Recientemente, desde Energy Control hemos tenido ocasión de publicar un trabajo científico en la revista Forensic Science International (Vidal Giné et al., 2016) describiendo los resultados de los análisis realizados a más de seis mil muestras de éxtasis entre los años 2000 y 2014. Se trata de un estudio pionero en España ya que, hasta la fecha, la única información con la que contábamos eran las memorias anuales del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, en las que se ofrece información sobre los decomisos realizados por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

por Claudio Vidal, Energy Control

Los servicios de análisis de sustancias son dispositivos de reducción de riesgos y daños que buscan ofrecer a las personas usuarias de drogas una información objetiva sobre la composición de las drogas que van a consumir. Esta información, obtenida mediante diferentes técnicas de análisis, puede versar tanto sobre la cantidad de principio activo (dosis, pureza) o bien sobre la presencia de otros compuestos no deseados (adulterantes, otras sustancias psicoactivas), y con ella las personas usuarias de estos servicios pueden tomar decisiones responsables a la hora de consumir. Pero es que, además, junto a la utilidad que tiene para las personas usuarias, los servicios de análisis de sustancias permiten conocer mejor los mercados de drogas, detectar tendencias y alertar a grupos amplios de consumidores.

En el caso concreto del éxtasis, ésta siempre ha sido la principal sustancia analizada por Energy Control, siendo un claro reflejo de los hábitos de consumo en los espacios de fiesta relacionados con la música electrónica. Y los análisis de 6.200 muestras entregadas voluntariamente por las personas usuarias del servicio nos ha permitido extraer varias conclusiones que vamos a compartir en este artículo.

La primera es que el éxtasis se presenta fundamentalmente en dos formatos: cristal y pastillas. De hecho, para producir las pastillas primero hay que producir el cristal. Este se pulveriza, se mezcla con excipientes y se compacta formando un comprimido. Esto puede parecer obvio pero no lo es tanto cuando uno baja al terreno de los consumidores. No son pocas las personas que piensan que se trata de dos sustancias diferentes cuando en realidad son dos presentaciones de una misma sustancia: la MDMA. Esto, obviamente, es producto de la intencionada desinformación que existe alrededor de los consumos de drogas y que propicia que se den este tipo de confusiones. Bien es cierto que se solventan con un mínimo esfuerzo de búsqueda de información pero también es cierto que, en esto de las drogas, los mitos adquieren mucha fuerza cuando la información es escasa o cuando hablamos de asuntos legal o moralmente sancionados.

Como puede verse en el gráfico 1, hasta el año 2007 la presentación más habitual era en pastilla. Sin embargo, a partir de ese año, el cristal comienza a aparecer con mayor frecuencia hasta instaurarse como la presentación más frecuente. Este cambio, que no sólo se dio en España sino también en otros países europeos (TEDI, 2014), bien pudo deberse a dos posibles razones: la primera fue el descenso en la pureza del éxtasis en pastilla que se vivió esos años; la segunda, que el cristal fuera un formato más cómodo de manejar para productores y distribuidores, pues no se necesitarían máquinas para hacer las pastillas y el cristal ocupa menos espacio, lo que facilita enormemente su transporte. Sea como fuere, lo cierto es que la aparición del cristal supuso la aparición de nuevas formas de tomar éxtasis: mojando el dedo directamente en la bolsa (las “mojaítas”), las “bombitas”, o por vía nasal, solo o en combinación con otras drogas.

Por otra parte, aunque el mercado del éxtasis no sufre la adulteración que podemos encontrar en los mercados de otras drogas, como la cocaína, no es MDMA todo lo que se vende como éxtasis. De forma más concreta, las tasas de adulteración y el tipo de adulterantes empleados dependen de si estamos hablando de pastillas o de cristal. En todo el periodo estudiado, el porcentaje de pastillas adulteradas (43%) fue superior al de cristales adulterados (23%). Sin embargo, cuando observamos la evolución de la adulteración en todos esos años, se puede identificar un antes y un después claramente marcado por el año 2009. En ese año se produjo un desabastecimiento muy importante de éxtasis en el mercado europeo fruto de la acción represora sobre los precursores necesarios para elaborarlo (EMCDDA, 2010; UNODC, 2010). Ese desabastecimiento, como otros producidos en los mercados de drogas, trajo consecuencias que finalmente terminaron impactando en los consumidores. En concreto, estas consecuencias fueron la introducción en el mercado de nuevas sustancias (2C-B, mefedrona) y el aumento en las tasas de adulteración. Tal ha sido el cambio en el mercado que éste nunca volvió a ser igual. Véase como ejemplo el aumento a partir de 2009 en el número de adulterantes encontrado tanto en las pastillas como en el cristal (gráfico 2).

