Comienza el año y algunos impacientes cultivadores ya están pensando en cómo plantearán sus exteriores. Barajando las posibles genéticas, empezando a comprar el material necesario, los alimentos, el sustrato, iniciando el montaje de sus “infraestructuras”, por simples que estas sean, etcétera.

Por Bill Harrington

Lo cierto es que, en aspectos prácticos, el exterior peninsular no nos proporciona nada provechoso hasta que comiencen a alargarse los días, allá por los meses de abril y mayo, y podamos canalizar todos estos esfuerzos durante los días inmediatamente anteriores, al principio del mes de abril.

Desde este momento el clima será más que propicio para poder germinar nuestras semillas, hacerlas crecer un poco en una pequeña maceta interior y llevarlas a donde nosotros queramos, sea un exterior de macetas grande o un exterior en el suelo donde hemos mezclado grandes cantidades de sustrato.

Sin embargo, nosotros hemos llevado a la práctica varias técnicas que nos han permitido aprovechar ciertos espacios y material de interior en desuso mientras comenzábamos a plantear nuestros cultivos, un par de meses antes. Esto coincidiría con las fechas que conciernen a la publicación del escrito que estáis leyendo, finales de febrero.

En este artículo os voy a explicar dos sencillas formas de empezar a cultivar por estas fechas y para conseguir que estas prácticas sean realmente productivas de cara a vuestros posteriores cultivos de exterior. Por una parte, hablaremos de la posibilidad de hacer crecer nuestras plantas en interior, practicar una o más podas, y luego pasarlas a exterior, para obtener plantas de grandes o muy grandes proporciones, que crecen mucho a lo ancho y menos a lo alto. Por otra, para aquellos que no queréis gastar dinero en semillas y vais a ocupar un espacio concreto y común de exterior, trataremos la forma de poner una o dos plantas en interior, hacerlas crecer para luego pasarlas a exterior y convertirlas en plantas gigantes, preferiblemente plantadas directamente en tierra, no en maceta, y tumbadas, para que de ellas salgan ramas que tendrán el tamaño de plantas medianas.

El ambiente adecuado

En primer lugar, hablemos de lo que necesitamos para llevar a cabo cualquiera de estas dos prácticas. Por una parte, un espacio adecuado en interior, bien sea una pequeña habitación, un armario común o uno específico para cultivo.

Como sólo vamos a hacer que las plantas crezcan, el lugar que acondicionemos no tiene que ser tan perfectamente sellado e impenetrable a la luz, pero siempre es recomendable que no entre luz durante las horas que les proporcionemos oscuridad a las plantas.

Es preferible que uséis bombillas de bajo consumo CFL, pero podéis decantaros por vuestros sodios híbridos en desuso u otros nuevos, con el consumo añadido y el calor que generan estas bombillas. Usando las bombillas de bajo consumo CFL también nos aseguramos poder controlar adecuadamente el crecimiento y las condiciones óptimas del habitáculo sin tener que usar extracción. En el caso del sodio se complicarían bastante las cosas, pero no es inviable.

Pongamos como ejemplo una situación óptima de cultivo, caso en el que usaríamos una bombilla de bajo consumo CFL de 150 vatios o más. Para ello necesitaremos también un porta-lámparas reforzado con reflector, pues el peso de estas bombillas es considerable.

El lugar que acondicionemos debería tener papel reflectante específico para cultivo. Además de esto, necesitaremos un pequeño ventilador o dos, macetas de unos seis litros, sustrato para estas macetas, abono de crecimiento, y todo aquello que cada cultivador quiera añadir (o añada habitualmente) a los periodos de crecimiento de sus plantas.

Una vez reunidos estos utensilios, vamos a pararnos en cada una de las técnicas mencionadas y haremos una breve descripción de cada una de ellas. Como veréis con posterioridad, no se trata de un análisis exhaustivo de estas técnicas, sino más bien directrices que debéis seguir y complementar con vuestros conocimientos u otros artículos de cultivo básico que contiene la revista Cannabis Magazine y el periódico gratuito El Cultivador.

