A menudo se dice que algo es bueno porque es natural, mientras que lo artificial se considera malo o perjudicial: es la llamada “falacia naturalista”. Para demostrar que se trata de un argumento incorrecto, basta con citar un par de contraejemplos. Por una parte, la amanita phalloides es natural; sin embargo, se trata de una seta extremadamente tóxica. Por otra parte, las gafas son artificiales, y sin embargo nadie se empeñaría en argumentar que por ello son malas.

A pesar de esto, puestos a elegir fuentes de cannabinoides para el disfrute de sus efectos sobre la mente, parece que la planta del cannabis es superior en muchos aspectos a sus “imitaciones” sintéticas (pero no por el simple hecho de ser natural, por supuesto). Veremos el porqué en este artículo, y en el camino daremos un paseo por el universo de los cannabinoides, hablaremos de aquellos creados por la mano del hombre y finalmente compararemos su potencial recreativo con el del cannabis. Comprobaremos que, ciertamente, el consumo de la planta suele ser más placentero y menos arriesgado que el de los cannabinoides sintéticos.

Spice, K2… el fenómeno de los Legal Highs

La venta de plantas secas sin interés psicoactivo, cuidadosamente empaquetadas y comercializadas como “alternativas legales” al cannabis, no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, en 2004 se detectó la venta online de un producto parecido, denominado Spice, vendido como incienso y etiquetado como no apto para el consumo humano, pero que al ser fumado producía potentes efectos de tipo cannabinoide. Ello hizo sospechar que el producto contenía algo más que hierbas secas, pero no fue hasta el año 2008 cuando se consiguió demostrar la presencia de cannabinoides sintéticos en dichas mezclas. Se trataba de JWH-018 y JWH-073, dos drogas no fiscalizadas en aquellos tiempos en ningún país del mundo. En definitiva, la materia vegetal triturada es un mero excipiente inactivo, sobre la cual el fabricante añade potentes sustancias, que son las responsables de los efectos percibidos por el usuario.

El producto tuvo éxito, y rápidamente surgieron otros similares. La rápida expansión del negocio no es sorprendente si uno reflexiona acerca del número de potenciales clientes: se calcula en el mundo hay 150 millones de consumidores de cannabis, la inmensa mayoría expuestos a riesgos legales y a los vaivenes del mercado negro. La promesa de un producto de efectos parecidos al cannabis, legal y fácilmente accesible vía Internet, es pues apetitosa, sobre todo para el consumidor pobremente informado acerca de la verdadera naturaleza de lo que se plantea consumir.

Debido a la rápida diseminación de ese tipo de productos, algunos países procedieron a prohibir su venta. Los productores reaccionaron reemplazando los cannabinoides prohibidos por otros más desconocidos, aún no fiscalizados, que las autoridades prohibieron nuevamente, y así sucesivamente, hasta el día de hoy.

Pero, ¿de dónde salen tantas nuevas sustancias? Para responder a esa pregunta, es necesario dar el prometido paseo por el universo de los cannabinoides.

¿Qué es un cannabinoide?

Muchas sustancias químicas ejercen sus efectos sobre el cuerpo humano uniéndose a los receptores situados en sus células. Usando un símil cotidiano, el proceso es parecido a intentar introducir una llave en un cerrojo. Como todos sabemos, al realizar dicha acción puede acontecer: a) que la llave no quepa en el cerrojo, b) que la llave entre en el cerrojo y permita abrir la puerta, y c) que la llave entre en el cerrojo, pero no abra la puerta, impidiendo así la entrada de la llave correcta. Las células son capaces de secretar sustancias que se unen a receptores de otras células, y mediante ese mecanismo logran comunicarse entre ellas. La mayoría de las drogas ejercen sus efectos sobre la mente ocupando esos mismos receptores, y los cannabinoides no son una excepción.

De entre los centenares de receptores distintos que habitan las células del cuerpo humano, hay dos que nos interesan particularmente: los receptores cannabinoides CB1 y CB2. Se hallan distribuidos de modo diferente por el cuerpo: los CB1 predominan en el cerebro y el sistema reproductor, mientras que los CB2 se encuentran principalmente en las células del sistema inmune. Por definición, un cannabinoide es cualquier compuesto químico capaz de activar alguno de esos receptores. Se pueden dividir en tres grupos: endocannabinoides (producidos por las propias células del cuerpo), fitocannabinoides (producidos por plantas) y sintéticos.