Otra importante conclusión del estudio es que los adulterantes empleados en el éxtasis son diferentes en función del formato de presentación. Así, para el caso de las pastillas, los adulterantes más encontrados fueron la metaclorofenilpiperazina (mCPP), la cafeína, la metoclopramida, el 2C-B y la anfetamina. En el cristal, los adulterantes más frecuentes fueron la cafeína, la fenacetina, la lidocaína, el paracetamol y el dextrometorfano. Sin embargo, no todos los adulterantes han tenido la misma presencia a lo largo de estos años sino que, como puede verse en el gráfico 3, parece que cada uno tuvo su momento a excepción de la cafeína, que casi siempre ha sido de las más detectadas. Como puede apreciarse, el año 2009 fue especialmente significativo en términos de adulteración, tanto en las pastillas como en el cristal.

De especial importancia son varios hechos acontecidos en los últimos años y que también han sido detectados por el Servicio de Análisis. Por una parte, tal y como ha sido señalado por el Observatorio Europeo para las Drogas y las Toxicomanías (EMCDDA, 2016), el contenido en MDMA de los comprimidos ha experimentado un aumento significativo en los últimos años. Posiblemente a raíz de una competencia entre distribuidores, el contenido medio de las pastillas analizadas pasó de estar entre los 50-80 miligramos en la primera década de este siglo a los 113,5 miligramos observados en 2014, detectándose incluso una pastilla con 310 miligramos que, tomada de golpe, era capaz de producir un buen susto, que no buen rollo, a más de uno y una.

El segundo aspecto que queremos señalar es la creciente adulteración, no sólo del éxtasis, empleando para ello nuevas sustancias psicoactivas. Estas sustancias, de efectos parecidos al éxtasis, suelen tener rangos de dosificación distintos a la MDMA y, tomadas pensando que se trata de esta última, pueden dar lugar a algunos problemas. En concreto, las sustancias más detectadas como sustitutas del éxtasis fueron algunas fenetilaminas pertenecientes a la serie 2C- como el 2C-B, 2C-E y 2C-I, y algunas catinonas sintéticas como la metilona, la etilona, la 4-BMC o la α-PVP. También se detectó una tímida introducción de la metanfetamina en el mercado de las drogas recreativas de España empleando los canales de distribución del éxtasis pero que tuvo poco éxito entre los consumidores, probablemente debido a que, tomada a las dosis de la MDMA, producía unos efectos demasiado fuertes e incluso arriesgados para la salud.

Posteriormente al periodo estudiado en el artículo, hemos seguido encontrando aspectos reseñables en el mercado de la MDMA. Las pastillas continúan vendiéndose con dosis tan elevadas de MDMA que las pueden hacer peligrosas para muchas personas. De hecho, en ocasiones parece que los distribuidores venden dos pastillas en una por lo que el consejo básico de reducción de riesgos debe ser siempre evitar el consumo de pastillas enteras sino dividirlas en fracciones (medias o cuartos, según lo fuertes que se deseen los efectos). El segundo hecho a destacar ha sido la venta de parametoximetanfetamina (PMMA) como si fuera MDMA. La hipótesis más aceptada es aquella que plantea que los productores emplearon para hacer el éxtasis una sustancia llamada 4-metoxi-BMK en lugar de otra llamada PMK. La razón de ello descansa en la presión represora sobre el tráfico de los precursores necesarios para la elaboración de drogas ilegales que ha llevado a los productores a utilizar nuevos productos o nuevas rutas de síntesis. Sea como fuere, lo cierto es que la PMMA ha creado una alerta mundial debido a las numerosas intoxicaciones fatales y no fatales que ha producido.

Una cosa es clara: el mercado del éxtasis ha cambiado. De las clásicas pastillas de colores hemos pasado a la convivencia entre dos formatos para una misma sustancia y a una creciente adulteración de ambas. Tal y como reconocen los organismos internacionales, el mercado del éxtasis parece volver a experimentar un resurgimiento en la escena de los consumos recreativos de drogas y, por tanto, tendremos que seguir trabajando para conocerlo con la mayor profundidad posible.

REFERENCIAS

European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction (2010). Annual Report 2010. Luxembourg: Publications Office of the European Union.

European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction (2016). Recent changes in Europe’s MDMA/ecstasy market. EMCDDA Rapid Communication. Luxembourg: Publications Office of the European Union.

Trans European Drug Information (TEDI) (2014). TEDI Trend Report, 2014.

United Nations Office on Drugs Crime (2010). World Drug Report 2010. Vienna: United Nations Office on Drugs and Crime.

Vidal Giné, C., Ventura Vilamala, M., Fornís Espinosa, I., Gil Lladanosa, C., Calzada Álvarez, N., Fitó Fruitós, A., … de la Torre Fornell, R. (2016). Crystals and tablets in the Spanish ecstasy market 2000-2014: Are they the same or different in terms of purity and adulteration? Forensic Science International, 263, 164–168.