1. Crecimiento en interior de varias plantas procediendo a podas y con el objetivo de obtener plantas grandes o muy grandes:

Imaginemos que tenemos un par de espacios amplios donde poner nuestras plantas. Cada uno de ellos de unos cuatro metros cuadrados. En cada uno de estos lugares podríamos poner dos o, a lo sumo, tres plantas.

Hablando de condiciones óptimas, yo me decantaría por dos y practicaría las podas necesarias para ensanchar cada una de ellas lo suficiente para ocupar todo el espacio necesario. Nos detendremos en este proceso con posterioridad.

Partiendo entonces de dos espacios y dos plantas en cada uno de ellos, debemos escoger las genéticas. Digamos que, por ejemplo, escogemos cuatro híbridos de indica-sativa que responden bien en los exteriores peninsulares y son estables y resistentes.

Germinaremos las semillas, y después las plantaremos directamente en los tiestos de unos seis litros, con su sustrato específico para cultivo. Les daremos 18 horas de luz y 6 de oscuridad desde el primer día de vida. El CFL nos permitirá acercar considerablemente la luz a las plantas, así que no os cortéis, dejad unos 15 centímetros y aumentad ligeramente esta distancia en función al tamaño de las plantas.

Plantas Grandes por poda

Suponiendo que todo sucede de forma óptima, cerca de las tres semanas después de la germinación, deberíais tener plantas con 4 o 5 pares de hojas (4 o 5 internudos). Es el momento de proceder a la primera poda. Es decisión de cada cual hacer una poda u otra, pero si os decantáis por una poda FIM, podéis hacerla un poco más tarde y no practicar ninguna poda más. Yo, por temas de precisión y porque no tenéis ninguna prisa si seguís los consejos aquí descritos, os recomendaría hacer una poda normal, en la que cortéis el ápice por completo y dejéis que tomen el relevo las dos ramas laterales inmediatamente inferiores.

Una o dos semanas después de la poda (si habéis comenzado a finales de febrero ya estaréis a principio de abril), podéis practicar la segunda poda en cada una de estas ramas que ya debieran tener, al menos, dos internudos más. Cortarías de nuevo el ápice respectivo de cada una de ellas y obtendrías, y total, cuatro cabezas principales.

Si todo sucede como debiera, habréis llegado a finales de abril con plantas pequeñas, frondosas y muy compactas. Estas plantas estarán preparadas para soportar un poco de estrés, inevitable a la hora del trasplante.

Dejad que el sustrato de la maceta se seque un poco, elegid un día soleado e informaos de la predicción meteorológica de su respectiva noche. Cuanto menos sufra la planta durante el trasplante, menos mermaremos su crecimiento y menos nos arriesgaremos a que algo salga mal.

Haced el trasplante durante el día y proporcionad agua y nutrientes a la mezcla de sustrato que hayáis colocado el suelo. Os recuerdo que estos métodos son adecuados para exteriores donde las plantas se ubican directamente en la tierra, no en macetas que albergan tierra. De lo contrario tendréis que utilizar macetas muy grandes, o todo lo que habréis hecho no servirá de nada, puesto que el tamaño de la maceta limitará el crecimiento de la planta.

Cuando la planta lleve unas tres semanas acomodada en su nuevo entorno, seréis vosotros los que debéis juzgar si queréis practicar alguna poda más o no. Nosotros, por lo general, practicamos más podas para que las plantas continúen creciendo a lo ancho y no se desmadren en altura. Por eso es preferible plantar dos plantas en el espacio descrito y no tres.

