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Abel Amor, la lucha de un hombre por plantar su propio cannabis: “Puedo hincharme a opioides o tener una calidad de vida aceptable”

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El asturiano Abel Amor sufre terribles dolores desde 1987, cuando sufrió un grave accidente. Debido a su situación, tiene acreditado el consumo de cannabis por motivos terapéuticos para paliar las pesadas molestias. Sin embargo, durante los últimos cinco años, la Guardia Civil ha irrumpido en su propiedad en repetidas ocasiones para incautarle las plantas de marihuana que cultiva. Aunque las causas han sido archivadas una detrás de otra, los agentes han continuado entrando en su terreno sin una orden judicial. Cansado, Amor ha escrito al Ministerio del Interior para pedir amparo y una indemnización. Aun así, “nunca podrán pagar el destrozo ni la salud que he perdido”, dice.

“Una lucha constante”. Así es como califica el asturiano Abel Amor la situación que lleva provocándole grandes perjuicios durante los últimos cinco años: en este período, la Guardia Civil ha irrumpido repetidas veces en su propiedad de Vegadeo (Asturias) para incautar las plantas de marihuana que Amor cultiva para consumo propio. El veigueño tiene acreditado el uso del cannabis con fines terapéuticos desde hace más de dos décadas, debido a los fuertes dolores que soporta desde que en 1987 sufriera un grave accidente mientras cumplía el servicio militar.

“Un psiquiatra del Centro de Salud Mental de Luarca (Asturias) me dio un permiso que certifica que, en mi caso, necesito la marihuana como paliativo de los dolores”, explica Amor. Una situación que otros médicos de la Seguridad Social a los que ha acudido han refrendado. A pesar de ello, el asturiano denuncia que “no hay doctores que lo acrediten, que tengan capacidad para acceder a este tipo de terapias alternativas”.

Hace un par de meses, cansado de la situación y temeroso de que volviera a repetirse este año, Amor ha enviado un escrito al Ministerio del Interior pidiéndole “amparo ante lo que consideramos a todas luces abuso”, reza el documento. Además, solicita diez mil euros; 1.200 por cada una de las cinco cosechas de marihuana que ya le ha retirado la Guardia Civil. “Es una cantidad simbólica porque nunca podrán pagar el destrozo, ni la salud que he perdido”, asegura el afectado.

Cada vez que los agentes le incautan sus plantas, que suelen rondar la veintena –“Lo que necesito para ese año”−, Amor se enfrenta con meses de dolores y grandes esfuerzos, tanto anímicos como económicos, para conseguir ilegalmente la cantidad que requiere para mantener una calidad de vida “aceptable”. “Necesito tener un consumo continuo, constante, con unas pautas terapéuticas, de una variedad que yo haya testado; no puedo fumar cualquier cosa y en cualquier momento”, advierte el asturiano.

Amor entiende que las primeras veces, “pudieran pensar que soy un traficante”, pero desde la primera incautación, la juez de Castropol ha archivado causa tras causa. Al inicio, la letrada se puso en contacto con el asturiano. “Le expliqué mis circunstancias, justifiqué mi consumo y demostré que no soy un traficante ni un delincuente”, detalla Amor. “Le pidieron una orden judicial para entrar en mi casa, pero la juez no se la dio porque reconoció que era una persona incapacitada”, prosigue.

Sin embargo, los agentes han continuado irrumpiendo en “los últimos tres otoños” en el terreno adyacente a su domicilio donde tiene su pequeña plantación sin orden judicial alguna, “vulnerando las garantías que proclama la Constitución Española”, según declara en su escrito. “Entran en mis tierras hasta el patio de atrás y asustan a mis padres”, asegura. En el texto, denuncia que desde “un autoritarismo mal entendido de la Guardia Civil, en un pueblo pequeño, se empeñan en perseguir a un hombre que no se mete con nadie”.

