Desde el pasado 30 de octubre los australianos pueden pedir una licencia para cultivar marihuana terapéutica. Después de pasar un exigente examen, que incluye comprobar la situación económica y los posibles vínculos con el crimen organizado, particulares y empresas tendrán la posibilidad de producir una planta que beneficiará a los numerosos enfermos que la necesitan en el país. Muy cerca, un 79 % de neozelandeses apoya la legalización o despenalización del cannabis para fines medicinales, una petición que algunas organizaciones del país llevan años defendiendo. Te contamos cómo están la situación cannábica en este continente.

Varios estados de EE.UU. legalizaron recientemente el cannabis para uso terapéutico. California, Massachusetts, Nevada y Maine se suman a la lista de lugares que han regulado su uso en uno de los continentes más proclives a la tolerancia verde. Sin embargo, también en Oceanía se están dando pasos de gigante de una forma que obliga a dirigir todas las miradas hacia allí.

Desde el pasado 30 de octubre, los australianos pueden cultivar marihuana terapéutica. Gracias a la Narcotic Drugs Amendment Bill 2016 (aprobada meses antes, pero que ahora se ha convertido en una realidad), ciudadanos y organizaciones pueden optar a una licencia para producir y manufacturar cannabis con el fin de aliviar distintas patologías médicas. Las compañías que la obtengan también podrán realizar investigaciones científicas. De acuerdo a medios locales, ya se han registrado centenares de personas y negocios para obtener dicho permiso. En cuanto a los enfermos y los médicos, las autoridades aussies afirman que no tendrán ningún problema para conseguir y recetar la cannabis, respectivamente. La ministra de Sanidad, Sussan Ley, destacó que la nueva legislación permitiría incluso tener en casa productos difíciles de importar.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta ciertas consideraciones. La demanda en Australia para el cannabis terapéutico es muy alta, pues se estima que existen 1,8 millones de pacientes con dolor neuropático, 130.000 con náuseas debido a la quimioterapia y cerca de 82.000 con epilepsia resistente al tratamiento. Pero, además de una legislación nacional para todos ellos, cada estado australiano tendrá su propia normativa. Esto obligará a los solicitantes a saber qué se permite y qué no en su lugar de residencia. De momento, la región de Victoria, en el sureste del país, ya había aprobado hace unos meses el acceso a cannabis terapéutico para pacientes en circunstancias excepcionales. 

Así, los niños con epilepsia serán los primeros en beneficiarse de esta medida con productos aportados por la Administración regional, con la esperanza de que en el futuro haya una industria que pueda fabricarlos a gran escala. Se espera que pronto el resto de departamentos australianos sigan el camino de Victoria, sobre todo cuando ya algunos, como Nueva Gales del Sur, habían propuesto ensayos clínicos con cannabis medicinal.

Para obtener una licencia nacional, los solicitantes tendrán que pasar una entrevista y enseñar el lugar donde tienen pensado cultivar las semillas. Además, se preguntará por la situación de sus finanzas (lo que podría echar para atrás a muchos pequeños cultivadores) y se les cuestionará también sobre si tienen acuerdos de negocio con empresas que vayan a transformar su cultivo en productos cannábicos. Además, pedirán información sobre amigos, familiares… con el fin de asegurarse de que no existen vínculos con el narcotráfico. Por otra parte, la legislación no castigará a aquellas personas que en el pasado intentaron difundir el cannabis “con propósitos caritativos o medicinales”. 

La Administración también se encargará de establecer reglas muy estrictas sobre el tipo y la cantidad de cannabis que se puede cultivar, así como sobre el transporte y a quién se deberá entregar. Y lo hará para asegurarse de que Australia no termine víctima de la sobreproducción de cannabis y no viole la Carta Única sobre Estupefacientes de las Naciones Unidas de 1961. Sin embargo, el movimiento cannábico australiano espera que estos obstáculos se relajen con el paso del tiempo. Por otra parte, no se puede olvidar que la industria estará condicionada por los síntomas que el Gobierno notifique como tratables con productos cannábicos.  