Llevar a cabo este método y alimentar a la planta de manera adecuada puede permitir obtener plantas de dimensiones muy grandes; debéis tener cuidado con los riesgos que esto conlleva. También debéis tener en cuenta, al seleccionar las genéticas, que la casa no especifique problemas a la hora de realizar podas, puesto que sin las podas, este método es inviable. Las plantas deben ser podadas un mínimo de dos veces y debéis dejar de podar a principios de junio, para que la planta no promueva crecimiento cuando ya ha empezado su periodo de floración.

semanas despues de la poda

2. Crecimiento en interior de una o dos plantas para producir plantas gigantescas que ocupen amplios exteriores:

Este método es mucho más sencillo que el anteriormente descrito, al menos en lo que se refiere a los primeros pasos. Para llevarlo a cabo necesitamos el mismo material que en el caso anterior. Una o dos macetas de seis litros, sustrato, alimentos, todo aquello que el cultivador le dé a sus plantas durante los periodos de crecimiento, y una bombilla, preferiblemente un CFL de bajo consumo de 150 vatios o más.

Si nos lo podemos permitir, en este caso es recomendable llegar a poner dos bombillas de 150 vatios, dado que no vamos a realizar poda y que las plantas crecerán considerablemente durante el mes y medio que estén en interior. Si usamos dos bombillas, nos aseguramos que la luz llega a todas las partes de la planta, sin excepción. De otra forma, una vez que la planta supere los 30 centímetros, la luz será insuficiente para penetrar a través de las hojas y llegar a las partes bajas de la planta.

También podemos usar el sodio que tengamos a mano durante las tres últimas semanas, para asegurarnos de que las plantas estarán adecuadamente alimentadas en términos lumínicos.

Germinaremos nuestras semillas en torno al final del mes de febrero, las plantaremos directamente en nuestras macetas de unos seis litros, con su sustrato específico para el cultivo, les proporcionaremos 16 horas de luz y 8 de oscuridad, las alimentaremos adecuadamente y les proporcionaremos una ventilación moderada. Por lo demás, en este caso, debéis dejar que la naturaleza haga su trabajo.

No practicaremos ninguna poda, puesto que la altura que ganen en estas seis semanas será la adecuada para nuestros propósitos. Después del tiempo marcado, y si habéis llevado a la práctica los consejos aquí descritos, habéis acercado suficientemente la bombilla CFL de bajo consumo (e incluso habéis usado sodio al final de este periodo), además de proporcionar una cuidada alimentación y una atmósfera propicia, vuestras plantas deberían medir unos 60 centímetros. También deberían ser compactas y estar bien formadas.

Durante el final de abril, una vez más, elegid un día climatológicamente adecuado, teniendo cuidado de que por la noche no baje en exceso la temperatura, y llevad a cabo el trasplante a un sustrato mezclado directamente en el suelo, en este caso nunca en una maceta, bien abonado y humedecido.

Pasadas dos o tres semanas, cuando la planta o plantas ya se hayan adaptado al entorno y se haya espigado ligeramente debido al cambio lumínico, comenzad a doblarlas progresivamente. Deben estar correctamente hidratadas a nivel radicular y en las ramas, para evitar roturas.

Podéis clavar una estaca en el sustrato, a unos 30 o 40 cm de la base de la planta, y atar un hilo de nailon a la parte superior de la rama principal de la planta y a la estaca. Después y con cuidado, poco a poco, id haciéndola descender unos centímetros cada día, hasta alcanzar, en torno a los diez días, una posición prácticamente paralela al suelo.

Estaremos en torno a finales de mayo. Nuestra planta aún tendrá unas cuantas semanas de crecimiento por delante, en las que direccionará todas sus ramas hacia arriba, en busca de sol, y creará un conglomerado de plantas de un tamaño mediano.

Debemos tener cuidado con la flor que produzca la rama principal, especialmente en climas del norte peninsular, porque septiembre puede traer consigo noches frías y humedad y nuestro cogollo debiera ser de un tamaño considerable, siendo habitual la aparición de moho. Es recomendable podar esta flor de forma un poco temprana para evitar que provoque problemas en el resto de la planta.