Sin amparo judicial

A pesar de que la juez ha archivado la causa, Amor no dispone de ningún documento oficial que pueda utilizar como justificante para evitar que la situación se repita una y otra vez porque “hay un vacío legal”. “He pedido la tutela judicial a la delegación provincial del Gobierno, pero no tienen una certificación para un enfermo como yo, acaban reconociendo mis derechos, pero no existe esa posibilidad”, relata Amor.

“Cualquier persona adulta puede cultivar marihuana mientras sea para consumo propio”, afirma Abel. Y añade: “Hace tiempo que esto se ha fijado, pero nunca se le ha dado forma legal”. La Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana sugiere además que las plantas no deben estar a la vista, una condición que cumple la siembra de Amor: “Tengo muchas tierras rodeando el cultivo, nadie lo ve”.

“Al final me archivan la causa, pero ya se han llevado todas las plantas”, lamenta el asturiano. La última vez, el pasado mes de septiembre, los agentes de la Guardia Civil le incautaron por quinta vez las 26 plantas de marihuana que tenía en su propiedad. La juez de Castropol archivó la causa, en la que se le imputaba a Amor un delito contra la salud pública, por “no aparecer ni tan siquiera indiciariamente acreditado que la plantación que nos ocupa tuviera como finalidad el tráfico de la estupefaciente”. El auto indicaba también que “el cultivo y posterior consumo no trasciende el círculo privado del imputado”.

Sin embargo, pese al resultado, “ellos ya saben dónde están las plantas y saben que voy a cultivar”. Cuenta que suelen ir por la mañana, alrededor de las nueve. “Unos días antes, saltan las verjas y cruzan los terrenos para ver cómo están las plantas; luego vuelven cuando están maduras”, narra.

Por eso ha tenido que recurrir a un abogado que por fin ha accedido a apoyarle en su cruzada por defender sus derechos. “Ya me había dirigido a muchos sitios para explicar mis circunstancias, se lo he indicado muchas veces a sus señorías”, indica Amor, pero “quién se va a meter con la Guardia Civil”, lamenta. De momento, Amor no ha obtenido respuesta del Ministerio del Interior.

El único remedio efectivo

Según el asturiano, consumir marihuana para aliviar sus fuertes dolores le permite caminar, sin la planta “no podría salir de la cama”. “Puedo hincharme a opioides o tener una calidad de vida un poco mejor, como la que tengo ahora”, indica. En realidad, “lo único que quiero es que me dejen en paz, tengo terreno para cultivar miles de plantas, pero solo tengo las que necesito; saben que no soy un traficante, que estoy destrozado”, continúa. Asegura que no va a esconderse para evitar que le acusen de tráfico de estupefacientes.

“Me parece muy triste que vivamos en un supuesto Estado de Derecho y estas sean las circunstancias”, lamenta Amor. En su escrito, también señala que la actitud de la Guardia Civil “es impropia de lo que corresponde a un Estado de Derecho, pues en ausencia de delito ha de respetarse la dignidad y el libre desarrollo de la personalidad”. Se siente especialmente defraudado porque su accidente sucedió mientras estaba en la Armada Española, “donde fui a luchar por ese Estado de Derecho”, dice.

Después de la incidencia y dada la gravedad de sus lesiones, recibió la invalidez absoluta, “declarada en acto de servicio por un tribunal médico militar”. Desde entonces, ha recibido tratamiento con fármacos opioides, además de pasar por diversos malos tragos y decepciones, incluidas algunas provocadas por personas del movimiento cannábico español, hasta conseguir la calidad que vida que mantiene actualmente en Vegadeo.

Para el asturiano, que se declara activista cannábico, la marihuana medicinal es “una fuente extraordinaria de salud”, que puede utilizarse como antidepresivo, analgésico; “evitaría que la gente tomaran muchas medicinas”, insiste. Por este motivo, y más allá de su situación, Amor pide que las autoridades sanitarias asuman responsabilidades “para proteger a los millones de ciudadanos que tienen acreditado el uso de marihuana, separándolo de pautas insanas de consumo y de traficantes sin escrúpulos”. Según defiende, no es el único que lucha por conseguir que el cannabis terapéutico se convierta en un derecho reconocido.

Fuente Dinafem.org