Fitocannabinoides presentes en la planta del cannabis

Los efectos de cualquier droga dependen de tres factores: el contexto en el que se produce el consumo, el sujeto consumidor (su estado de ánimo y de salud, sus expectativas) y la propia sustancia (dosis, forma de administración, pureza). La planta del cannabis tiene más de 70 cannabinoides, pero la naturaleza de sus efectos psicoactivos va a depender principalmente de dos: THC y CBD. Esto es así porque los demás no tienen efectos psicoactivos o no están presentes en cantidad suficiente como para producirlos.

El THC activa de manera parcial los receptores CB1, por lo que produce euforia, distorsión de la realidad y del pensamiento, risas… pero también a menudo efectos indeseables como ansiedad, taquicardia, miedo, paranoia o dificultad para concentrarse. El CBD bloquea indirectamente la activación de los receptores CB1, y por sí solo casi no es psicoactivo. Su importancia radica en que atenúa los efectos indeseables del THC.

Aquí, como en otros aspectos de la vida, la clave es la armonía y no la cantidad, ya que, habitualmente, a más dosis de THC, más efectos secundarios. En cambio, que la marihuana o el hachís lleve un poco de CBD junto con el THC dará lugar a menos taquicardias, ansiedad, etc., haciendo el consumo más agradable y llevadero para la mayoría de personas. Cantidades mayores de CBD atenuarán los efectos psicodélicos y estimulantes del THC, y elevarán a un primer plano la sedación, relajación y bienestar corporal. Por eso es interesante conocer la composición de la marihuana o el hachís que nos planeamos consumir, para ver si se ajustan a los efectos deseados. La asociación Energy Control ofrece un servicio de análisis y asesoramiento gratuito para ese fin (http://energycontrol.org/analisis-de-sustancias/servicio-analisis.html).

Cannabinoides sintéticos: una gigantesca sopa de siglas

Algunos fitocannabinoides presentes en la planta de cannabis tienen interesantes propiedades terapéuticas, aunque muchos factores limitan su uso en medicina. Uno de ellos es precisamente lo que anda buscando el consumidor recreativo, ya que a dosis terapéuticas muchos producen efectos psicoactivos. Estos son referidos como desagradables por la mayoría de los pacientes, a quienes no les apetece ir colocados todo el día. Asimismo, también existe el riesgo de desencadenar episodios psicóticos en sujetos predispuestos, o de empeorar el curso de enfermedades mentales ya existentes. Por ese motivo, ya en 1940 algunos investigadores empezaron a sintetizar nuevos cannabinoides, con la esperanza de disociar sus efectos terapéuticos de sus efectos psicoactivos.

El descubrimiento en los años 1980 de los receptores CB1-CB2, y de su implicación en multitud de enfermedades, alentó aún más la búsqueda de nuevos cannabinoides, con la esperanza de hallar prometedores fármacos patentables que superasen las propiedades terapéuticas de los fitocannabinoides. Estos compuestos se identifican con las siglas del investigador que los descubrió, o con el nombre de la universidad en la que se sintetizaron por primera vez, seguidos de un número. Por ejemplo, algunos de los principales grupos, junto a sus más famosos representantes, son:

  • JWH (John W. Huffman): JWH-018, JWH-073
  • AM (Alexandros Makriyannis): AM-2201
  • HU (Hebrew University): HU-210
  • CP (Charles Pfizer): CP 47,497
  • WIN (Sterling-Winthrop, Inc.): WIN 55,212-2

En total, suman centenares de nuevas moléculas la síntesis y mecanismo de acción de los que se describió (y se sigue describiendo) en decenas de artículos científicos, y hay que añadir a la lista todos aquellos creados por químicos “clandestinos”. Ahora que ya queda claro de dónde salen tantos nuevos cannabinoides, veamos sus efectos y sus riesgos; en definitiva, su potencial recreativo.

Efectos y riesgos

Los cannabinoides sintéticos añadidos en productos vendidos para simular los efectos del cannabis tienen una serie de características en común:

  1. Han sido sintetizados en las últimas décadas, principalmente por laboratorios de investigación científica, pero también por químicos anónimos.
  2. Se unen a los receptores CB1 y producen efectos psicoactivos de tipo cannabinoide.
  3. Los datos relacionados con sus potenciales riesgos para la salud son inexistentes o, en el mejor de los casos, muy escasos. No han sido investigados en seres humanos, con lo cual se desconoce su toxicidad.
  4. Pueden ser comprados a través de Internet y en muchos países no ha sido prohibida su venta, lo que permite al fabricante evadir consecuencias de tipo legal.