Ingresos para las arcas

Como en muchos otros sitios, la legalización se ha visto como una oportunidad perfecta para incrementar las oportunidades de negocio entre la población, así como para recaudar más impuestos. De acuerdo a un estudio de la Escuela de Negocios de la Universidad de Sídney junto a la empresa BuddingTech (una aceleradora australiana para los negocios cannábicos), la legalización ayudará a crear una industria con un valor de unos 150 millones de dólares (140 millones de euros) al año. Adam Miller, fundador de BuddingTech, lo ve claro: “El cannabis terapéutico tiene el potencial de ser una industria multimillonaria y puede crear miles de empleos cualificados y generar decenas de millones en impuestos e inversión extranjera”

Además, el Gobierno australiano ya ha indicado que está abierto a permitir la exportación del cannabis producido en Australia, una vez que se haya establecido el sistema de regulación interno y demostrado su buen funcionamiento. De hecho, Australia es uno de los mayores exportadores de productos opiáceos del mundo, que producen en la región de Tasmania, y tiene una sólida reputación en la producción de narcóticos para las farmacéuticas.

La situación en Nueva Zelanda

Un poco más abajo, la tierra de Peter Jackson también se prepara para emular a sus hermanos en lo que a cannabis se refiere. En Nueva Zelanda, el uso recreativo y terapéutico de la marihuana es ilegal, pero unos pocos pacientes tienen un permiso del Ministerio de Sanidad para usar productos cannábicos. Además, existen penas por tenencia de marihuana (sanciones económicas y hasta tres meses de cárcel) e importar, cultivar o suministrar la planta tiene unas condenas máximas de hasta ocho años. 

Sin embargo, el pasado mes de agosto se publicó una encuesta de la New Zealand Drug Foundation con datos muy esperanzadores: casi el 65 % de los neozelandeses estaban a favor de legalizar o despenalizar el cannabis. Y aún mejor: el 79 % querría que se legalizara o despenalizara para aliviar los dolores, un porcentaje que aumenta hasta el 82 % para los dolores de los enfermos terminales. 

El director ejecutivo de la New Zealand Drug Foundation, Ross Bell, ha dicho que es la primera vez que un porcentaje tan alto de personas apoyaba reformar las leyes de estupefacientes relacionadas con el cannabis: “Esto nos dice que los votantes están preparados para el cambio, aunque los legisladores no”. 

Sin embargo, el primer ministro del país, John Key, dijo tras la publicación de este sondeo que la legalización o un referéndum no estaban en la agenda de prioridades del Gobierno, aunque reconoció que las leyes no funcionaban “a la perfección”. Key también dijo que la policía no perseguiría a aquellas personas con pequeñas cantidades de marihuana, sobre todo si era para un uso terapéutico.

Por el momento, en Nueva Zelanda solo se puede usar Sativex, un preparado farmacéutico derivado del cannabis. Al no estar subvencionado por la Administración, los pacientes con permiso para obtenerlo deben pagar todo su coste. Además, el Gobierno ha aprobado el uso excepcional de productos ricos en CBD para dos pacientes, uno en coma inducido debido a sus convulsiones permanentes y otro con el síndrome de Tourette. Mientras tanto, la Asociación Médica de Nueva Zelanda apoya estudios sobre los beneficios del cannabis terapéutico, y en 2011 una comisión legislativa ya propuso legislar sobre ello y adoptar medidas menos restrictivas para el recreativo.

Con la legalización, los beneficios para las arcas del Estado se reflejarían no solo en la recaudación de impuestos, sino también en gastos de la propia Administración: el pasado mes de abril se publicó un informe según el cual la policía había gastado 90 millones de dólares neozelandeses anuales (59,8 millones de euros) en procedimientos relacionados con el cannabis, mientras que otros 109 millones (72,42 millones de euros) se fueron en juicios y procesos judiciales relacionados.

Visto el parecer de la sociedad neozelandesa, quizá pronto se vuelvan a oír los ecos de legalización en las antípodas. La marea cannábica ya se extiende por Australia y pronto lo podría hacer en Nueva Zelanda. Solo hará falta un poco de voluntad política para acelerar los plazos de algo que ya parece inevitable.

Fuente Dinafem.org