Que el fenómeno de las nuevas drogas ha puesto en jaque a las políticas basadas, de manera genérica, en la prohibición no es nada nuevo. Para quien no sabe qué son esas nuevas drogas, diremos que se trata de varios grupos de sustancias, muchas de ellas imitadoras de los efectos de drogas como el cannabis, la cocaína, la MDMA o el LSD, y que no se encuentran incluidas en las Listas de Fiscalización Internacional de Naciones Unidas. Existen diferentes tipos de nuevas drogas. En Europa, los más habituales son los cannabinoides sintéticos y las catinonas sintéticas. Los primeros, son agonistas sintéticos de los receptores cannabinoides, que solo tienen esto que ver con el cannabis natural (de ahí lo desacertado de calificativos como “marihuana sintética”) y que tienden a causar bastantes más problemas que este. Las segundas son sustancias estimulantes, derivados sintéticos de la catinona y, algunas de ellas, a dosis muy bajas. Pero, de todas las nuevas sustancias aparecidas en los últimos años, no hay duda de que los opiáceos sintéticos son los que representan una mayor amenaza. Los derivados del fentanilo son especialmente potentes y se han relacionado con numerosas muertes por sobredosis, mayormente en Estados Unidos y Canadá y en menor medida en Europa.

Está bien establecido que China es el principal productor mundial de estas sustancias y ello ha sido motivo para que muchos países hayan presionado para que implemente medidas dirigidas a frenar o eliminar la producción de nuevas drogas. Y, de acuerdo a cómo tiende a actuarse en estos casos, China decidió someter a control (eufemismo para referirse a la declaración de ilegal, a su prohibición) un número considerable de nuevas drogas tanto en 2015 como esta misma semana, ha decomisado más de 1700 kilogramos de NPS y se ha ganado el aplauso de los demás países. Sin embargo, tal y como declaran las propias autoridades chinas, se trata de una “carrera en la que nunca se alcanzará a los criminales“. En otras palabras, son conscientes de que, por mucho que prohíban, los químicos clandestinos tienen recursos para sortear las prohibiciones.

La prohibición de una sustancia estimula la aparición de otra u otras nuevas. La tendencia general es poner en circulación sustancias cada vez más potentes que ofrecen un mayor beneficio económico. Y parece que esto no tiene fin. Tras casi una década de la aparición de la mefedrona, el mercado ha cambiado de manera sustancial. Consumidas primero por jóvenes fiesteros desencantados con sus drogas de siempre, ahora las nuevas drogas están causando serios problemas en las poblaciones más vulnerables. Algunas de las nuevas drogas prohibidas han acabado en manos de los grupos criminales que las venden como tales o las “cuelan” a personas que buscan consumir su droga tradicional. Internet en todas sus facetas se ha convertido en una importante plataforma para ellas haciendo que en las autoridades se agrave el sentimiento de estar yendo siempre por detrás.

El último informe del EMCDDA señala que el número de notificaciones de nuevas sustancias aparecidas en el mercado europeo ha descendido. Puede ser que el fenómeno haya “tocado techo” o que los controles estén resultando efectivos. Difícil de saber. Quizá estemos asistiendo a un punto de inflexión en el mercado de las nuevas drogas. Seguiremos atentos.

Fuente https://claudiovidal.wordpress.com/