieron buscar esa molécula generada por el cuerpo humano. Te tomó un año y medio, pero al final hiciste un gran descubrimiento: el primer endocannabinoide. ¿Cómo fue esa búsqueda?

No me gustaría hablar de un gran descubrimiento, porque todo consistió en pequeños aportes al trabajo que ya habían realizado otros. Gran parte del mérito corresponde a los que empezaron desde cero y sentaron las bases. Nosotros partimos desde esa base, por lo que para nosotros fue más sencillo. Yo ya llevaba más de 20 años trabajando sobre el cannabis en Checoslovaquia y estaba en contacto con el profesor Raphael Mechoulam, a pesar de que en varias ocasiones la Policía me advirtió sobre tener contacto con gente en Israel. En el momento en que terminaba el comunismo en Checoslovaquia, Mechoulam me invitó a trabajar con él, así que tuve suerte de no estar en ese momento bajo el control de la Unión Soviética y que fuéramos un país libre. Yo pensé que el profesor me invitaba a trabajar en su equipo haciendo investigación sobre el cannabis, pero en su lugar me invitó a trabajar en aislar compuestos en el cerebro. Luego invitó a trabajar al doctor William Devane, quien lamentablemente falleció el año pasado. Devane había desarrollado un test muy sensible, que le permitía determinar si un compuesto era adecuado para activar los receptores cannabinoides. Así fue como comenzamos ese trabajo. Compramos cerebros porcinos y empezamos con unas columnas enormes de aislamiento. Cada vez que hacía un aislamiento se lo daba a Devane, quien probaba que fuera activo, lo que era como encontrar una aguja en un pajar. Luego de repetir cientos de veces los aislamientos y purificaciones, y de testear su actividad con el receptor, el 22 de marzo de 1992 tenía en un tubo una fracción pura del compuesto. Cuando Devane la probó resultó muy activa. Era muy poco, así que comenzamos a aislar más, hasta que llegamos a tener cerca de medio miligramo. Ese medio miligramo fue suficiente para hacer su identificación. Devane lo llamó “anandamida”, porque él estudiaba religiones de India y en sánscrito “ananda” significa “felicidad”. Le pusimos así, por un lado, por el efecto que produce el compuesto y, por otro, por la felicidad de haber dado con él luego de un año y medio de trabajo tedioso.

El descubrimiento de estos endocannabinoides tuvo un gran impacto.

Al principio, por alrededor de un año, todo siguió igual. Pero luego los papers sobre cannabinoides y endocannabinoides aumentaron exponencialmente. Cuando a los compuestos activos en el cannabis les sumamos la existencia de receptores de cannabinoides y de endocannabinoides, se hizo patente que había un sistema endocannabinoide, ya que los receptores de cannabinoides son uno de los receptores más extendidos en el cuerpo humano. Esa es la razón por la que intervienen en muchas enfermedades: los encontrás en el cerebro, en el bazo, en los huesos en todas partes.

En uno de tus artículos afirmás que hay endocannabinoides incluso en la leche materna.

Sí, totalmente. Por eso es tan importante que los niños sean amamantados por sus madres, ya que eso fortalece su sistema inmunitario. Hay algo muy interesante: en la Edad Media hubo pestes y epidemias en Europa que casi erradican naciones enteras. Al estudiar eso encontraron que los que sobrevivieron fueron las personas jóvenes. Eso no es sorprendente, ya que los jóvenes suelen ser más fuertes. ¿Pero quiénes sobrevivieron entre esos jóvenes? Aquellos que estaban enamorados. Cuando estás enamorado estás muy feliz, y la anandamida interviene en la felicidad. Cuando estás feliz producís estos compuestos que te hacen feliz, que a su vez fortalecen tu sistema inmunológico y te hacen resistente a enfermedades, y eso es muy importante. El sistema endocannabinoide interviene en la homeostasis del organismo, en el balance, y si el organismo está balanceado, estás saludable. Si ese balance se altera, aparecen las enfermedades; y si no estás saludable, inmediatamente el organismo comienza a producir endocannabinoides a demanda para recuperar el balance. Pero las personas tienen diferentes cantidades de receptores de cannabinoides en el cuerpo, así como la producción de endocannabinoides difiere entre distintas personas. Por lo tanto, si las personas no están fuertes y no tienen endocannabinoides suficientes, podrían obtener ayuda de los compuestos presentes en el cannabis y tratarse a sí mismas.