Muchas de estas sustancias activan los receptores CB1, y por lo tanto producen efectos similares al THC presente en el cannabis. Hay, sin embargo, grandes diferencias. Una de ellas es que los sintéticos suelen ser potentes activadores del receptor CB1, y hemos visto que el THC lo activa sólo parcialmente. Esto da lugar a efectos secundarios mucho más frecuentes e intensos, y no son raros los consumidores habituales de marihuana que refieren aparatosos ataques de pánico o intensas paranoias después de fumar un cannabinoide sintético. También se han descrito efectos adversos asociados a su consumo, que no provoca el cannabis, algunos de ellos graves: vómitos, agitación, arritmias cardíacas, dolor torácico, daño miocárdico, ataques epilépticos o coma. Al ser sustancias mayoritariamente desconocidas, los servicios de urgencias y los profesionales de la salud tendrán grandes dificultades para tratar cualquier problema derivado de su consumo.

Algunos de estos cannabinoides también son potentes activadores del receptor CB2, que hemos visto que se hallaba en células del sistema immune, y no se sabe si su consumo podría dar lugar a enfermedades de tipo immunitario. Finalmente, se cree que algunos podrían dar lugar a compuestos altamente cancerígenos al ser combustionados y metabolizados por el hígado. Debido a la completa ausencia de estudios en humanos a medio y largo plazo, no es posible confirmar o descartar estos u otros riesgos graves para la salud.

En definitiva, los limitados datos de los que se dispone hoy en día apuntan a que se trata de sustancias mucho más tóxicas que el cannabis. Pero no solo su consumo es más arriesgado, sino que muchos usuarios lo describen como menos placentero que el de cannabis. Esto ha sido descrito en un reciente estudio, en el que de 975 usuarios que habían probado cannabinoides sintéticos, 93% referían preferir los efectos del cannabis.

Cómo reducir riesgos con los cannabinoides sintéticos

Lo que hace muy arriesgado consumir estas sustancias es que no sabemos prácticamente nada sobre ellas. Esto imposibilita que el consumidor pueda tomar una decisión sopesando adecuadamente los placeres con los riesgos, ya que los segundos son mayoritariamente desconocidos. De todas formas, los escasos datos de los que disponemos hoy en día apuntan a que el consumo de la planta del cannabis es más placentero y menos arriesgado que el de los cannabinoides sintéticos que se han vendido hasta ahora. Es por ello que mucha gente opina que si el cannabis fuera legal, probablemente nadie compraría cannabinoides sintéticos en lugar del presente en la naturaleza. Esto fundamenta la principal recomendación que es: no consumirlos.

Aun así, si entendiendo plenamente lo arriesgado de su consumo, alguien decide experimentar con cannabinoides sintéticos, es imperativo seguir algunas recomendaciones:

  • Para empezar, es primordial analizar aquello que vamos a consumir, ya que este tipo de productos no pasa por ningún control de calidad. Conocer la composición permite tener una idea de los efectos que se van a sentir, valorar mejor el riesgo o descartar el consumo si se trata de una sustancia especialmente tóxica. Energy Control ofrece un sistema de análisis donde se pueden analizar gratuitamente esas y otras drogas; para más información, http://energycontrol.org/analisis-de-sustancias/descripcion.html
  • Una vez que se conocen la o las sustancias que contiene el producto, antes de decidir si consumir o no, es conveniente leer el máximo de información posible, sobre todo en lo referente a efectos, dosis, duración y efectos secundarios. A falta -muchas veces- de información científica comprobada, hay que recurrir a lo que cuentan otros consumidores sobre efectos adversos o inesperados, dosis desaconsejadas, problemas encontrados, etc. Un buen punto de partida es Erowid (http://www.erowid.org/) y los foros Drugs-forum (www.drugs-forum.com/) y Bluelight (www.bluelight.ru/). También es posible contactar con Energy Control para un asesoramiento personalizado.
  • Hay que ser muy prudente al experimentar con esas sustancias, y conviene realizar pruebas con dosis muy pequeñas en un ambiente familiar y seguro, acompañado de alguien sobrio que pueda actuar en caso de problema. Puesto que los riesgos a medio y largo plazo son desconocidos, conviene no pasar de un consumo estrictamente experimental y ocasional. También hay que tener en cuenta que cualquier mezcla con otras drogas hará aún más impredecibles la experiencia y los riesgos, por lo que no se aconseja hacer esto.
  • Finalmente, hay situaciones en las que el consumo pone en riesgo la vida de otras personas, o en las que determinados problemas de salud hacen especialmente probables los efectos adversos graves, y en estos casos no hay que consumir. Son las denominadas contraindicaciones: embarazo, lactancia, conducción de vehículos o manejo de maquinaria peligrosa, problemas cardiovasculares, de hígado, riñón, diabetes, trastornos psicológicos, o si se está pasando por una mala racha.