Algunas enfermedades, por ejemplo la depresión, se tratan en algunos casos ayudando o dirigiéndose específicamente a los receptores y productores de neurotransmisores como la serotonina. ¿Por qué, en lugar de producir cannabinoides a partir de las plantas o incluso de crear moléculas inspirados en ellos, no se ha avanzado en la dirección de mejorar nuestra producción de endocannabinoides o de hacer funcionar mejor ese sistema?

Es claro que los endocannabinoides se producen a demanda, por lo que no se producen todo el tiempo. En los años 20 se descubrió la insulina y al año siguiente fue una excelente medicina. En los años 30 se descubrió la cortisona, y también se convirtió en una excelente medicina. La anandamida se descubrió hace 27 años y hasta ahora nunca ha sido usada en humanos. Tenemos muchos voluntarios que quisieran probarla, pero no puedo dársela; eso sólo podrían hacerlo las grandes compañías farmacéuticas.

¿Eso se ha debido a cuestiones legales y económicas o a que se sabe que podría tener efectos adversos?

La anandamida es un compuesto natural producido por el cuerpo, uno podría tratar de aumentar su presencia. Debería probarse, pero no es algo que puedan hacer las universidades, sino las grandes compañías farmacéuticas. Y probablemente no sea algo de interés para ellas. Están tratando de preparar derivados de los cannabinoides y de los endocannabinoides, ya que esos derivados sí pueden ser patentados y les permitirían ganar dinero. Esa es la razón por la que el cannabis no es tan interesante, lo interesante para las big pharma son los compuestos como el CBD [sigla que denomina al cannabinoide cannabidiol], al que ni siquiera llaman por ese nombre sino Epidiolex, y eso es lo que les permite hacer dinero. A mí me gustaría enfatizar que todo lo que he estado haciendo, desde el comienzo, hace 49 años, lo hice por los pacientes. Nosotros nunca quisimos dinero; estábamos felices de poder ayudar y de oír que los extractos que preparábamos en Checoslovaquia eran usados en los hospitales. Nos alegraba también que se publicaran artículos científicos a partir de lo que hacíamos. Si bien no lo hacíamos por dinero, no puedo decir que lo hacíamos por nada, porque ese sentirse bien, esa felicidad por un descubrimiento que ayuda a la gente, vale más que el dinero. De hecho, ser rico no significa que seas feliz. La riqueza es una cosa distinta del dinero: depende de la felicidad propia, de tu familia, de tus hijos, de los amigos, de que puedas ayudar a los demás. Desafortunadamente, hoy la gente piensa sólo en el dinero, que es importante para muchas cosas, desde poder tener un techo a que no les falte nada a tus hijos, pero no es el objetivo de la vida.

Hablás en contra de la búsqueda de beneficio económico como motor de la investigación y de la vida, y dado que venís de un país que era comunista, ¿creés que el comunismo influyó de alguna manera en este marco conceptual en el que la investigación debería estar más pensada en el beneficio del otro que en una valiosa patente?

Las ideas comunistas son buenas. Si leés el Libro rojo de Mao Tse Tung, es bueno. Pero eso es teoría, nunca fue puesto en práctica. En teoría, la religión estaba permitida por ley, pero como mis padres eran religiosos, mi hermana mayor no pudo anotarse en el liceo. Sin embargo, entre la gente había una amistad intensa y una colaboración genuina. Hoy mi país ha pasado del comunismo extremo al capitalismo extremo. En el campo científico antes compartíamos el conocimiento, hoy nadie quiere compartir lo que sabe. Los estadounidenses me dicen: “Lumír, ¿por qué le decís a todo el mundo cómo hacer determinada cosa? Sos un especialista; si sabés lo que ellos no saben, si les decís a los demás cómo hacer todo, no vas a ser nada”. Yo les respondo que me hace feliz compartir mis conocimientos con otros, porque cuando ellos saben lo que yo sé, la investigación se hace más sencilla y puede ir más rápido, y podemos tener resultados antes que podrían ayudar más rápido a los demás. ¿Cómo no compartir entonces lo que sé? Yo sé que hoy se busca que cada uno mantenga sus conocimientos en secreto, pero eso no trae felicidad, porque la felicidad implica dar, no recibir. Cuando le das algo a alguien e inmediatamente te olvidás de que se lo diste, sos feliz.

Hay quienes cuestionan el carácter medicinal del cannabis –y confunden las limitaciones para experimentar con cannabinoides con falta de evidencia científica–; sin embargo, llevás décadas trabajando en el tema, incluso en Checoslovaquia lo cultivabas y se lo dabas a pacientes de hospitales.

Había casos de pacientes que estaban tanto tiempo internados que tenían úlceras por presión que le llegaban hasta los huesos. El cannabis servía para tratarlas, y ese no era cannabis medicinal, sino que lo llamábamos “cannabis técnico”. Todo cannabis es medicinal. A veces necesitás determinada cantidad de tal compuesto; en otros casos, cantidades mínimas de ese mismo compuesto. Ya en aquel tiempo lo probamos, y hoy en Israel seguimos trabajando. Oficialmente, el cannabis medicinal se usa sólo como paliativo; es decir, es posible que haga desaparecer los síntomas, pero no la enfermedad. Sin embargo, también puede curar, pero no todas las veces ni a todos; necesario entender eso. No es una panacea, es una medicina como cualquier otra. Tiene la desventaja de que cada cosecha de cannabis es diferente, pero la ventaja es que tiene efectos secundarios mínimos, nunca tiene más efectos secundarios que las pastillas legales. En Israel se usa como paliativo, y sólo entre 10% y 20% de los pacientes deja de usarlo porque no los ha ayudado o no se sienten bien con su uso. Yo creo que una aceptación de una medicina paliativa de entre 80% y 90% es maravillosa. Los pacientes tienen calambres o dolor, o están lisiados, y como oficialmente es un paliativo, uno no trata la enfermedad, pero permanecen sin síntomas y se sienten saludables. Los pacientes están felices, los médicos están felices, la familia y los amigos están felices, por lo que trae felicidad a un gran grupo de personas. Alguna vez podrás escuchar personas que digan despectivamente que el cannabis es sólo un paliativo, pero ¿cuántos medicamentos legales son curativos? La mayoría son paliativos. Cuando un médico te dice que para tu problema de presión tenés que tomar un medicamento por el resto de tu vida, significa que ese medicamento es paliativo, porque su fuera curativo dejarías de tomarlo luego de determinado tiempo.

Has dicho que para muchas enfermedades el cannabis debería ser la primera opción.

En Israel el cannabis medicinal es recetado luego de que las medicinas legales no le dieron resultado al paciente. Pero para algunas enfermedades, por ejemplo algunas enfermedades raras, debería ser la medicina de primera opción. Está, por ejemplo, el síndrome de Dravet y el caso que se hizo conocido de la niña Charlotte Figi, que tras el uso de cannabis con un alto contenido de CBD comenzó a vivir una vida normal. La esclerosis múltiple sería otra enfermedad, en la que el cannabis produce efectos casi milagrosos. Pacientes que por años estuvieron en silla de ruedas logran levantarse. Incluso me he encontrado con un paciente que me contó que después de una única pitada logró levantarse de su silla y caminar. Será un paliativo, pero funciona.

Has estudiado los cannabinoides gran parte de tu vida. ¿Qué sigue para el cannabis?

Por mucho tiempo he estado en contra de la legalización plena del cannabis. Hoy estoy a favor de ella. ¿Por qué? No por los usuarios recreacionales, sino por los pacientes, porque he visto que les prescriben cantidades paliativas que no son suficientes. Entonces los pacientes que tienen enfermedades a los que el cannabis les es útil tienen que ir al mercado negro a comprar para tener para todo el mes. Por otro lado, en muchos lugares el cannabis medicinal es caro. Con la legalización completa esos pacientes no sólo podrían tener el quimiotipo que necesitan, sino que también tendrían suficiente. Creo que ese paraíso ya ha comenzado.

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